El Observatorio

Aberri Eguna

El nacionalismo celebra el dí­a de la "patria vasca" desde una perspectiva nueva: fuera del poder que ha monopolizado durante treinta años

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11-04-2009
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Durante muchos años el nacionalismo vasco, ingenuamente llamado por algunos "moderado", por contraposición al "radical" de los batasunos, jugó en el Paí­s Vasco a hacer, simultáneamente, de gobierno y de oposición. Por un lado, tení­a el poder de Ajuria Enea, el gobierno vasco, las diputaciones forales y una parte de los ayuntamientos. Pero, al mismo tiempo, no cesaba de actuar como un partido de oposición que movilizaba incesantemente a sus bases contra "Madrid". Así­ ocupaba un volumen polí­tico enorme, disparatado, anormal. Y ello produce la sensación de que su desalojo del poder es una tarea casi imposible. Consciente de ello, el PNV sigue amenazando con que nada cambiará. Ese es su mensaje para el Aberri Eguna, el dí­a de la "patria vasca", una festividad nacionalista en la que una vez más se apropian de Euskadi como si fuera sólo suyo. Durante muchos años el nacionalismo vasco, ingenuamente llamado por algunos "moderado", por contraposición al "radical" de los batasunos, jugó en el Paí­s Vasco a hacer, simultáneamente, de gobierno y de oposición. Por un lado, tení­a el poder de Ajuria Enea, el gobierno vasco, las diputaciones forales y una parte de los ayuntamientos. Pero, al mismo tiempo, no cesaba de actuar como un partido de oposición que movilizaba incesantemente a sus bases contra "Madrid". Así­ ocupaba un volumen polí­tico enorme, disparatado, anormal. Y ello produce la sensación de que su desalojo del poder es una tarea casi imposible. Consciente de ello, el PNV sigue amenazando con que nada cambiará. Ese es su mensaje para el Aberri Eguna, el dí­a de la "patria vasca", una festividad nacionalista en la que una vez más se apropian de Euskadi como si fuera sólo suyo.
En el acto de presentación del Aberri Eguna, el presidente de la agrupación vizcaína del PNV, Andoni Ortuzar, volvió a insistir en esa idea que los jelkides no han cesado de machacar desde que se hicieron conscientes de que su derrota en las urnas iba a significar su inevitable desalojo del poder: la idea de que todo lo que han hecho ellos en los últimos treinta años es intocable y de que, de una u otra forma, ellos van a seguir gobernando y dirigiendio la situación en Euskadi. "La patria vasca", dijo con la mayor elocuencia, "no admitirá retrocesos".

¿Qué significará para el PNV "retroceder"? Muy sencillo: la vuelta al Estatuto de Guernica. Desde que en 1998 el PNV firmó los acuerdos de Lizarra con ETA para "expulsar de la vida política vasca a socialistas y populares" y caminar juntos hacia la autodeterminación, los nacionalistas vascos decidieron comenzar a actuar como si el estatuto de automía hubiese dejado de tener validez y hubiera dejado de ser el marco jurídico y político legal del País Vasco. Independientemente de que fueran capaces o no de "imponer" otro marco (y lo intentaron varias veces con el famoso Plan Ibarretxe), los nacionalistas vascos comenzaron a actuar como si el estatuto no existiera, como si la legalidad no existiera, al menos en aquello que no les interesaba. Que Madrid pagara la Ertzaina, bien. El "cupo vasco", que contiene privilegios fiscales para la región más rica de España, bien. Pero en todo lo demás, el PNV actuaba a su antojo, imponiendo su propia ley y dejando libre su campo de acción particular a ETA y sus "chicos de la gasolina": en diez años, la Ertzaina no detuvo a ningún etarra, mientras el gobierno vasco donaba anualmente cientos de miles de euros al entramado mafioso-político-cultural de los abertzales.

Ese espíritu "forajido", esa costumbre y hábito de actuar fuera de la ley, de imponer su mera voluntad en cualquier momento y ante cualquier problema, de mantener a los no nacionalistas en la perpetua marginación y bajo la amenaza permanente del terror, de considerarse únicos y legítimos "amos" de Euskadi, a eso es a lo que los nacionalistas "moderados" llaman sin duda "los avances de la patria vasca". Eso es de lo que, según ellos, no se puede retroceder.

El nacionalismo "obligatorio" -como muy bien dice Savater-, la imposición lingüística, la discriminación étnica, las amenazas e insultos, los escoltas, la televisión batasuna... de eso, según ellos, es de lo que no se puede "retroceder". No se puede salir del círculo de la dominación nacionalista. No se puede salir de ese estado de cosas. Si no...

¿Si no, qué? ¿Qué pasaría si se "retrocede" al Estatuto de Gernika, a la Constitución, al respeto al marco legal, a poner fin a la "amenaza de muerte" diferida sobre los no nacionalistas? Pasaría esto: que en Euskadi se recuperaría la libertad. Una palabra que a los jelkides nacionalistas les produce sencillamente terror.    
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