Los hijos de inmigrantes no llegan a la universidad

¿Por inmigrantes o por obreros?

Parece más bien que con los inmigrantes se reproduce la misma situación que con los españoles. Los niveles educativos que se alcanzan dependen de la clase social de los padres, de origen o de ahora.

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13-04-2009
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Los jóvenes de origen extranjero que viven en España apenas llegan a la universidad, suponí­an el 1,5% de alumnos el curso pasado. Eso sí­, excluyendo a los comunitarios. Y no parece que la cifra, en la que aún pueden influir las causas demográficas, ya que la inmigración en España es relativamente joven y el grueso de la segunda generación son niños y adolescentes, vaya a crecer en los próximos años. Abandonan los estudios después de acabar la educación obligatoria. ¿Se podrí­a hablar del peligro de una sociedad etnificada donde la población autóctona, blanca, española, ocupase las posiciones altas y dispusiese de mano de obra barata de distintos orí­genes? Parece más bien que con los inmigrantes se reproduce la misma situación que con los oriundos. Los niveles educativos que se alcanzan dependen de la clase social de los padres.
 (EFE)
(EFE)
Los jóvenes de origen extranjero que viven en España apenas llegan a la universidad, suponí­an el 1,5% de alumnos el curso pasado. Eso sí­, excluyendo a los comunitarios. Y no parece que la cifra, en la que aún pueden influir las causas demográficas, ya que la inmigración en España es relativamente joven y el grueso de la segunda generación son niños y adolescentes, vaya a crecer en los próximos años. Abandonan los estudios después de acabar la educación obligatoria. ¿Se podrí­a hablar del peligro de una sociedad etnificada donde la población autóctona, blanca, española, ocupase las posiciones altas y dispusiese de mano de obra barata de distintos orí­genes? Parece más bien que con los inmigrantes se reproduce la misma situación que con los oriundos. Los niveles educativos que se alcanzan dependen de la clase social de los padres.
El trabajo que aporta la cifra pretendía detectar las causas que llevan a seguir estudiando o a dejarlo. Se constató que la variable nacionalidad (ser español o extranjero) era relevante, pero también la formación de los padres (sobre todo de la madre, cuya tendencia general en todas las nacionalidades era que tuviera un perfil formativo claramente inferior al de su marido). Parece que la vieja consigna del movimiento estudiantil del periodo final del régimen franquista “el hijo del obrero a la universidad” vuelve a ser actual. La educación concebida como motor de cambio, de ascenso social para los hijos de los trabajadores. Las familias inmigrantes creen en el sistema educativo español, lo ven como una oportunidad y quieren que sus hijos estudien. Pero aunque un 53% de los casi 4.000 adolescentes inmigrantes encuestados en La segunda generación en Madrid aspiraba a cursar una carrera; sólo un 23% confiaba en lograrlo.
En Cataluña, de 1.148 alumnos en 4º de ESO, contestaron que sí el 86,6% de los de nacionalidad española y sólo el 68,4% de los extranjeros. Sin embargo, la propia investigación distinguía entre los estudiantes de origen rumano que tenían los índices más altos de continuidad en los estudios, y su contrario, los gambianos, sólo un 26,44% pasaba a 1º de Bachillerato. Lo mismo sucedía con los marroquíes que preferían los ciclos formativos de grado medio al bachillerato imprescindible para acceder a la universidad. También destacaba que los escasos alumnos chinos que optaron por seguir estudiando eligieron el Bachillerato. ¿No estaremos hablando en realidad de grupos inmigrantes donde la distinta nacionalidad esconde el distinto origen de clase y la diferente situación económica actual?
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