Venezuela y la corrupta oposición

La"revolución naranja" en Venezuela

Manuel Rosales participó activamente en el golpe de Estado de abril de 2002 contra el presidente Hugo Chávez. Firmó el decreto que disolvió todas las instituciones de la nación.

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20-04-2009
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El alcalde de la capital, Caracas, Antonio Ledezma, lanzó un llamamiento al golpe de Estado: "Hago un llamado a la Fuerza Armada Nacional a que tenga presente el concepto de la desobediencia". Anunció la creación de un "frente nacional" contra Hugo Chávez. El lí­der bolivariano es una "gran pesadilla" para los venezolanos, afirmó. No se dignó a explicar por qué los electores escogieron votar a favor de esa "gran pesadilla" catorce veces sobre quince desde 1998 cuando Chávez resultó electo por primera vez. El alcalde de la capital, Caracas, Antonio Ledezma, lanzó un llamamiento al golpe de Estado: "Hago un llamado a la Fuerza Armada Nacional a que tenga presente el concepto de la desobediencia". Anunció la creación de un "frente nacional" contra Hugo Chávez. El lí­der bolivariano es una "gran pesadilla" para los venezolanos, afirmó. No se dignó a explicar por qué los electores escogieron votar a favor de esa "gran pesadilla" catorce veces sobre quince desde 1998 cuando Chávez resultó electo por primera vez.
La oposición venezolana ha optado por la desestabilización. Lanzó un llamado a la "resistencia democrática" frente a las reformas administrativas, económicas y sociales del gobierno bolivariano. En efecto, la Asamblea Nacional decidió confiar la gestión de los puertos, aeropuertos y autopistas al gobierno central con el fin de contrarrestar los planes secesionistas de algunos gobernadores. Ahora pretenden agruparse entorno a lo que ellos llaman un "frente patriótico", frente a la "persecución" del gobierno de Hugo Chávez.

Manuel Rosales, principal lí­der de la oposición, candidato presidencial derrotado en el escrutinio de diciembre de 2006 y actualmente alcalde de la ciudad de Maracaibo, está en el punto de mira de la justicia venezolana. Es sospechoso de corrupción y de enriquecimiento ilegal durante su mandato como gobernador del Estado de Zulia entre 2002 y 2004. Confirmando las sospechas en su contra, en vez de presentarse ante la justicia y probar su inocencia, Rosales prefirió fugarse, acusando al mismo tiempo al presidente Chávez de ordenar su arresto.

La fiscal de la República Katiuska Plaza subrayó que Rosales fue incapaz de justificar la procedencia de los fondos que aumentaron sustancialmente el valor de su patrimonio personal. í‰ste, si es reconocido culpable, arriesga entre 3 y 10 años de prisión. Interrogado por la agencia de prensa estadounidense Associated Press, el abogado de Rosales, Álvaro Castillo, no quiso dar más detalles.

Rosales, cuyo juicio se transfirió a Caracas después de que se entrevistara con cuatro jueces del Estado de Zulia, es sospechoso, entre otras cosas, de donar más de 300 vehí­culos pertenecientes al Estado a familiares y amigos, de abrir empresas en Miami cuyos activos superan los 11 millones de dólares y de recibir sobornos por parte de la empresa alemana Siemens para la construcción del metro de Maracaibo. Esta multinacional reconoció que habí­a pagado ciertas sumas para conseguir el contrato, sin citar ningún nombre.

Omar Barboza, presidente del partido Un Nuevo Tiempo, al cual pertenece Rosales, confirmó la fuga del alcalde de Maracaibo, acusando al gobierno bolivariano de intentar eliminar a un adversario polí­tico. No obstante, omitió precisar que el enjuiciamiento de Rosales en 2009 en realidad no es más que la consecuencia de una investigación que se abrió en septiembre de 2004, es decir hace casi cinco años

Manuel Rosales participó activamente en el golpe de Estado de abril de 2002 contra el presidente Hugo Chávez. Firmó el decreto que disolvió todas las instituciones de la nación. Después, el Tribunal Supremo lo absolvió mediante un veredicto que levantó la indignación de la sociedad venezolana. El 3 de abril de 2009, la justicia condenó a tres comisarios y seis policí­as responsables de los asesinatos de manifestantes en abril de 2002. Fueron las primeras condenas de responsables de crí­menes perpetrados durante el golpe.

La denuncia que presentaron los abogados de Rosales ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos no fue admitida por dicha instancia, ilustrando así­ su desacuerdo con el intento de politizar un asunto de delincuencia común.


El 1 de abril de 2009, los servicios de inteligencia militar arrestaron al ex ministro de Defensa Raúl Isaí­as Baduel, general retirado y acérrimo detractor de Hugo Chávez. Se encuentra bajo sospecha de "sustracción de fondos" de la Fuerza Armada durante su mandato ministerial por importe de 14,5 millones de dólares. El general Ernesto Cedeño, fiscal general militar, señaló que existí­an "elementos de convicción suficientes" para enjuiciar a Baduel.

Al igual que Rosales, el general Baduel, en vez de responder a las acusaciones, arremetió contra Hugo Chávez, a quien acusó de ser responsable de su arresto. En realidad, Baduel fue llamado a comparecer cinco veces y no respondió a ninguna de las convocatorias. Por eso se le arrestó, enfatizó Cedeño.

Chávez rechazó categóricamente las alegaciones de la oposición.16 Las acusaciones de Rosales y Baduel contra el presidente son poco creí­bles por una sencilla razón. La justicia venezolana también lanzó una orden de arresto contra Carlos Giménez, antiguo gobernador partidario del presidente, destituido en junio de 2008 a causa de un asunto de corrupción.

La oposición venezolana está desempeñando un papel peligroso al negarse a reconocer a la vez la voluntad soberana del pueblo venezolano y la autoridad de Hugo Chávez. í‰ste es, sin lugar a dudas, el presidente que goza de la legitimidad democrática más importante de la historia de Venezuela y de América Latina. Al caer otra vez en los hierros del pasado y en la tentación golpista, la oposición aparece a los ojos del mundo como el principal obstáculo para la democracia.

Una oposición sistemáticamente derrotada en las urnas, que en ultima instancia se le ha venido abajo su plan de desestabilizar Venezuela através de balcanizar el paí­s aprovechando el manejo de la descentralización de el estado, importado el plan Colombia, sus paramilitares y narcotraficantes. Creando redes clientelares con los manejos de el erario público, importando mercenarios para el entrenamiento de sus policí­as locales y regionales. Que se han dedicado a amedrentar sino hacer desaparecer lí­deres sindicales, impidiendo el desarrollo de la reforma agraria a favor de los terratenientes, que en muchos de los casos son ellos mismos.

Una oposición financiada por la oligarquí­a y el imperialismo, que al contrario de lo que denuncian, se les ha permitido mantener sus negocios y medios de comunicación utilizados sistemáticamente para difamar y darle y subvertir la realidad.

Parece que no quieren perder el tiempo, ahora que suenan vientos de cambio, la cabeza del imperialismo y su " poder blando" no les va ha prestar el apoyo necesario desde la CIA y el entramado anticastrista. En un momento en que Washington, intenta limar las aristas más salvajes de el Plan Colombia y la herencia toxica de Bush, el llamamiento de la oposición a una especie de" revolución naranja" y la desobediencia militar, solo tienen eco en los sectores más reaccionarios del imperio.

Pero no seamos ingenuos el poder blando tampoco va ha desmontar de un plumazo sus redes y entramado en Venezuela y aprovechara cualquier ocasión para debilitar el gobierno de Hugo Chavez. Mantiene su doble discurso como con Cuba por un lado tiende la mano y por el otro no deja de hablar de "fomentar la democracia".

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