El Observatorio

Diplomacia de la imagen

¿Cuál es el verdadero valor de la presencia española en los foros internacionales? Estar, sí­, pero ¿para qué?

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20-04-2009
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¿Qué hace España en los foros internacionales? ¿Tuvo algún contenido y valor la tan deseada presencia de Zapatero en el G-20 de Londres? ¿Y la anhelada foto con Obama? ¿Y la asistencia del presidente a la cumbre de la Alianza de Civilizaciones? ¿Estamos ante una diplomacia activa y que añade, por tanto, valor al paí­s, o ante una diplomacia de la imagen, que sólo busca conseguir fotos relevantes para dar la sensación de que se es muy importante, aunque en realidad la presencia es siempre puramente testimonial? ¿Qué hace España en los foros internacionales? ¿Tuvo algún contenido y valor la tan deseada presencia de Zapatero en el G-20 de Londres? ¿Y la anhelada foto con Obama? ¿Y la asistencia del presidente a la cumbre de la Alianza de Civilizaciones? ¿Estamos ante una diplomacia activa y que añade, por tanto, valor al paí­s, o ante una diplomacia de la imagen, que sólo busca conseguir fotos relevantes para dar la sensación de que se es muy importante, aunque en realidad la presencia es siempre puramente testimonial?
Mi reflexión de hoy nace a consecuencia de la crónica publicada en Alemania por tres periodistas del semanario "Spiegel", que subrepticiamente consiguieron acceder a una sala desde la que se veían y escuchaban las deliberaciones del G-20. Los periodistas alemanes no recuerdan que Zapatero interviniera en ningún momento en los debates, ni siquiera cuando se produjo la "vibrante" discusión entre Sarkozy y Brown en torno a si publicar o no la lista de los paraísos fiscales, un tema sobre el que luego, en rueda de prensa posterior, el presidente del gobierno español sacaría pecho como si fuera casi un logro personal.

Dejando de lado ahora lo que de trascendente o de farsa tuvo aquel "vibrante" debate de segundos espadas (y que sólo sirvió para aplazar durante un tiempo el verdadero debate: el planteado por China, sobre la sustitución del dólar como moneda de referencia y la consiguiente reforma del sistema monetario internacional), lo que sí me parece de relieve es la cuestión: ¿para qué tanta insistencia y tanto afán de acudir a las reuniones del G-20 para luego estar allí como un pasmarote, sin decir esta boca es mía? ¿Se trataba ante todo de "estar", porque el simple hecho de estar ya da "status", aunque no se diga ni se aporte nada? ¿O es que al estar invitado un poco de tapadillo se trataba de hacerse notar lo menos posible?

Lo más probable es que, como demostró en las "cumbres" sucesivas a la que asistió (la de la OTAN, la de la UE con EEUU, su propia "cumbre" con Obama, la de la Alianza de Civilizaciones en Turquía), la presencia del presidente del gobierno español fuera simplemente testimonial y con un contenido nulo para los intereses españoles. O incluso onerosas, como la "foto con Obama", que costó 9 millones de euros y un batallón español: lo que el gobierno se comprometió a enviar a Afganistán para reforzar la nueva escalada militar norteamericana en la región.

España, como muy oportunamente recordaba un informe reciente del Instituto Elcano, se quedó fuera de los debates de Bretton Woods (donde se fijaron las reglas financieras que han regido el mundo desde la posguerra hasta hoy) por razones históricas obvias (en España gobernaba Franco), pero hoy no existen motivos que justifiquen que "la octava economía del mundo" no participe activamente en la nueva configuración no sólo de las reglas financieras sino de la totalidad de la arquitectura política mundial, que ha entrado en una fase de remodelación completa. Por otro lado, sigue afirmando el informe, no se trata sólo de que ya no existan obstáculos insalvables para esa participación, sino que esa participación es absolutamente esencial, porque lo que está en juego con ella es si España desempeñará un cierto papel en el nuevo orden mundial o se verá reducida a la completa insignificancia, lo que tendrá inevitables consecuencias para su prosperidad y la de sus habitantes. Como mínimo, se puede decir que están en juego "nuestras lentejas", amén de muchas otras cuestiones.

¿Es la diplomacia de Zapatero de "estar" y "callar", o la de "estar" y "pagar", la que España necesita en estos momentos? ¿Basta con tener una colección de cromos sonrientes con los líderes mundiales para estar satisfechos de nuestra acreditada presencia internacional? La diplomacia de la imagen es la antesala de la completa insignificancia mundial.    
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