El FMI al rescate de Polonia

El estallido social lo más temido

Los paí­ses de Europa Central y del Este, tras años de gran crecimiento impulsado por la inversión de la Europa occidental, se están encaminando hacia una recesión.

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15-04-2009
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En la actualidad la mayorí­a de bancos de la región -especialmente en los paí­ses ahora miembros de la Unión Europea- son propiedad de grandes grupos de Europa occidental, como el Raiffeisen Zentralbank o Erste Bank de Austria, el Swedbank sueco, Société Générale de Francia, Unicredit de Italia, KBC belga, Bayern Landesbank alemán y otros. En la actualidad la mayorí­a de bancos de la región -especialmente en los paí­ses ahora miembros de la Unión Europea- son propiedad de grandes grupos de Europa occidental, como el Raiffeisen Zentralbank o Erste Bank de Austria, el Swedbank sueco, Société Générale de Francia, Unicredit de Italia, KBC belga, Bayern Landesbank alemán y otros.
Polonia se convertirá pronto en el segundo paí­s que acude a la Lí­nea de Crédito Flexible del Fondo Monetario Internacional (FMI) en busca de liquidez para capear la crisis, después de México. El Gobierno pedirá al FMI 20.500 millones de dólares (unos 15.400 millones de euros) a devolver en un año, según anunció ayer su ministro de Economí­a, Jacek Rostowski.

"Esto servirá para aumentar las reservas de divisas en un tercio" afirmó Rostowski. "Protegerá al zloty de la descontrolada depreciación que ha sufrido durante los primeros dos meses del año", dijo. La moneda, que ayer experimentó una subida del 2,1% respecto al euro, ha caí­do un 22% en los últimos seis meses.

Los paí­ses de Europa Central y del Este, tras años de gran crecimiento impulsado por la inversión de la Europa occidental, se están encaminando hacia una recesión. Los bancos que proporcionaron buena parte del crédito en el periodo de auge, tocados ya por la crisis de liquidez surgida tras los sucesos de EEUU y en sus propios paí­ses, se enfrentan ahora a perspectivas de grandes pérdidas por los préstamos concedidos a la mitad Este del continente.

En Europa del Este, estos eventos se tradujeron en repatriaciones de capital, menores inversiones externas y primas de riesgo más elevadas. El enfriamiento de las economí­as desarrolladas y, finalmente, la llegada de la recesión en la segunda mitad del último año trajeron consigo una caí­da de las exportaciones de Europa del Este, que exacerbaron la caí­da. Las monedas de la región se hundieron.

En la actualidad la mayorí­a de bancos de la región -especialmente en los paí­ses ahora miembros de la Unión Europea- son propiedad de grandes grupos de Europa occidental, como el Raiffeisen Zentralbank o Erste Bank de Austria, el Swedbank sueco, Société Générale de Francia, Unicredit de Italia, KBC belga, Bayern Landesbank alemán y otros.

Tan sólo entre 2005 y 2008, el volumen de crédito extranjero absorbido por la región se triplicó. Todo este crédito generó abultados beneficios para los bancos occidentales presentes en la región y fue, en gran medida, responsable de las tasas de crecimiento medias del 6% del PIB real que Europa del Este experimentó durante los últimos 7-8 años. La vivienda, los coches, y otros bienes de consumo duradero estaban en auge.

Esto funcionó bien mientras el crecimiento era fuerte. Pero ahora las economí­as de Europa del Este se están hundiendo, el desempleo está subiendo, y la deuda acumulada en estos años pasados podrí­a no ser repagada.

La posibilidad de un impago de la deuda es real. Las monedas locales están cayendo rápidamente frente el euro, el dólar, y el franco suizo, haciendo más difí­cil para los individuos, compañí­as y gobiernos repagar su deuda denominada en monedas occidentales.

La ayuda del FMI como anuncian a bombo y platillo "sin condiciones", primero no es desinteresada, el hundimiento de las economí­as del este al borde de el "corralito financiero", sino ya están inmersos como los paí­ses bálticos y Ucrania. Producirian un nuevo hundimiento de la banca en la zona euro, que forzaria en el mejor de los casos a la nacionalización de gran parte de la banca.

Pero el gran problema que tanto la UE como el propio FMI temen más, es el estallido social inminente en muchos de estos paí­ses, con la agudización del paro, la pobreza. Harí­a visible e insoportable un abismo social, generado en epocas de bonanza, pero que con la agudización de las condiciones de vida del pueblo se hacen más visibles.

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