El Observatorio

Una anécdota de Marsé

El próximo 23 de abril Juan Marsé, el "enfant terrible" de nuestras letras, recibirá al fin su merecido Premio Cervantes de literatura

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10-04-2009
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Un premio que coloca a Juan Marsé en la lista de los "grandes", que es evidentemente donde le toca y le corresponde estar, porque sin duda su narrativa es la de uno de los grandes escritores contemporáneos, un narrador indiscutible, dueño de un mundo literario singular, de un estilo propio y de una inquebrantable idisiosincrasia, que le hace inmune a la idiotez literaria, a las cainitas batallas literarias tí­picamente españolas o a todo tipo de maniqueí­smos que pretenden reducir la literatura a otra cosa, es decir, a lo que no es. En relación a esto, el propio Marsé cuenta (en una reciente entrevista, publicada en "Mercurio") una sabrosa anécdota, ilustrativa de Marsé e ilustrativa de su concepto de la literatura. Un premio que coloca a Juan Marsé en la lista de los "grandes", que es evidentemente donde le toca y le corresponde estar, porque sin duda su narrativa es la de uno de los grandes escritores contemporáneos, un narrador indiscutible, dueño de un mundo literario singular, de un estilo propio y de una inquebrantable idisiosincrasia, que le hace inmune a la idiotez literaria, a las cainitas batallas literarias tí­picamente españolas o a todo tipo de maniqueí­smos que pretenden reducir la literatura a otra cosa, es decir, a lo que no es. En relación a esto, el propio Marsé cuenta (en una reciente entrevista, publicada en "Mercurio") una sabrosa anécdota, ilustrativa de Marsé e ilustrativa de su concepto de la literatura.
"A Juan Marsé -comienza diciendo el entrevistador- no le ha gustado nunca manipular teorías sobre su trabajo como novelista. No le ha gustado teorizar sobre el hecho de por qué escribe de una manera y no de otra. Es una conversación que le puede parecer divertida en una reunión de amigos pero no para entrevistas. Le aburre hablar de tendencias en su escritura o del por qué, como lector, unos autores le gustan más que otros.

Y un día llega la chica universitaria y le explica que en la facultad han llevado a cabo un trabajo sobre "Últimas tardes con Teresa" llegando a la conclusión de que la novela es un ajuste de cuentas con la burguesía...

Sí -responde Marsé-. Me he encontrado con muchos casos como ése y sería la parte más divertida: la de hablar con gentes que te explican, muy convencidas, unas facetas de tu narrativa que yo desconozco por completo. "Esto usted lo escribió porque...", te dicen. "Pues mire: quizá sea cierto pero hasta el momento en que usted me lo ha dicho yo no había caído", les respondo. Sobre mis personajes hay críticos y estudiosos de mi obra que han escrito cosas que han sorprendido al propio autor, que soy yo.

Y usted le dijo a la chica que de ajuste de cuentas con la burguesía nada...

Y es cierto -contesta Marsé-. La burguesía es materia para los sociólogos o los economistas. No para un novelista. Y cuando me cansé le dije: "Mire usted: la razón por la que escribí "Últimas tardes con Teresa" fue porque siempre soñé con irme a la cama con una chica rubia y con los ojos verdes y los muslos que tú tienes y como no pude conseguirlo me inventé a Teresa y...". No pude continuar dándole mi versión porque la chica cogió sus papeles y se marchó a toda prisa."

Ni el propio Pijoaparte lo podría haber dicho mejor.
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