Literatura

Saber perder

Con su tercera novela, David Trueba consigue el Premio Nacional de la Crí­tica

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19-04-2009
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Actor, guionista y director de cine, con una meritoria y brillante ejecutoria, de la que son buena prueba pelí­culas como "La buena vida" o "Soldados de Salamina", o documentales como "La silla de Fernando" (dedicado a un Fernando Fernán Gómez por el que siente auténtica veneración), David Trueba tiene la ambición de conjugar su carrera cinematográfica con otra que, aunque en cierta forma discurre paralela, en realidad lo hace por unos raí­les muy distintos: la de novelista. Y, de momento, está sentando sólidas bases para conseguirlo: con su tercera novela, "Saber perder", Trueba logró el pasado sábado el Premio Nacional de la Crí­tica a la mejor novela publicada en España en 2008, otorgado por la Asociación Española de Crí­ticos Literarios. Actor, guionista y director de cine, con una meritoria y brillante ejecutoria, de la que son buena prueba pelí­culas como "La buena vida" o "Soldados de Salamina", o documentales como "La silla de Fernando" (dedicado a un Fernando Fernán Gómez por el que siente auténtica veneración), David Trueba tiene la ambición de conjugar su carrera cinematográfica con otra que, aunque en cierta forma discurre paralela, en realidad lo hace por unos raí­les muy distintos: la de novelista. Y, de momento, está sentando sólidas bases para conseguirlo: con su tercera novela, "Saber perder", Trueba logró el pasado sábado el Premio Nacional de la Crí­tica a la mejor novela publicada en España en 2008, otorgado por la Asociación Española de Crí­ticos Literarios.
Nacido en Madrid en 1969, benjamín de una familia que cuenta entre sus miembros al cineasta Fernando Trueba, David estudió periodismo en la Facultad de Ciencias de la Información y luego realizó estudios de guión en Estados Unidos. En 1991, Martín Lázaro le encargó el guión de "Amo tu cama rica", en 1996 saltó a la dirección con "La buena vida" y en 2002 consiguió un éxito notable con "Soldados de Salamina", la versión cinematográfica de la célebre novela de Javier Cercas sobre un episodio de la guerra civil española. David ha trabajado también como actor ("Airbag"), como letrista de canciones (para Rosa León, para Andrés Calamaro), como columnista de prensa (aún mantiene una columna semanal en un dominical) y como guionista y codirector de programas de televisión.

En 1995 publicó "Abierto toda la noche", su primera novela, una obra que queda perfectamente definida por el comentario que de ella hizo el semanario alemán "Der Spiegel": "una orgía de carcajadas". En 1999 publicó "Cuatro amigos", un libro que vive un idilio continuado con el público desde su edición, y que ha tenido una notable recepción entre los aficionados deportivos, máxime desde que se sabe que es el libro favorito de Fernando Torres: Trueba es un impenitente futbolero.

Con "Saber perder", publicada en 2008, la novelística de Trueba da "un salto cualitativo". Sin renunciar a sus señas de identidad previas (el humor, la ironía, la melancolía, los símiles deportivos), la novela gana espesor, densidad, arquitectura narrativa y peso literario. Un "peso" que acaba de ser confirmado por la asociación de críticos literarios al otorgarle un premio que tiene más que ningún otro un valor "estrictamente literario".

"Saber perder" conjuga e integra la historia de cuatro personajes. Una adolescente de 16 años, Silvia, que al empezar la novela celebra su extraño cumpleaños con un solo invitado, pero a la que un accidente fortuito la va a lanzar bruscamente a la madurez. Su padre, Lorenzo, un hombre separado que trata de superar el abandono de su mujer y el simultáneo fracaso laboral, es decir, un adulto al que el mundo se le vine encima. Un anciano, Leandro, el abuelo de Silvia, un profesor de piano, que vive sus últimos días, la época en la que todo se derrumba inevitablemente, sin posibilidad de nuevas "prórrogas". Y Ariel Burano, un joven jugador de fútbol que deja Buenos Aires para jugar en un equipo español, un "zurdo" superdotado al que sólo es cuestión de tiempo que los aficionados adoren y los estadios coreen su nombre. Con estos mimbres, Trueba va tejiendo los hilos de un relato que es una verdadera historia de "supervivientes", rica en matices y con momentos de poderoso impacto narrativo.

Trueba impone una mirada capaz de extraer humor y emoción de cada curva del camino y de cada meandro de una historia en la que, amén de abogar porque saquemos las pertinentes lecciones de cada fracaso y de cada derrota, el autor reivindica la "maravillosa aventura de vivir". 
 
 
 
 
 
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