Conmemoración del fallido golpe de estado en Venezuela

Un golpe orquestado por la CIA

Desde una remota isla venezolana, La Orchila, el legí­timo presidente, Hugo Chávez, estaba preso e incomunicado

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13-04-2009
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Chávez remarcó que aquel 12 de abril el pueblo venezolano "se agolpó en todos los espacios, fue inmensa su voz y se convirtió en estruendo con las horas al rodear y tomar los centros del poder polí­tico y militar, poniendo en fuga a quienes siempre le han temido". Chávez remarcó que aquel 12 de abril el pueblo venezolano "se agolpó en todos los espacios, fue inmensa su voz y se convirtió en estruendo con las horas al rodear y tomar los centros del poder polí­tico y militar, poniendo en fuga a quienes siempre le han temido".
El pueblo de Venezuela conmemora este lunes siete años la vuelta del presidente Hugo Chávez a su cargo luego de un fallido golpe de Estado que impuso un Gobierno inconstitucional en ese paí­s, liderado por la derecha.

Desde tempranas horas se organizarán diferentes actos que recordarán el alzamiento de miles de ciudadanos que llenaron las calles de Caracas en abril de 2002, exigiendo la presencia del mandatario, que habí­a sido secuestrado y ocultado, para hacerles creer a los venezolanos y al mundo que habí­a renunciado.

"No podí­a ser más sagrado este domingo", aseveró el dignatario, y recordó como hace siete años el pueblo se organizaba, reagrupaba sus fuerzas, se lanzaba a la calle "a pesar de las balas de la Policí­a Metropolitana y los mercenarios extranjeros".

"No nos cansaremos de repetir la gran verdad de que aquí­ lo que hubo el 11 de abril, fue un cobarde golpe de Estado para dar al traste con el sistema de gobierno y la nueva República que nuestro pueblo se dio desde 1999", subrayó.

La ví­spera el ex ministro de Defensa venezolano Jorge Garcí­a Carneiro afirmó que la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos (CIA) desempeñó un rol importante durante el golpe de estado de abril contra el presidente Chávez.

Testigo y protagonista de la jornada cí­vico-militar del 2002, el alto mando de aquel entonces recordó que ese órgano del gobierno de Estados Unidos realizó estudios de personalidad dentro de las Fuerzas Armadas y logró captar a un grupo de oficiales para llevar a cabo el plan desestabilizador.

Muchos de los responsables de esos sucesos escaparon hacia el exterior, entre los cuales está el ex presidente de Fedecámaras, Pedro Carmona Estanga, quien se habí­a juramentado el mismo en esa ocasión como presidente, violando la Carta Magna y alertando al pueblo y las Fuerzas Armadas.

El 11 de Abril de 2002 en el paí­s suramericano reina el caos. Hugo Chávez, lí­der popular progresista habí­a renunciado a sólo cuatro años desde su elección, o al menos eso era lo que afirmaban los medios de comunicación privados y el alto mando militar.

En su última alocución, en cadena nacional unas horas antes, Chávez habí­a mandado a activar el Plan Ávila, un plan especial de las Fuerzas Armadas venezolanas cuando hay una conmoción interna que amenaza la estabilidad y seguridad nacional.

La cadena era transmitida a pantalla dividida por las emisoras privadas de alcance nacional, en un lado aparecí­a Chávez y en el otro, los disturbios en el centro de la ciudad capital. Esta acción fue totalmente ilegal, pues en Venezuela está prohibida la interrupción de una transmisión oficial. Ante esto, el gobernante ordena la salida del aire de los cuatro canales comprometidos con el golpe: Globovisión, Venevisión, Radio Caracas Televisión (RCTV) y Televen.

Pero con lo que no contaba el Gobierno era con el plan alterno de estos medios, que cinco minutos después retomaron su señal ví­a satélite, con una menor calidad.

Un dí­a más tarde, Pedro Carmona Estanga, hasta ese momento presidente de la patronal Federación de Cámaras Empresariales y Asociaciones de Comercio (Fedecamaras), se autojuramentó presidente de Venezuela, disolvió a todos los poderes constituidos, derogó la Constitución de 1999, 49 leyes habilitantes, se dio a sí­ mismo poderes supra constitucionales, suspendió los convenios de cooperación de Venezuela con Cuba y hasta le cambió el nombre al paí­s.

Algo estaba claro, en Venezuela estaba en proceso un Golpe de Estado. De las barriadas más humildes de Caracas y de otras ciudades como Maracay (centro norte), entre el pueblo sintió una corazonada, que después se transformarí­a en una manifestación callejera sin precedentes: Pedí­an el regreso de Chávez, elegido con la mayor votación de la historia electoral de Venezuela.

De parte del nuevo "gobierno de transición", como fue definido por sus creadores, Carmona daba declaraciones a la cadena de noticias estadounidense CNN, donde decí­a que en el paí­s todo estaba en completa calma y reinaba la normalidad.

Pese a que las cadenas nacionales, que en los dí­as anteriores bombardearon constantemente a los venezolanos con mensajes polí­ticos y que de pronto simplemente callaron, los venezolanos fueron descubriendo la verdad por las transmisiones de televisoras extrajeras en las cuales otras voces como la del fiscal general Isaí­as
Rodrí­guez o de la ex esposa de Chávez, Marisabel Rodrí­guez, denunciaban los planes golpistas y el secuestro de Chavez, quien estaba siendo torturado para obligarlo a dimitir.

Desde una remota isla venezolana, La Orchila, el legí­timo presidente, Hugo Chávez, estaba preso e incomunicado. Como después se comprobarí­a, a través de una nota de su puño y letra, no habí­a renunciado, pese a los pedidos de varios generales rebeldes y al anuncio del Alto Mando Militar.

"No he renunciado al poder legí­timo que el pueblo me dio", escribió Chávez en una rudimentaria nota en una base naval de Turiamo, al norte del paí­s, desde donde fue trasladado a La Orchila.

Meses más tarde, Chávez relatarí­a que los generales implicados en la conspiración lo amenazaron con bombardear el Palacio de Miraflores con aviones de guerra, tal y como lo hicieran los militares chilenos aquel 11 de septiembre de 1973, en el que murió el presidente socialista Salvador Allende.

De hecho, Fidel Castro, en el libro "Biografí­a a dos voces", confirmó que hablo con Chávez en ese momento por teléfono y confesó que incluso, los militares insurrectos habí­an ordenado a un pelotón en la isla La Orchila que fusilaran a Chávez, pero que se negaron y amenazaron con amotinarse.

"No te inmoles, Hugo; no hagas como Allende, que era un hombre solo; tú tienes una gran parte del Ejército, no dimitas, no renuncies", le aconsejó en esa oportunidad. "Chávez no sabe lo que está pasando en Caracas ni en el paí­s. Ya han intentado fusilarlo, pero el pelotón de soldados encargado de disparar se ha negado y ha amenazado con amotinarse. Muchos de los militares que custodian a Chávez están dispuestos a defenderlo y a evitar que lo asesinen", agregó el ex presidente cubano en el libro.

En cuestión de minutos, en pleno centro de Caracas, cercanos al palacio presidencial, 19 personas, murieron, casi todas con tiros fulminantes en la cabeza. Los caí­dos no fueron exclusivos de la oposición, pues en las inmediaciones de Miraflores, desde hací­a dí­as un grupo de afectos al gobierno de Chávez, se encontraban concentrados.

Esa misma tarde, efectivos de la Casa Militar (guardia presidencial) y de la Disip (policí­a polí­tica), arrestaban a siete presuntos francotiradores en el Hotel Ausonia, contiguo a la sede presidencial. El 12 de abril, al dí­a siguiente de consumado el golpe, los sospechosos fueron dejados en libertar, sin restricciones, por un juez temporal.

Aunque aún no se conoce a ciencia cierta la identidad de los tiradores, algunos medios de comunicación social publicaron versiones. . Se trata de cinco ciudadanos venezolanos, uno colombiano y otro estadounidense radicado en el paí­s, quienes abandonaron el paí­s a mediados de abril, pero son buscados por la Interpol en toda América Latina", relatarón.

La teorí­a de los francotiradores puestos por los golpistas cobró vida cuando el ex corresponsal de CNN en Venezuela para esa fecha, Otto Neustald, reveló meses después en un foro ante estudiantes de comunicación social en la venezolana ciudad Maracay, que él mismo habí­a grabado horas antes del que cayera el primer muerto un video, que transmitieron los medios en plena masacre, donde los altos mandos militares leí­an un comunicado donde ya se hablaba de muertos y se desconocí­a la autoridad del presidente.

Neustald afirmó que se filmaron varios ensayos antes de grabar el ví­deo definitivo, los cuales se grabaron "dos horas antes de producirse los primeros muertos". En estos ensayos el vicealmirante Héctor Ramí­rez Pérez afirma que "está masacrando a personas inocentes con francotiradores. Para este momento van seis muertos y decenas de heridos en Caracas".

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