Aberri Eguna, 2009

¿Pero no se dicen de izquierdas?

En un Aberri Eguna marcado por la crisis contra el pueblo trabajador, la "izquierda abertzale" sólo habla de su "patria vasca"

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12-04-2009
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En estos dí­as, que aún hoy, aparecen comunicados de ETA poniendo al nuevo gobierno de Patxi López como objetivo prioritario de sus cobardes balas de muerte, es difí­cil pensar que el nacionalismo no ha de dedicarse a otra cosa que despojarse de ese lastre que le persigue. En estos dí­as, que aún hoy, aparecen comunicados de ETA poniendo al nuevo gobierno de Patxi López como objetivo prioritario de sus cobardes balas de muerte, es difí­cil pensar que el nacionalismo no ha de dedicarse a otra cosa que despojarse de ese lastre que le persigue.
Pero resulta aún más difícil pensar en coincidir en algo con los nacionalistas, si se empeñan en hablar únicamente de la patria secuestrada, de su lucha contra el españolismo. De declararse la supuesta víctima de no se sabe muy bien que enemigo, identificado a veces hasta en cualquiera que no piense como ellos. Por no hablar a su vez de sus peleas políticas internas.
 
Un asiduo del Aberri Eguna declara en El País, “aquel 1978 en Navarra (…) será imposible pero es un hecho que existió, Ver a algunos socialistas compartir la calle junto a nacionalistas detrás de la pancarta del Estatuto de Autonomía ahora te hace frotar los ojos”.
 
Lógicamente. Si la “izquierda abertzale”, se empeña en mantener su apellido de izquierda,  resulta llamativo que en este su Aberri Eguna. Por mucha patria vasca que reivindiquen no sean capaces de adecuarse a la situación, y colocar el problema de la crisis como cuestión central. Y que no carguen sus reivindicaciones más allá del supuesto “frente español” sino contra la banca y sus principales representantes.
 
Todos los trabajadores afectados por ERE´s, parados, autónomos y pymes que cierran etc. Una crisis brutal, a la que se le aplica una receta en la que la gente se está llevando la peor parte.
 
El que este paisano recuerde el Aberri Eguna del 78 como un imposible, debe hacer reflexionar a este nacionalismo que tiene en sus filas a sus militantes más revolucionarios y de izquierdas en el camino disgregador y cada vez más soberanista que han cogido desde aquellos años. Unido a su ambigüedad ante el terrorismo cuando no complicidad directa.
 
Camino que hace imposible que despierte simpatías fuera de sus filas.
 
Esta reflexión es necesaria. El no darla les coloca objetivamente en organizaciones políticas burocrática que no aspiran a más que obtener una parte del pastel del Estado que se cede a Euskadi. Parte de pastel que ha engordado desde aquel 78 en que se aprobaba el Estatuto de Autonomía.
 
Quizá por ello, ni entre ellos se pueden unir, puesto que si el pastel cada vez se les hace más pequeño, (la mayoría alcanzada por los no nacionalistas minimiza la parte a repartir) cada vez tienen más que escamotear.
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