Navarra. Abismo social

De crisis económica a social

La agudeza de la crisis provoca que multitud de familias se ven haciendo cola para conseguir algo de ropa para sus hijos.

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10-04-2009
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Editar Borrar /\ \/ La crisis y el aumento del paro conducen a muchas familias a tener que recurrir a ayudas sociales como el reparto de ropa usada y de alimentos. El ropero de la iglesia de San Miguel aglutina la tarea del reparto de ropa usada en Pamplona. Cada vez son más las personas que tienen que recurrir a estos servicios, no solo aumentando el número, ahora no se trata solo de gente de familias desestructuradas o marginales, la agudeza de la crisis provoca que multitud de familias que anteriormente no se les pasaba por la cabeza encontrarse en una situación así­, se ven haciendo cola para conseguir algo de ropa para sus hijos o para ellos mismos. Editar Borrar /\ \/ La crisis y el aumento del paro conducen a muchas familias a tener que recurrir a ayudas sociales como el reparto de ropa usada y de alimentos. El ropero de la iglesia de San Miguel aglutina la tarea del reparto de ropa usada en Pamplona. Cada vez son más las personas que tienen que recurrir a estos servicios, no solo aumentando el número, ahora no se trata solo de gente de familias desestructuradas o marginales, la agudeza de la crisis provoca que multitud de familias que anteriormente no se les pasaba por la cabeza encontrarse en una situación así­, se ven haciendo cola para conseguir algo de ropa para sus hijos o para ellos mismos.
Los voluntarios de este ropero ven el aumento de afluencia de gente “Vienen más personas y cada vez llegan a una hora más temprana. En cambio, la parte de donativos ha aumentado, aunque no en la proporción de las necesidades”. Y es que detrás de los números del paro, encontramos la sangre que deja a su paso esta crisis. Los donativos aumentan, como bien declara este voluntario, y eso muestra la sana solidaridad del país en que vivimos, pero no son suficientes.
 
Familias que compraron una casa hace unos años y que ahora se ven en paro e incapaces de cubrir los gastos más básicos y recurren a comedores sociales, al principio con vergüenza, después asumiendo la situación en que se encuentran, y es que la crisis, pasa de ser económica, a ser una crisis social. Este ropero interparroquial de Pamplona ve cómo las colas son cada vez mayores y la gente acude cada vez más temprano para poder coger número. Cuarenta números pueden dar cada día, de manera que los que no consiguen número acuden la siguiente semana para conseguir algo de ropa.
 
De sectores débiles socialmente como los inmigrantes que con la crisis se encuentran en situación crítica, pasamos a multitud de gente como Luís, un joven de Valladolid que con 32 años se quedó en paro, siendo oficial de primera y ya ha recorrido diferentes sitios en busca de empleo sin resultado y decía “Ya he probado suerte en Palencia y en Burgos, pero nada... Quiero encontrar una chaqueta porque aquí hace un frío que pela” O Vanesa de Latinoamérica “Tengo tres hijos de 3, 5 y 15 años. De la noche a la mañana despidieron a mi marido. Tenemos que vivir con sus 900 euros del paro. Pagamos alquiler y un coche que compramos cuando las cosas iban bien. Sólo nos quedan 200 euros para comer los 5. Ya ni pensamos en mandar dinero a nuestros países. Gracias a la asistenta social conocimos este lugar”
 
Es la realidad que los fríos números esconden, son las gotas de sangre de pato que hay detrás de cada suma de Botín, y detrás de cada dato de parados de la crisis, detrás de cada familia y de cada hipoteca que da multimillonarios beneficios a la gran banca, mientras el Gobierno inyecta el dinero de todos y nos arregla las aceras que nos conducen a la cruda realidad, que provocan una situación de necesidad en la que ya muchas familias no ven más allá de mañana, cada día es un triunfo.
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