Selección de prensa nacional

Tiemblan las castas regionales

Serí­a un error no contar con los órganos rectores de las cajas. No merecen que se haga una reforma contra la voluntad de sus asambleas, que hasta ahora han provocado pocos quebraderos de cabeza

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21-04-2009
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Un aspecto poco resaltado hasta ahora sobre la crisis del sistema financiero español, que se abate con especial intensidad sobre las Cajas de Ahorro, es la merma que puede llegar a suponer para algunas burguesí­as burocráticas regionales o locales. A o largo de más de dos décadas, las Cajas de ahorro han sido el puntal financiero sobre el que se ha asentado gran parte de la expansión de su poder polí­tico y social.
 Tiemblan las castas regionales
Un aspecto poco resaltado hasta ahora sobre la crisis del sistema financiero español, que se abate con especial intensidad sobre las Cajas de Ahorro, es la merma que puede llegar a suponer para algunas burguesí­as burocráticas regionales o locales. A o largo de más de dos décadas, las Cajas de ahorro han sido el puntal financiero sobre el que se ha asentado gran parte de la expansión de su poder polí­tico y social.

Si en tiempos de la Restauración o durante todo el franquismo, las cajas, con una dimensión infinitamente menor que la que poseen en la actualidad, fueron el sustento del caciquismo rural y las oligarquías locales y urbanas, la llegada del régimen autonómico, combinado con la expansión del sistema crediticio de la última década, ha dado origen a una fusión de intereses locales cuyos dos máximos vértices de expresión son, de un lado, el poder político adquirido por las nuevas burguesías burocrático-administrativas dotadas cada vez de mayores competencias y, del otro, las cajas de ahorro locales o regionales, dotadas de un sustancial poder económico y en las que aquellas han tomado el control, si no exclusivo, sí mayoritario.
 
El caso de Caja Castilla-La Mancha, la primera y por ahora única entidad financiera intervenida por el Banco de España, es paradigmático a este respecto. En correspondencia con la incontestable hegemonía política del PSOE regional durante más de décadas, el poder y la dirección de la caja regional ha estado en sus manos, dirigiéndola de acuerdo con los intereses de su proyecto y de las amistades y afinidades que ese proyecto pudiera levantar entre las “fuerza vivas” de la región. La capacidad financiera de las cajas en manos de esta nueva casta burocrático-política regional les ha dado, allí donde miremos, un poder inimaginable años atrás. Y esto ocurre con independencia de la región de la que hablemos o del partido que lo hagamos.
 
Pues bien, gran parte de las dificultades de reformar la ley de las cajas o de arbitrar soluciones a sus problemas de solvencia provienen precisamente de esta cuestión. Ninguna burguesía burocrática regional o local está dispuesta a abandonar o ceder gratuitamente el formidable poder de control que le otorga su dominio sobre ellas. Esa es justamente la reivindicación que hoy levanta en su editorial El Periódico, portavoz por excelencia de uno de los sectores más avezados de estos nuevos poderes regionales, el PSC catalán. Al diario le preocupa el dato conocido esta semana sobre el imparable aumento de la morosidad en los préstamos concedidos por las cajas. Lo que va a obligar a encender las luces rojas de alarma en algunas (o muchas) de ellas. Pero lo que le preocupa todavía más es que en la inevitable reforma que ha de seguirse, no se cuente con “los órganos rectores de las cajas”, es decir, con la más amplia representación de cada una de las burguesías burocráticas regionales.
 
 
 
 
 
 
Editorial. El Periódico
LA REGULACIÓN DE LAS CAJAS DE AHORRO
 
Esta vez no se va a cumplir con la máxima de Ignacio de Loyola de que en tiempo de tribulación no debe hacerse mudanza. En el caso de las cajas de ahorros, pilar básico del sistema financiero español, dos hechos circunstanciales han distorsionado el que debía ser un proceso sereno y transparente. La intervención de la Caja de Castilla-La Mancha a instancias del Banco de España, tras una constatación fehaciente de su mala contabilidad, y la pugna política --con no pocos golpes bajos dentro del mismo PP-- en la Caja de Madrid están enviando una señal errónea y que debe disiparse cuanto antes. No hay ninguna constancia de que las cajas de ahorro españolas estén sumidas en peores dificultades que el conjunto del sistema financiero occidental, ni es la única solución la privatización o la integración de cajas de distintas autonomías para rebajar el peso de los políticos locales.

Hay que recuperar el núcleo del problema. La semana pasada se difundió un dato preocupante: la morosidad de los créditos concedidos por las cajas ha remontado hasta el 4,85%. Ello obliga a reforzar el capital de las cajas, una operación compleja en comparación con la emisión de acciones de los bancos. La solución propuesta casi siempre es la emisión de cuotas participativas --que podrían comprar bancos o las cajas más saneadas--. Esos títulos no dan derecho a participar en la gestión de la entidad. Hay propuestas (Banco de España) para cambiar la ley y que quien compre esas emisiones pueda estar presente en los órganos rectores de las cajas. Se opone parte de la patronal de las cajas y los sindicatos porque ven en ello un proceso de privatización.

Pero el sector necesita reforzar su solvencia y propone que sea el Gobierno el que cree un fondo que sirviera de aval para que las cajas que lo necesiten puedan emitir títulos. Que ese fondo sea para todos sin discriminación (manguerazo) o solo para quienes realmente lo necesiten, y sin generar ventajas competitivas, debe resolverse cuanto antes, pues lo que más daña a todo el sector es la indefinición. Gobierno, Banco de España y grupos parlamentarios han de solventar cuanto antes qué modelo hay que seguir. Pero sería un error no contar, en primer lugar, con los órganos rectores de las cajas. No merecen que se haga una reforma contra la voluntad de sus asambleas, que hasta ahora han provocado pocos quebraderos de cabeza si se compara con otros sectores.
EL PERIÓDICO. 21-4-2009
 
 
 
 
Opinión. La Vanguardia
AVISO PARA CHAVES
 
RODEADO de gran expectación, el vicepresidente tercero del Gobierno, Manuel Chaves, llegará hoy a Barcelona para mantener un encuentro con el presidente de la Generalitat, José Montilla. El PSC ha preparado el recibimiento a conciencia: o hay dinero o habrá inestabilidad en el Gobierno de Madrid, han proclamado sus portavoces, sin duda, en un intento de mirar de cerrar el tema de la financiación autonómica. Curiosa paradoja de la política hispana: el presidente de la Generalitat tiene como interlocutor del tema autonómico a quien sí se le abrieron las arcas del Estado para solucionar la llamada deuda histórica andaluza, algo que como todo el mundo sabe no es otra cosa que seguir dando dinero al sur de España mientras muchas autonomías del norte y el centro, excepto el País Vasco y Navarra, pasan enormes apuros económicos. Pero volvamos al encuentro de hoy.
 
¿Qué se espera de Chaves? Lo lógico sería que el vicepresidente viniera con la lección bien aprendida sobre lo que se puede y no se puede hacer, ya que siguen siendo socialistas los que dirigen la política española. Es verdad que él es nuevo en esta plaza y que sólo lleva unas pocas semanas como ministro. Pero no parece que Catalunya pueda esperar mucho más cuando el Estatut regulaba que el acuerdo de financiación se tenía que haber resuelto el pasado mes de agosto. Es verdad que hay crisis económica, eso nadie lo duda, pero parece un error por parte del Gobierno dar largas a todos y al mismo tiempo. Además, la estabilidad parlamentaria parece que cada semana aprieta más y el PSOE deberá ir trenzando acuerdos con unos o con otros. Quedarse al aire libre no parece la mejor decisión.
LA VANGUARDIA. 21-4-2009
 
 
 
Editorial. El Correo
GRAVE DETERIORO
 
La encuesta de la Población en Relación con la Actividad (PRA) correspondiente al primer trimestre del año confirma el implacable declive de la economía vasca a través de su faceta más sensible, el empleo. Por encima de los valores absolutos de paro, que todavía son comparativamente razonables (una tasa del 7,7% frente al 7,9% de la UE o el 15,5% de España), el dato más preocupante es el alto ritmo de deterioro de la ocupación, en proporciones desconocidas en el cuarto de siglo que se lleva realizando la estadística. Y máxime cuando la PRA muestra la mayor destrucción de empleo en los últimos veinte años, con el agravante de estar seriamente afectado el corazón de la economía vasca, el sector industrial.
 
Es evidente que el Gobierno de Ibarretxe se equivocó al pronosticar un abrigo frente a la crisis para Euskadi. Una previsión oficial excesivamente optimista, con un innegable componente electoral, que ha sido desbordada por la realidad. En los noventa primeros días de 2009 el paro ya ha rebasado en más de dos puntos y medio el cálculo revisado del Ejecutivo de Ibarretxe para todo el año. Y, en el mismo periodo, se ha doblado la caída de la ocupación con respecto a los vaticinios oficiales. La economía vasca, aunque con retraso por su singularidad estructural y su ubicación en el ciclo productivo, transita por la misma senda de crisis que el resto de las occidentales, sin que exista ningún indicio que anuncie una mejoría en los próximos meses. Ésta será la dura herencia que recogerá el Ejecutivo de Patxi López. Y es tal la gravedad de la situación que no sólo debe convertirse en la prioridad de su acción de gobierno, sino que interpela a todas las formaciones políticas y, en especial, a la que ha ostentado el poder en las tres últimas décadas, para que asuman la recuperación económica y la lucha contra el desempleo como una responsabilidad de país.
 
En estas circunstancias, el diálogo social es una necesidad imperiosa e ineludible. Por ello, las declaraciones del secretario general de ELA, y de otros líderes sindicales nacionalistas, negando su participación, es una actitud negativa y reprobable que se agrava con el anuncio de una huelga general cuya inoportunidad es manifiesta y su justificación, inexplicable. El problema del empleo sólo se puede solucionar con el esfuerzo conjunto de todos los agentes sociales, huyendo de posturas egoístas y de posiciones previas maximalistas e inconciliables con una realidad acuciante.
EL CORREO. 21-4-2009
 
 
 
 
Editorial. ABC
OBAMA Y LA OTRA AMÉRICA
 
COMO era de esperar, la Cumbre de las Américas que acaba de celebrarse en Puerto España parece marcar un cambio de ritmo en las relaciones continentales. La presencia del nuevo presidente norteamericano ha surtido el mismo efecto abrumador que en todos los foros internacionales donde ha participado hasta ahora, aunque con las características particulares de las relaciones históricas entre Estados Unidos y los demás países americanos. El discurso de Obama ha sido una expresión candorosa de buena voluntad, inédito hasta ahora en este contexto, aunque similar al que ha dirigido a todos los frentes abiertos de la democracia norteamericana. Tanta imagen de familiaridad con dirigentes que hasta apenas unas horas antes basaban todos sus discursos en los improperios contra Washington, tenía que suscitar forzosamente algún interrogante, porque ponerse al mismo nivel -ya sea simbólicamente- que aquellos que pretenden acabar con la democracia y las libertades en sus países, no les hace a ellos mejores ni más presentables, sino más bien todo lo contrario. No hay más que ver la lectura que ha hecho el caudillo Hugo Chávez de lo que él considera «una victoria histórica y sin precedentes» de sus posiciones, para darse cuenta de cómo se interpretan los gestos apaciguadores de la Casa Blanca.
 
Ha sido muy revelador que el centro de la discusión se haya escenificado en torno al conocido manual «Las venas abiertas de América Latina», que con toda justicia permanecía semiolvidado en los almacenes editoriales. Las tesis de Eduardo Galeano pertenecen a otra época y, en todo caso, a una época cuya extinción estaría claramente representada por la elección de Barack Obama en lo que respecta a Estados Unidos, mientras que, por lo que se ve en el discurso de Chávez y sus satélites, los populistas iberoamericanos siguen empeñados en retroceder hacia el pasado.
 
Pero si en algo puede ser útil esa reflexión es en hacer pensar a los dirigentes iberoamericanos que no pueden seguir culpando eternamente a Estados Unidos de problemas de los que son responsables, ni seguir basando su discurso en el antinorteamericanismo. Y en este caso, la posición de Obama ha sido impecable, cuando ha dicho que después de los discursos deben venir los hechos, especialmente en el caso de Cuba; es decir, gestos concretos de apertura democrática, liberación de presos políticos y libertad de expresión para sus ciudadanos.
ABC. 21-4-2009
 
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