El Observatorio

El corazón de América

Zapatero reprocha al PP habernos separado del "corazón de Europa", pero ¿no es él responsable de que no estemos en el corazón de América?

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19-04-2009
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El comité federal del PSOE abrió la campaña electoral de las próximas europeas con un duro ataque a la candidatura del PP. "Mayor Oreja -dijo Zapatero- alejó y ha mantenido a España separada del corazón de Europa". Al mismo tiempo que se producí­a esta fulminante denuncia, al otro lado del Atlántico, en la Cumbre de las Américas, los Estados Unidos de Obama escenificaban su propósito de volver a ocupar un lugar central en el "corazón de América", Brasil confirmaba que ya es una de las aurí­culas con las que late ese corazón y Venezuela y sus aliados lograron un pleno reconocimiento a la necesidad de que Cuba retorne a su lugar. España queda cada vez más lejos de ocupar cualquier lugar allí­ donde están sus verdaderos intereses estratégicos. El comité federal del PSOE abrió la campaña electoral de las próximas europeas con un duro ataque a la candidatura del PP. "Mayor Oreja -dijo Zapatero- alejó y ha mantenido a España separada del corazón de Europa". Al mismo tiempo que se producí­a esta fulminante denuncia, al otro lado del Atlántico, en la Cumbre de las Américas, los Estados Unidos de Obama escenificaban su propósito de volver a ocupar un lugar central en el "corazón de América", Brasil confirmaba que ya es una de las aurí­culas con las que late ese corazón y Venezuela y sus aliados lograron un pleno reconocimiento a la necesidad de que Cuba retorne a su lugar. España queda cada vez más lejos de ocupar cualquier lugar allí­ donde están sus verdaderos intereses estratégicos.
Si Aznar, con su apoyo a Bush, abrió una tremenda fosa entre España e Hispanoamérica, Zapatero, con su exclusiva decisión de que España retornara "al corazón de Europa", ha ahondado en estos cinco años esa fosa hasta alcanzar las dimensiones de un océano insalvable. La inacción, la falta de compromiso, la bastarda fusión de "los intereses de España" con los intereses de cuatro o cinco grandes empresas (los bancos, la petrolera Repsol, Teléfónica, etc.) y el seguidismo con Washington (sobre todo en la política con Venezuela, Bolivia y Ecuador) han creado una situación en la que España ha pasado a jugar un papel tan inocuo e insignificante en la zona como Suecia u Holanda. Las famosas "cumbres iberoamericanas" han caído en el descrédito, limitándose a escenificar desacuerdos o encontronazos (como aquel tan desafortunado del "por qué no te callas"). Las inversiones españolas en la zona se han congelado. No ha nacido ni siquiera lo obvio: un mercado cultural hispano o iberoamericano que, con sus 450 millones de potenciales consumidores de productos en lengua española, sería el primero o el segundo mercado cultural del mundo. No hay un acuerdo de los 22 países de habla española para codirigir y expandir el Instituto Cervantes por todo el planeta, ahora que la lengua española es la segunda más demandada por los estudiantes en todo el mundo.
No hay un espacio común musical, ni cinematográfico, ni editorial. No hay una política educativa común para salir del atraso. No hay ni una comunidad científica ni una comunidad de investigadores común. Ni siquiera hay una comunidad de internautas común. España no lidera nada ni aspira a hacerlo, pese a que todas las condiciones están dadas para ello. Todas, claro, menos una: la existencia de unas élites políticas, económicas y culturales que tienen sus órbitas perfectamente diseñadas para girar en torno a dos astros: EEUU y Europa, unos en torno a uno, otros en torno al otro y algunos en torno a los dos.

La aparición al frente de EEUU de una línea "pragmática" dispuesta a renegociar la hegemonía sobre el continente con unos y con otros, con vistas a recuperar el liderazgo, sin tanto recurso a la fuerza como en el pasado, no es necesariamente una buena noticia para los intereses españoles en Iberoamerica. No quiero decir que era mejor la línea Bush o la política de la cañonera. Pero el riesgo actual de verse completamente desplazados crece y, por tanto, es absolutamente crucial que en este contexto, España haga los mayores esfuerzos políticos, económicos, diplomáticos, sociales y culturales para retornar al "corazón de América", un corazón en el que, a diferencia del europeo, donde nunca llegará a estar más que como comparsa, puede y debe estar "latiendo al unísono" con los países y pueblos hermanos de Iberoamérica. 
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