El Bloqueo a Cuba

¿El fin del Bloqueo a Cuba?

A diferencia de Berlí­n, esta vez tuvieron que derribar el muro desde el otro lado. Al derribarlo, quien lo hizo quedó expuesto como el responsable de sostenerlo.

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19-04-2009
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Cuba le propone normalizar las relaciones, sin demandar siquiera la devolución de Guantánamo -como serí­a absolutamente justo que ocurriera--, exigiendo como contrapartida que cada paí­s respete el tipo de sociedad del otro y haya intercambios recí­procos de igualdad y respeto.
 De su respuesta a Trinidad y Tobago dependerá la apertura de un nuevo perí­odo en las conturbadas, violentas y hasta aquí­ prepotentes relaciones de Estados Unidos con América latina.(EFE)
De su respuesta a Trinidad y Tobago dependerá la apertura de un nuevo perí­odo en las conturbadas, violentas y hasta aquí­ prepotentes relaciones de Estados Unidos con América latina.(EFE)
Cuba le propone normalizar las relaciones, sin demandar siquiera la devolución de Guantánamo -como serí­a absolutamente justo que ocurriera--, exigiendo como contrapartida que cada paí­s respete el tipo de sociedad del otro y haya intercambios recí­procos de igualdad y respeto.

Es absurdo poner la pelota del lado cubano. Lo que hizo Estados Unidos esta semana es muy poco. Obama quizá no conservó la hostilidad de su antecesor, pero el discurso sigue teniendo un tono duro. El gobierno estadounidense ni siquiera expresó un interés en iniciar un diálogo con Cuba y ahora espera un gesto de Cuba. Cuba no puso restricciones a los viajes de ciudadanos estadounidenses ni bloqueó el comercio con los Estados Unidos. Las sanciones en esta historia son de Estados Unidos contra Cuba, no al revés. Los cubanos, no aceptarán condiciones por tan poco; nunca lo hicieron por nadie y menos lo harán por Washington.

Cuba podrí­a hacer algunas declaraciones como para distender la situación, volver a decir que están dispuestos a dialogar con Estados Unidos. Pero los gestos que Obama está reclamando no son realistas.

Pasaron más de cuatro décadas y 10 presidentes estadounidenses, y Cuba sobrevivió y rompió de hecho el bloqueo, tanto en sus ví­nculos con otros paí­ses del continente -Costa Rica, finalmente, acabó restableciendo las relaciones-, como el propio intercambio en turismo, cultura y comercio que fue siendo repuesto. Cuba mantuvo su dignidad y su soberaní­a, para lo cual fue indispensable afectar profundamente intereses estadounidenses en el paí­s.

Cuba le propone normalizar las relaciones, sin demandar siquiera la devolución de Guantánamo -como serí­a absolutamente justo que ocurriera--, exigiendo como contrapartida que cada paí­s respete el tipo de sociedad del otro y haya intercambios recí­procos de igualdad y respeto.

De un lado Barack Obama extiende la mano en su intento por recuperar el componente moral del liderazgo de Estados Unidos en el mundo. Con el mismo discurso que usa para dirigirse a Rusia, a China o a Irán, admite que Estados Unidos se equivocó y mucho durante el gobierno de Bush en su enfoque para encarar sus problemas con esos paí­ses. Después menciona casi al pasar, sin entrar en detalles, que esos paí­ses también hicieron algunas cositas que en su momento podrí­an haber molestado a Estados Unidos, o herido la sensibilidad de su gente. Remata ofreciendo empezar de nuevo y resolver los problemas por medio de la negociación.

Del otro lado Fidel Castro, más vivo que nunca, intuye que la oferta es sincera pero toma resguardos. Celebra sin estridencias la caí­da del muro pero al mismo tiempo advierte que no está dispuesto a rifar la Revolución en una mesa de casino. Como lider del pueblo cubano no puede olvidarse de los complots, de los boicots, de Playa Girón. "¿Y qué pasa después de Obama?", se pregunta. Puede venir otro Bush, se contesta. Y lo publica en CubaDebate.

Castro lo entiende mejor que nadie.Publica tres reflexiones en un dí­a, el martes, para contestarle a Obama, que todaví­a ni siquiera habí­a hablado, sino a través de los anuncios que habí­an hecho sus portavoces. El triunfo consiste en que, a diferencia de Berlí­n, esta vez tuvieron que derribar el muro desde el otro lado. Al derribarlo, quien lo hizo quedó expuesto como el responsable de sostenerlo. Los peores estereotipos del imperialismo yanqui que sostienen el relato oficial cubano habí­an tomado forma durante el gobierno democráticamente electo, y dos veces, de George W. Bush. Ahora el paí­s de la tortura, las cárceles secretas y el capitalismo salvaje reconoce su error.

Es imposible dimensionar el impacto que tendrá, a partir de los anuncios de Obama, la llegada masiva a Cuba de personas, dinero y tecnologí­a en comunicaciones provenientes de Estados Unidos. Pero no será insignificante.

Cuando dos pueblos empiezan a interactuar, es más difí­cil estereotipar y demonizar al otro. Por eso da la sensación de que se ha echado a rodar un proceso irreversible que culminará, más tarde o más temprano, con la normalización de las relaciones bilaterales.

Por eso y por el contexto internacional. A partir de la formación frente antihegemonista latinoamericano, donde confluyen distintos procesos de integración regional, el bloque ha colocado la cuestión cubana al tope de su agenda de prioridades, casi como un acto fundacional de ejercicio de soberaní­a frente a los distintos bloques comerciales y polí­ticos que se van consolidando alrededor del mundo.

El problema para Barack Obama es que si quiere probar en los hechos que tiene una actitud distinta con América latina, tendrá que hacerlo poniéndole fin al bloqueo y normalizando las relaciones con Cuba. Por el carácter de Estados Unidos como sobreviviente de la Guerra Frí­a y de expresión más acabada de la prepotencia imperial en las relaciones con el continente, Obama no podrá quedarse únicamente en la flexibilización de la circulación de personas, enví­os de remesas y sostenimiento del comercio ya existente. Tendrá que avanzar en la concreción de reuniones directas con los dirigentes cubanos y el establecimiento de relaciones normales con la isla como el último gobierno de América que se resistió a ello.

De su respuesta a Trinidad y Tobago dependerá la apertura de un nuevo perí­odo en las conturbadas, violentas y hasta aquí­ prepotentes relaciones de Estados Unidos con América latina.

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