Religión

Y en frente… ¿la Iglesia?

La respuesta, por tanto, desde el punto de vista de la Iglesia es acertada; cerrar filas en torno a la lí­nea, fortalecerla y radicalizarla.

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10-04-2009
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De un tiempo a esta parte han cobrado protagonismo una serie de movimientos religiosos, dominantemente seglares, que han pasado a protagonizar la defensa del dogma de la Iglesia Católica y a representar el relevo generacional del que la institución está tan necesitada: Kikos, Legionarios de Cristo, Comunión y Liberación, Focolares… además de organizaciones de carácter estrictamente seglar que se agrupan en el Foro Español de la Familia, formado por más de 35 organizaciones. En los últimos 15 años las vocaciones religiosas han disminuido un 30%, mientras que la respuesta ha sido el endurecimiento de la lí­nea y el apoyo en este nuevo ejército civil-religioso. ¿A qué se debe este contradictorio fenómeno? De un tiempo a esta parte han cobrado protagonismo una serie de movimientos religiosos, dominantemente seglares, que han pasado a protagonizar la defensa del dogma de la Iglesia Católica y a representar el relevo generacional del que la institución está tan necesitada: Kikos, Legionarios de Cristo, Comunión y Liberación, Focolares… además de organizaciones de carácter estrictamente seglar que se agrupan en el Foro Español de la Familia, formado por más de 35 organizaciones. En los últimos 15 años las vocaciones religiosas han disminuido un 30%, mientras que la respuesta ha sido el endurecimiento de la lí­nea y el apoyo en este nuevo ejército civil-religioso. ¿A qué se debe este contradictorio fenómeno?
Ultimamente se han dedicado noticias y artículos de opinión que alarman sobre el peligro de la derechización de una parte de la sociedad, y la ofensiva de sectores profundamente reaccionarios. Entonces ¿a quién tenemos en frente?, ¿a la Iglesia?

 Para comprender el proceso en el que actualmente se encuentra la Iglesia y su particular desarrollo en España, no podemos limitarnos a los elementos más superficiales por muy necesario que sea delimitar de entrada lo reaccionario de lo progresista en temas como el uso de anticonceptivos, el aborto, la homosexualidad o el papel de la mujer.

Desde el inicio de su pontificado, incluso antes, Benedicto XVI marcó cuál era la contradicción principal por la que había de guiarse la Iglesia: “una deriva caótica del catolicismo tras el Concilio Vaticano II […] una interpretación superficial del mismo que se apuntaba acríticamente a todo lo novedoso por efímero e inconsistente que esto fuera […] y un relativismo que pone en cuestión la idea de Verdad dogmática y Moral”

Ésta es una orientación fundamental que en realidad ya vino marcada por Juan Pablo II. Pese a que nunca las predicciones respecto al futuro Papa elegido se han cumplido, en este caso el favorito fue Ratzinger porque todas las señales dejadas por Juan Pablo II le apuntaban a él:

“[…] la persona acaba por ser valorada con criterios pragmáticos basados esencialmente en el dato experimental, en el convencimiento erróneo de que todo debe ser dominado por la técnica […] ello ha derivado en varias formas de agnosticismo y relativismo, que han llevado la investigación filosófica a perderse en las arenas movedizas de un escepticismo general”. Juan Pablo II en “Fides et ratio”.

Al igual que Juan Pablo II fue determinante para la caída de la URSS y el freno a las corrientes “socialistas” que habían cobrado fuerza en el seno de la Iglesia desde el Concilio Vaticano II, y al igual que supo posicionarse contra la Dictadura Terrorista Mundial que encabezó Bush con la invasión de Irak como punta de lanza, también se adelantó a los movimientos de placas tectónicas que ya se estaban produciendo en el mundo con el surgimiento de nuevos polos hegemonistas y/o emergentes.

La respuesta, por tanto, desde el punto de vista de la Iglesia es acertada; cerrar filas en torno a la línea, fortalecerla y radicalizarla para ganar fuerza en tiempos de profunda inestabilidad y cambios acelerados y convulsos. Insisto, independientemente de la valoración que se tenga de ella.

Al mismo tiempo la pérdida de vocaciones ha hecho imprescindible que la Iglesia se dote de “los brazos” necesarios para sostener “la obra”. Ya con Juan Pablo II, no sólo desde el Concilio Vaticano II, los seglares han ido cobrando cada vez más protagonismo interno. Pese a esta tendencia mantener la estructura principal del sacerdocio es indispensable por razones obvias. Esto ha llevado al surgimiento de estructuras paralelas con relación incluso directa con el Vaticano, con el consentimiento de la Conferencia Episcopal y, a veces, sin él.

A este fenómeno se suma o contribuye la lógica fuerza, dado el camino escogido, que han adoptado “las familias religiosas” más conservadoras y que tienen en los seglares un fuerte apoyo. Sin duda el mejor ejemplo es el del Opus Dei, que ha basado su estructura de base e intermedia en la formación de un gran número de cuadros seglares en los que han depositado la extensión de sus principios e influencia en prácticamente todos los sectores sociales y de Estado de importancia.

 No es, por lo tanto, un movimiento de derechización de un sector de la población, aunque se apoye en muchos sectores de la derecha histórica española, sino la respuesta de la Iglesia al conjunto de contradicciones que se articulan a escala mundial, y su reflejo en España.

Según el Centro de Investigaciones Sociológicas – CIS – existen en España cerca de 35 millones de católicos y 9 millones de católicos practicantes. Aunque las posiciones más reaccionarias sean evidentemente rechazas por la mayoría de la población, tener en cuenta esta realidad es fundamental para afrontar otros retos de mucha mayor trascendencia que aquellos que contando ya con el respaldo de la mayoría – matrimonios homosexuales, anticonceptivos, aborto… - no son de la envergadura de, por ejemplo, ¿la crisis?

No es un problema de táctica, sino de lo que nos une por delante de lo que nos divide. Partir de lo común para tratar las diferencias por muy hondas que estas sean. Ésta debe ser la posición para el futuro que ya está aquí: la crisis. Cualquier otro punto de vista no sirve más que para confundir, dividir o despistar respecto a cuáles son los principales problemas que sufrimos y a quién tenemos en frente. Desde luego no a la Iglesia.
 
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