Alemania ante las elecciones de Septiembre

Se abre la batalla electoral en Alemania

. A cinco meses de las elecciones, los socialdemócratas tratan de pescar en las aguas electorales del este. Es allí­ donde más apoyos tiene la formación La Izquierda, heredera del partido único de la RDA.

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16-04-2009
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El presidente del Partido Socialdemócrata de Alemania (SPD), Franz Müntefering, se ha lanzado a la reconquista del este del paí­s con la propuesta de redactar una Constitución que sustituya a la actual Ley Fundamental (Grundgesetz), en vigor desde 1949. Müntefering recoge de esta forma, 20 años después de la caí­da del Muro, una vieja demanda de muchos ciudadanos procedentes de la antigua República Democrática Alemana (RDA). El presidente del Partido Socialdemócrata de Alemania (SPD), Franz Müntefering, se ha lanzado a la reconquista del este del paí­s con la propuesta de redactar una Constitución que sustituya a la actual Ley Fundamental (Grundgesetz), en vigor desde 1949. Müntefering recoge de esta forma, 20 años después de la caí­da del Muro, una vieja demanda de muchos ciudadanos procedentes de la antigua República Democrática Alemana (RDA).
Faltan seis meses hasta que los ciudadanos alemanes sean convocados a elegir un nuevo parlamento pero la Gran Coalición de la canciller Angela Merkel ya ha entrado en agoní­a. La bronca preelectoral entre los dos socios del Gobierno, cristianodemócratas y socialdemócratas, paraliza el trabajo del Ejecutivo en el momento en el que Alemania se enfrenta a la mayor crisis económica de la posguerra.

Cualquier tema de importancia es tratado como si el paí­s ya se encontrase en campaña electoral. El clima llegó a tal grado, que el socio regional de Merkel, la Unión Social Cristiana (CSU) de Baviera, pidió elecciones anticipadas. La canciller reaccionó con un rotundo «no». Sabe que para blindar su posición contra los barones regionales de su partido, que aspiran a su puesto, tiene que llegar hasta otoño. Merkel tiene en su contra al ala conservador de la CDU que no ha comprendido sus ataques al Papa y aquellos empresarios medianos que ven con desagrado que las ayudas multimillonarias son sólo para los grandes, pero no para ellos.

Hace dos semanas, y en ví­speras de una declaración de Gobierno de Merkel sobre la cumbre comunitaria, las dos principales estrellas del partido, Steinmeier y Müntefering, unieron sus voces para denunciar la «falta de liderazgo» de la canciller y denunciaron su «poca credibilidad» a la hora de negociar acuerdos internos. El origen de la declaración de guerra fue una decisión del grupo parlamentario democristiano, que le negó a la canciller y al SPD, por primera vez en la legislatura, su apoyo y votó en contra de un proyecto de ley negociado por el ministro del Trabajo y el jefe del gobierno de Renania del Norte Westfalia.

Aunque Merkel deseaba un compromiso con sus aliados socialdemócratas, su grupo parlamentario le negó el apoyo y provocó la guerra. En una delicada y peligrosa ecuación polí­tica, el jefe del grupo parlamentario democristiano, Volker Kauder, decidió rebelarse contra su jefa para evitar un nuevo compromiso con sus aliados.

El presidente del Partido Socialdemócrata de Alemania (SPD), Franz Müntefering, se ha lanzado a la reconquista del este del paí­s con la propuesta de redactar una Constitución que sustituya a la actual Ley Fundamental (Grundgesetz), en vigor desde 1949. Müntefering recoge de esta forma, 20 años después de la caí­da del Muro, una vieja demanda de muchos ciudadanos procedentes de la antigua República Democrática Alemana (RDA).
Se distancia así­ el SPD de su socio de coalición en el Gobierno, la Unión Demócrata Cristiana (CDU) de la canciller, Angela Merkel. A cinco meses de las elecciones, los socialdemócratas tratan de pescar en las aguas electorales del este. Es allí­ donde más apoyos tiene la formación La Izquierda, heredera del partido único de la RDA. Müntefering es el ariete electoral del SPD, que lidera junto al candidato a la cancillerí­a y actual ministro de Exteriores, Frank-Walter Steinmeier.

La propuesta desconcierta por cuanto no explica qué alteraciones necesita el texto de 1949. Ayer, Müntefering defendí­a en el diario de DortmundRuhr Nachrichten que "no se trata de reinventar la Ley Fundamental", sino de iniciar, en el 60º aniversario del texto que sustituyó al régimen nacionalsocialista, "un proceso que nos lleve a medio plazo hacia una nueva Constitución común, aceptada por los ciudadanos del este y por los del oeste".

En una entrevista en el dominical Bild am Sonntag, el presidente del SPD habí­a aludido al "escepticismo de los alemanes del este ante la Ley Fundamental". Escepticismo que "no se debe a su contenido", sino a que no es un texto redactado especí­ficamente para la unificación de las dos Alemanias en 1990.

La CDU ha rechazado de plano la propuesta de Müntefering que, dicen, provoca un "debate peligroso" porque sugiere que los alemanes del este tienen ahora menos derechos que los del oeste. Los liberales del FDP se opusieron como la CDU, mientras que Los Verdes mostraron su escepticismo. El diputado Dieter Dehm, de La Izquierda, aseguró, quizá para devolverle la sorpresa a Müntefering, que su partido "considera que la Ley Fundamental es una de las mejores Constituciones del mundo".

El rescate socialdemócrata de algunos de sus principios tradicionales para estas elecciones, como la introducción de un salario mí­nimo, el aumento de los impuestos a los ricos o la mejora de los subsidios sociales, causa cierta inquietud en La Izquierda. El hasta hace poco pujante partido, que resultó del reciente matrimonio entre ex comunistas del este y disidentes socialdemócratas de la órbita de Oskar Lafontaine en el oeste, parece haberse estancado en las encuestas.

La recesión económica que padece Alemania, las indecisiones de la canciller Angela Merkel para ofrecer soluciones rápidas y el marcado protagonismo que adquirió el ministro de Finanzas, el socialdemócrata Peer Steinbrück, en el manejo de la crisis, convencieron al jefe del SPD que habí­a llegado la hora de desempolvar los tambores de guerra e iniciar con seis meses de antelación una campaña electoral que se anuncia sangrienta.

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