Lucha contra el narcotráfico

Obama y" la nueva sociedad de las Américas"

El crimen organizado y el narcotráfico, nuevo demonio que recorre las tierras latinoamericanas (ya pasaron de moda el comunismo o la teologí­a de la liberación) puede servir para mucho. Para generar planes como los Colombia, o Mérida, por ejem

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18-04-2009
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Diversos analistas polí­ticos y activistas del campo popular advierten que estos planes antinarcóticos se ubican en el contexto de criminalización de las luchas sociales de la región.
  El dinero fácil del narcotráfico alimenta estas fortunas de capos latinoamericanos –muy peliculeros por cierto–, pero también alimenta los paraí­sos fiscales, y en definitiva, los circuitos financieros internacionales, aquellos donde todo es limpio y se habla en inglés.(EFE)
El dinero fácil del narcotráfico alimenta estas fortunas de capos latinoamericanos –muy peliculeros por cierto–, pero también alimenta los paraí­sos fiscales, y en definitiva, los circuitos financieros internacionales, aquellos donde todo es limpio y se habla en inglés.(EFE)
Diversos analistas polí­ticos y activistas del campo popular advierten que estos planes antinarcóticos se ubican en el contexto de criminalización de las luchas sociales de la región.
Diversos analistas polí­ticos y activistas del campo popular advierten que estos planes antinarcóticos se ubican en el contexto de criminalización de las luchas sociales de la región. En ese sentido es denuncia que la Iniciativa Mérida reforzará las guerras de baja intensidad y los distintos planes de contrainsurgencia en la zona, al tiempo que es de esperarse un incremento en los abusos de las fuerzas policiacas y militares. Luchar contra este demonio, así­ como sucede en la lucha contra el "temible fundamentalismo musulmán", puede justificar todo.

La "nueva sociedad de las Américas" preconizada por el nuevo presidente de Estados Unidos, Barack Obama, no tiene mucho de novedosa: continúa con la dominación económica de siempre, tratados de libre comercio mediante, amparada en más y más sofisticadas operaciones militares, como la reactivación de la IV Flota o convenios de patrullaje conjunto con las fuerzas armadas de los distintos paí­ses de la región, siempre con los planes geoestratégicos de control continental -el Plan Colombia y ahora el Plan Mérida- como telón de fondo. El narcotráfico, en tal sentido, es la coartada perfecta.

Que las bandas de narcotraficantes existen, no hay dudas. Hay ya toda una cultura narco, avalada incluso por los tomados como simpáticos narcocorridos que narran las "valientes historias" de estos nuevos héroes populares. Un poco delincuentes, un poco espejo donde mirarse para los sectores más desposeí­dos, las mafias del narcotráfico se presentan como "los malos de la pelí­cula" en esta historia que se va tejiendo. El dinero fácil del narcotráfico alimenta estas fortunas de capos latinoamericanos -muy peliculeros por cierto-, pero también alimenta los paraí­sos fiscales, y en definitiva, los circuitos financieros internacionales, aquellos donde todo es limpio y se habla en inglés.

El crimen organizado y el narcotráfico, nuevo demonio que recorre las tierras latinoamericanas (ya pasaron de moda el comunismo o la teologí­a de la liberación) puede servir para mucho. Para generar planes como los Colombia, o Mérida, por ejemplo. No hay dudas que en estos momentos asistimos a una catarata mediática impresionante respecto a estos temas. La sensación que se transmite a diario por los medios de comunicación de México y Centroamérica -alimentada realmente por hechos concretos- es que las mafias del narcotráfico "tienen de rodillas a la población". Todo ello, igual que sucedió años atrás en Colombia, justifica perfectamente la implementación de planes antidrogas salvadores.

En ese sentido puede entenderse que la actual explosión de narcoactividad y crimen organizado es totalmente funcional a una estrategia de control regional, donde el mensaje mediático (la Guerra de Cuarta Generación, según llaman los estrategas del Pentágono) prepara las condiciones para posteriores intervenciones.

Diversos analistas polí­ticos y activistas del campo popular advierten que estos planes antinarcóticos se ubican en el contexto de criminalización de las luchas sociales de la región. La iniciativa Mérida reforzará las guerras de baja intensidad y los distintos planes de contrainsurgencia en la zona, al tiempo que es de esperarse un incremento en los abusos de las fuerzas policiacas y militares. Luchar contra este demonio, así­ como sucede en la lucha contra el "temible fundamentalismo musulmán", puede justificar todo.

Además del control de los recursos geostratégicos básicos para la lógica imperial (energí­a, agua dulce, biodiversidad), estos planes centrados en la lucha contra el narcotráfico permiten tener controlada militarmente las sociedades latinoamericanas. Esto hace recordar palabras de Henry Kissinger cuando opinó sobre los talibanes afganos financiados por su gobierno: "¿qué importa en definitiva un pequeño grupo de fundamentalistas como Al Qaeda si ello sirve para una derrota estratégica de la Unión Soviética?" Del mismo modo, en el contexto latinoamericano, podrí­a decirse: "¿qué importan unas cuantas bandas de narcotraficantes en México y Centroamérica si ello sirve para asegurarnos en el control en una zona que quiere levantar la cabeza?".

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