La detención del narco "don Mario"

La narcoherencia de Colombia

La negociación de los paramilitares cambió por completo la escenografí­a del bajo mundo en Colombia: hace tres años se desmovilizaron 33 estructuras, pero ahora se pueden contar más de 100 núcleos armados

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17-04-2009
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Don Mario habí­a participado en las desmovilizaciones y se consideraba un fundador del movimiento paramilitar, pero luego no quiso más posar de polí­tico y, tras fugarse de un centro de reclusión de desmovilizados en 2006, dejó claro que su interés era ser el rey de la coca. Don Mario habí­a participado en las desmovilizaciones y se consideraba un fundador del movimiento paramilitar, pero luego no quiso más posar de polí­tico y, tras fugarse de un centro de reclusión de desmovilizados en 2006, dejó claro que su interés era ser el rey de la coca.
En el Caribe, escondido bajo una palmera, fue capturado ayer el narco más buscado de Colombia, Daniel Rendón Herrera, alias Don Mario. Acusado de enviar más de cien toneladas de cocaí­na a Estados Unidos y ordenar unos tres mil homicidios en el último año y medio, cuando alcanzó su máxima expansión de sangre y coca en territorio colombiano, Don Mario fue trasladado a Bogotá al mediodí­a de ayer con las manos amarradas y en pijama. No ocultó su rostro ni su enojo, pero se mantuvo en silencio.

Los comandantes de policí­a y el ministro de Defensa, Juan Manuel Santos, en cambio, se desbordaron en palabras. Celebraban en conferencia de prensa el que, para ellos, serí­a el golpe más importante al narcotráfico en los últimos diez años.

Don Mario se convirtió en el capo más poderoso del paí­s tras heredar el imperio de terror que le dejaron, voluntariamente, algunos paramilitares que participan en un proceso de negociación con el gobierno de Uribe desde 2003 en las conocidas desmovilizaciones. Así­ lo hizo su hermano Fredy Rendón, alias El Alemán. De otros paras, como "Salvatore Mancuso" y "Cuco Vanoy", también desmovilizados, el nuevo rey de los narcos igualmente recibió narcoherencias. Pero otros, ambiciosos como él en el negocio de la coca, se negaron a dejarlas.

Don Mario habí­a participado en las desmovilizaciones y se consideraba un fundador del movimiento paramilitar, pero luego no quiso más posar de polí­tico y, tras fugarse de un centro de reclusión de desmovilizados en 2006, dejó claro que su interés era ser el rey de la coca. A partir de entonces el imperio de Don Mario fue ganado a la fuerza a punta de amenazas y masacres en una campaña de guerra que se extendió por todo el paí­s y que, especialmente, se instaló en ciudades como Medellí­n, donde el capo pelea el poder con alias Don Berna, extraditado a Estados Unidos, y sus herederos. A raí­z de esa disputa de mafiosos, en Medellí­n la tasa de homicidios se disparó: en los últimos diez dí­as 31 personas han sido asesinadas, y el panorama es similar en otras regiones de Antioquia, Magdalena, César y Córdoba.

Pero el tí­tulo del más buscado, Don Mario lo ganó, también, por quedarse con los cultivos de coca y las rutas de una parte de las guerrillas en el oriente del paí­s, con la ayuda de mandos medios y otros capos como alias Cuchillo, que sigue prófugo y hace parte, como Don Mario, de la lista roja de la Interpol, y de otros mafiosos asesinados o encarcelados como alias Los Mellizos, que operaban en todo el paí­s.

Hoy, sin embargo, el mayor poder y pie de fuerza del recién capturado está en el Noroccidente del paí­s. Fue allí­, en la costa del mar Caribe, sector de Urabá, donde lo alcanzaron los 350 policí­as que le seguí­an el rastro desde hace nueve meses. Estos se camuflaron en la región aprovechando la Semana Santa y la llegada de turistas a las playas de Necoclí­, el pequeño pueblo a 400 kilómetros de Medellí­n donde se escondí­a

Don Mario tras escapar triunfante de otros dos operativos similares. Esta vez la policí­a consiguió desarmar el poderoso anillo de seguridad del capo, conformado por más de 250 hombres, y llegó hasta la escolta personal, de unos cincuenta. Los desarmaron, capturaron a 23 y entraron en la guarida: unas tablas de madera acumuladas alrededor de una palma; en el medio, el capo agachado comiendo arroz con la mano, "virtualmente como un perro", según el ministro Santos.

"No hay lugar en Colombia, ni en el mundo, donde, por más poderosos que sean estos capos, se puedan esconder", dijo el ministro tras reconocer que alguien, que podrí­a llevarse dos millones de dólares de recompensa, entregó información privilegiada para poder agarrar al narco en esta quinta de Urabá, a donde los ejércitos paramilitares llegaron hace una década. Entonces, Don Mario era apenas un combatiente. Ahora espera noticias sobre una posible extradición a Estados Unidos. Santos, de todas formas, dejó claro que las estructuras narco fácilmente "se reciclan", como supo reciclarse Don Mario.

La negociación de los paramilitares cambió por completo la escenografí­a del bajo mundo en Colombia: hace tres años se desmovilizaron 33 estructuras, pero ahora se pueden contar más de 100 núcleos armados, agrupados bajo 21 nombres diferentes con influencia en 153 municipios.

Pero lo más peculiar de este nuevo fenómeno es que por lo menos en seis zonas del paí­s, las llamadas por el gobierno 'bacrim' (bandas criminales) han hecho alianzas con la guerrilla. Se va uniendo para crear una especie de Frankenstein, en donde ya poco importan las ideas insurgentes o las contrainsurgentes, se trata de sobrevivir y hacerse fuertes con el negocio de la droga.

Por ahora, es verdad. No hay hoy un personaje con la megalomaní­a de un Pablo Escobar que pretenda arrodillar al Estado y paralice, a punta de terror, a las ciudades; ni tampoco se ha llegado a una alianza de poderosos 'señores de la guerra', mitad capos mitad paras, que intenten suplantar el Estado y siembren el terror en los campos. Pero lo que sí­ se puede afirmar es que las bandas emergentes, y la manera como se han ido recomponiendo, son una señal de que mientras el narcotráfico exista, Colombia puede ser terreno propicio para el nacimiento de cualquier otra criatura perversa.

La colaboración de la DEA en la detención de "Don Mario", lleva ha hacer conjeturas sobre el rumbo que toma lo que algunos vaticinan como el "desmonte del Plan Colombia", generado por el cambio de rumbo que la administración Obama parece planear para Colombia.

Ese desmonte no significa acabar con el Plan Colombia, sino limar sus aspectos más salvajes, un distanciamiento con Uribe y su polí­tica paramilitar. Los paramilitares son los muñecos diabólicos creados por el Plan Colombia que ahora se vuelven incómodos ante la nueva administración del imperio.

Será casualidad o no que la llamada "detención de la década", se produzca ante la visita de Obama a Latinoamérica. En un momento que el imperio quiere reconducir su estrategia y relaciones en lo que para el imperio hasta ahora ha sido su patio trasero.

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