Financiación autonómica: Montilla persiste en su chantaje insolidario

¿Qué hay de lo mí­o... aunque haya crisis?

En plena crisis, las reivindicaciones insolidarias se vuelven incluso más insoportables que antes.

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21-04-2009
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Las castas locales no parecen reparar en la situación de crisis para moderar su voracidad por comerse un bocado mayor del presupuesto público. Y Montilla se lleva la palma de la insolidaridad. Ante la visita de Manuel Chaves -nombrado vicepresidente territorial- la Generalitat catalana exigió la satisfacción de todas las reivindicaciones del nuevo estatut, amenazando incluso con retirar el apoyo al gobierno de Zapatero. En plena crisis, las reivindicaciones insolidarias se vuelven incluso más insoportables que antes.
 (EFE)
(EFE)
Las castas locales no parecen reparar en la situación de crisis para moderar su voracidad por comerse un bocado mayor del presupuesto público. Y Montilla se lleva la palma de la insolidaridad. Ante la visita de Manuel Chaves -nombrado vicepresidente territorial- la Generalitat catalana exigió la satisfacción de todas las reivindicaciones del nuevo estatut, amenazando incluso con retirar el apoyo al gobierno de Zapatero. En plena crisis, las reivindicaciones insolidarias se vuelven incluso más insoportables que antes.






Zapatero ha nombrado a Manuel Chaves -creando para él el nuevo cargo de “vicepresidente territorial”- como una especie de “embajador plenipotenciario” para intentar encajar el imposible sudoku de la financiación autonómica.
Chaves pertenece a esas castas autonómicas que viven de arrebatar presupuestos y competencias al gobierno central, y conoce “las reglas de la partida”.
Zapatero abrió el melón de la nueva financiación autonómica, y todas las burguesías locales se lanzaron al ruedo en una indignante pelea taifal por quedarse con la mayor parte del botín.
Ahora, estallada la crisis y empeñado un tercio del PIB en los planes de rescate de los grandes bancos, el gobierno tiene serias dificultades para satisfacer los compromisos con las autonomías.
Y éstas, en su papel de nuevos reyezuelos de taifas, no están dispuestas a renunciar a su parte de los tributos.
Ante la visita a Cataluña de Chaves, Montilla desenvainó su cimitarra insolidaria para dejar claro que no van a perdonar un solo euro.
En presidente catalán tuvo la desfachatez de exigir “una reforma en profundidad del modelo de financiación para que no se penalice en exceso a las comunidades ricas”.
¿Pero no consiste en eso la solidaridad, en que los más ricos sean penalizados como mecanismo de igualdad? ¿Acaso Montilla defiende que la burguesía catalana debe recibir del Estado lo mismo que los trabajadores andaluces?
No contento con esto, el vicepresidente catalán, Miquel Iceta, aseguró que “con el atasco en el desarrollo del estatuto se pone en riesgo la estabilidad de dos gobiernos, uno que no tiene mayoría parlamentaria, el de España, y el de Cataluña, que se ha comprometido a tener unos determinados resultados". Iceta se erigía así en una suerte de portavoz de ERC e ICV, que exigen a Zapatero el cumplimiento de sus promesas para apoyar al PSOE. Por si estas palabras no fueran suficientemente reveladoras, Iceta no dudó en recordar la amenaza que el PSC lanzó en otoño y que hablaba de "cambiar las relaciones" con el PSOE si el Gobierno evidenciaba que no quería cumplir el Estatuto.
En el más puro estilo mafioso, Montilla no tiene reparos en utilizar la debilidad política de Zapatero para chantajear al gobierno central e intentar arrancarle más prebendas.
¿Hasta cuándo vamos a tener que soportar a estos caciques autonómicos, que devoran para el mantenimiento de sus cortijos particulares un presupuesto que debería dedicarse a financiar un plan de choque contra la crisis?
 
 
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