Selección de prensa

Zapatero cambia de ritmo

Pasar a la ofensiva con un movimiento defensivo. Ese es el movimiento táctico que esconde la remodelación ministerial más anunciada (y manoseada) de la historia reciente de España

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08-04-2009
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La salida de Solbes no sólo estaba cantada sino que era condición para abordar medidas que su presencia obstaculizaba. las encuestas reflejan la debilidad polí­tica de un Gobierno, varios de cuyos ministros carecen de relevancia pública. El reforzamiento polí­tico del equipo de Zapatero era necesario también para hacer frente a la pérdida de aliados parlamentarios. La renovación personal era necesaria, por tanto, y lo que ahora queda por demostrar es que los descartes y elecciones son los adecuados para recobrar el pulso (EL PAÍS)
 Zapatero cambia de ritmo
La salida de Solbes no sólo estaba cantada sino que era condición para abordar medidas que su presencia obstaculizaba. las encuestas reflejan la debilidad polí­tica de un Gobierno, varios de cuyos ministros carecen de relevancia pública. El reforzamiento polí­tico del equipo de Zapatero era necesario también para hacer frente a la pérdida de aliados parlamentarios. La renovación personal era necesaria, por tanto, y lo que ahora queda por demostrar es que los descartes y elecciones son los adecuados para recobrar el pulso (EL PAÍS)

Rodríguez Zapatero ha calculado los altos riesgos que corre en las próximas elecciones europeas, sobre todo, después de la derrota en Galicia y del pacto con el PP en el País Vasco. El Gobierno ha sido puesto al servicio del PSOE, dando entrada a su presidente, Manuel Chaves, y a su vicesecretario general, José Blanco. Las interpretaciones sobre estas incorporaciones son muy diversas, pero todo apunta a que el PSOE está desestabilizado por la falta de iniciativa política, la ausencia de alternativas y las malas expectativas electorales (ABC)
 
Pocas veces en la reciente historia española era más necesario para el Gobierno acelerar el ritmo y romper con un tono lánguido que no se corresponde con la dimensión de los retos que tiene el Ejecutivo en el momento actual de dificultades económicas (EL PERIÓDICO)
 
José Luis Rodríguez Zapatero quiere retomar la iniciativa poniendo fin al cansino discurso autónomo del Ministerio de Economía y Hacienda (a partir de ahora, una sola voz en política económica: la de la Moncloa); enterrando definitivamente la España plural con la nueva consigna de la cohesión territorial, y colocando - ¡por fin!-a un verdadero profesional de la política en Fomento. (LA VANGUARDIA)
 
 
Editorial. El País
PRIORIDAD A LA ECONOMÍA
 
La salida de Solbes, que ha dirigido la política económica en tres legislaturas diferentes, en dos de ellas con éxito notable, es el cambio más significativo de la remodelación de su Gobierno anunciada ayer por Zapatero. Su sustitución por Elena Salgado, una gestora con experiencia en el sector público y en el privado, es el segundo dato significativo, seguido por el de la recuperación de Chaves, sobreviviente de la generación felipista.
 
Las tres decisiones fueron explicadas por Zapatero como efecto de la prioridad otorgada a la economía; o sea, al impulso político necesario para acelerar la superación de la recesión y poner las bases para un modelo de crecimiento basado en las nuevas tecnologías, la educación, las energías renovables y la modernización de las infraestructuras y de los servicios públicos. Un discurso acorde con la ola Obama, aunque no queda claro si las prioridades determinan los cambios o la necesidad de cambiar a ciertos ministros ayuda a definir las prioridades.
 
La salida de Solbes no sólo estaba cantada sino que era condición para abordar medidas que su presencia obstaculizaba. Fue el teórico de la relativización de los efectos de la crisis en las legislativas de marzo de 2008, y el responsable de unos presupuestos inadaptados a lo que ya se sabía en el siguiente otoño; además, había exteriorizado su cansancio personal y político al decir que todo lo que podía hacerse contra la crisis ya estaba hecho, lo que transmitió un mensaje negativo a los agentes económicos.
 
Ahora se intenta transmitir uno de impulso y energía, aunque no es posible ocultar el componente defensivo de los movimientos realizados: se recurre a un socialista de la generación de González para intentar poner orden en las relaciones entre comunidades autónomas dirigidas por socialistas y enfrentadas por la financiación. Zapatero argumentó que se necesita a alguien capaz de engrasar la concertación territorial en paralelo a la social. Chaves es un buen componedor capaz de cuadrar redondeles, pero cuenta con el lastre de que pueda ser visto en otras comunidades como juez y parte tras sus dos décadas como presidente de la andaluza. Aporta peso político, pero queda la duda de si su nombramiento, con el rango de vicepresidente, no ha estado tan determinado por la necesidad de acelerar el relevo al frente del socialismo andaluz como por lo que se espera de él en Madrid.
 
Por otra parte, las encuestas reflejan la debilidad política de un Gobierno, varios de cuyos ministros carecen de relevancia pública. El reforzamiento político del equipo de Zapatero era necesario también para hacer frente a la pérdida de aliados parlamentarios. Para atraérselos, lo primero es tener capacidad para tomar iniciativas, especialmente contra la crisis, a las que sea difícil oponerse; y para ello se necesitan ministros que conozcan su negociado, tengan suficiente autonomía y sean capaces de explicar esas iniciativas.
 
La renovación personal era necesaria, por tanto, y lo que ahora queda por demostrar es que los descartes y elecciones son los adecuados para recobrar el pulso. La principal apuesta, Elena Salgado como vicepresidenta segunda y ministra de Economía, cuenta con el aval de su buen desempeño como gestora eficaz, poco dada a las dudas. José Blanco pasa de gestionar el partido a administrar el ministerio con mayor presupuesto: son dos cometidos que requieren diferentes aptitudes, pero hay precedentes. Trinidad Jiménez llega a Sanidad con experiencia política, pero no en esa materia, al revés que González Sinde y Gabilondo, que conocen de lo suyo pero carecen de trayectoria política. Y que Deportes se asigne a Presidencia del Gobierno es una salida improvisada para salvar el también improvisado compromiso personal de Zapatero, ante el capitán del equipo español de Copa Davis, de crear un Ministerio de Deportes.
EL PAÍS. 8-4-2009
 
 
 
 
Editorial. ABC
LA CONSTATACIÓN DE UN FRACASO
 
Los cambios anunciados ayer por Zapatero nacen amortizados por dos razones. La primera es la lamentable gestión informativa que los ha precedido en los últimos días, a raíz de que ABC desvelara el pasado domingo la inmediatez de la crisis. La segunda es la manifiesta inadecuación de algunos de los nombres elegidos para los objetivos que ayer fijó el jefe el Ejecutivo. Los días previos a la crisis de gobierno han dañado la imagen de Zapatero, a quien todo se le ha ido de las manos. La espantada generalizada de dirigentes del PSOE, de ministros y del presidente del Gobierno, cancelando, unos y otros, todas sus agendas, es demostrativa de una preocupante falta de profesionalidad ante un trance tan delicado como es siempre una reestructuración ministerial. La sensación que queda es que difícilmente se puede hacer frente a una crisis económica y social como la que padece España cuando Zapatero ni siquiera es capaz de manejar la crisis de su propio Gobierno.
 
En cuanto a los nombramientos y ceses, es evidente que Rodríguez Zapatero ha calculado los altos riesgos que corre en las próximas elecciones europeas, sobre todo, después de la derrota en Galicia y del pacto con el PP en el País Vasco, auténtica derogación del veto antidemocrático contra los populares. Por eso, el Gobierno ha sido puesto al servicio del PSOE, dando entrada a su presidente, Manuel Chaves, y a su vicesecretario general, José Blanco. Las interpretaciones sobre estas incorporaciones son muy diversas, pero todo apunta a que el PSOE está desestabilizado por la falta de iniciativa política, la ausencia de alternativas y las malas expectativas electorales. Ahora no sería extraña una segunda crisis, esta vez en la cúpula socialista, salvo que Leire Pajín sea la baza de Zapatero para dirigir realmente el partido.
 
Si el objetivo de los cambios es afrontar la recuperación económica, el acceso de Elena Salgado a la vicepresidencia económica plantea serias dudas. Al margen de sus virtudes políticas, está por ver si reúne condiciones de autoridad en la materia para mantener una interlocución firme ante los sectores económicos y sindicales, así como en los foros internacionales donde se están decidiendo las políticas globales contra la recesión. Quizá el fin último de su designación sea enmascarar el control directo que la Presidencia de Gobierno ejercerá sobre la política económica, una vez que Solbes — cesante desde hace un año— desaparece de escena. Por otro lado, la nueva estructura del Gobierno lleva dentro la semilla de la discordia, porque tres vicepresidencias es un número excesivo y porque se ha formado un cerco alrededor de María Teresa Fernández de la Vega que acabará provocando nuevos conflictos de coordinación interministerial. Basta comprobar que Salgado y Chaves —cuya salida de la presidencia de la Junta de Andalucía es una apuesta de alto riesgo del propio Zapatero— asumen competencias horizontales que requieren una constante labor de organización interna del Gobierno.
 
No ha habido gesto de austeridad —siguen Ministerios prescindibles como Vivienda e Igualdad— y sí utilización del Gobierno para pagar servicios, como los prestados por actores y cineastas, reconocidos en la nueva ministra de Cultura. El cese de Bernat Soria, aun siendo plausible, parece una contraprogramación de última hora, y la decisión de Zapatero de asumir la secretaría de Estado para el Deporte, la confirmación de otra promesa incumplida. En definitiva, esta crisis de Gobierno es el reflejo de la verdadera crisis política que sufre el jefe del Ejecutivo y la constatación de su propio fracaso personal.
ABC. 8-4-2009
 
 
 
 
Editorial. EL Periódico
ZAPATERO CAMBIA DE RITMO
 
Un "cambio de ritmo" y un "nuevo impulso". Esas fueron las expresiones utilizadas ayer por el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, para justificar la profunda remodelación del Gobierno filtrada parcialmente el domingo y anunciada de forma oficial ayer. Aunque todos los cambios de Gabinete persiguen por definición tales objetivos, pocas veces en la reciente historia española era más necesario para el Gobierno acelerar el ritmo y romper con un tono lánguido que no se corresponde con la dimensión de los retos que tiene el Ejecutivo en el momento actual de dificultades económicas (...)

El cambio estructural más relevante de los anunciados ayer es la creación de una tercera vicepresidencia, la de Política Territorial, cuyo titular será Manuel Chaves, presidente hasta ayer de la Junta de Andalucía. Tras la loable intención del presidente de estimular la cooperación entre la Administración central, las autonomías y los ayuntamientos --"el diálogo territorial es tan importante como el diálogo social", dijo-- late la necesidad de desatascar problemas como el de la financiación autonómica y establecer nuevos puentes con los nacionalismos periféricos.

Visto desde Catalunya, el nombramiento de Chaves abre la perspectiva de que por fin la Generalitat encuentre en el Gobierno central el interlocutor tantas veces reclamado para desarrollar el Estatut, acelerar traspasos como el de Cercanías y establecer unas bases justas para el nuevo modelo de financiación. Hay quien piensa que Chaves no da el perfil para ese cometido. Sin embargo, estamos ante un político veterano, con cintura, autoridad moral entre los socialistas y que ha impulsado un avanzado estatuto de autonomía para Andalucía. Por otra parte, el PSOE necesita salir de su soledad parlamentaria, algo que solo puede conseguir recuperando su ya olvidado proyecto de articulación de una España plural.

Para Catalunya, la salida del equipo gubernamental de Magdalena Álvarez, reprobada por el Parlament, y de César Antonio Molina, que ha mostrado nula sintonía con el Govern, no puede ser contemplada más que con alivio. El PSC mantiene, por otra parte, a Carme Chacón y a Celestino Corbacho en dos carteras muy relevantes (...)
 
El otro gran dato de la crisis, muy comentado ya en días anteriores, es el relevo de Pedro Solbes por Elena Salgado en la vicepresidencia económica. Está fuera de toda duda la eficacia y la discreción de Salgado como ministra, pero hay quien echa en falta en su currículo el desempeño de cargos relevantes en materia económica. Por eso, habrá que dar el plazo de rigor hasta valorar si la nueva vicepresidenta es la ejecutora de unas decisiones económicas tomadas por el presidente y su entorno monclovita o por el contrario es capaz de diseñar políticas audaces contra el paro y la recesión
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La incorporación de Ángel Gabilondo en Educación, con el añadido del área de Universidades, parece razonable, dado el prestigio del hasta ahora rector de la Universidad Autónoma de Madrid. Más dudas sugiere la llegada de Trinidad Jiménez al Ministerio de Sanidad. La nueva ministra pertenece al círculo socialista de máxima identificación con Zapatero, ha desempeñado numerosos cometidos, pero caben dudas sobre su preparación específica para una cartera tan compleja. La otra incorporación femenina al Gobierno, la nueva ministra de Cultura, Ángeles González-Sinde, es otra incógnita, pero llega con la tarjeta de presentación de su profundo conocimiento de la industria española del cine.
Comentario aparte merece José Blanco, otro íntimo del presidente, quien tendrá a su cargo el poderoso Ministerio de Fomento, la gran máquina inversora del Estado en cuya gestión pesan siempre las tensiones territoriales. Blanco, el rostro duro del PSOE, deja un peligroso vacío en la calle de Ferraz en tiempos de zozobra.
EL PERIÓDICO. 8-4-2009
 
 
 
 
Opinión. La Vanguardia
‘PRISE DE FER’ (TOMA DE HIERRO)
Enric Juliana
 
Pasar a la ofensiva con un movimiento defensivo. Ese es el movimiento táctico que esconde la remodelación ministerial más anunciada (y manoseada) de la historia reciente de España. En esgrima, concretamente en la disciplina de sable, se puede pasar a la ofensiva con una acción aparentemente defensiva, llamada toma de hierro. Se trata de tocar, con gran celeridad, la punta del sable atacante para reconquistar así la prioridad (...)

José Luis Rodríguez Zapatero quiere retomar la iniciativa poniendo fin al cansino discurso autónomo del Ministerio de Economía y Hacienda (a partir de ahora, una sola voz en política económica: la de la Moncloa); enterrando definitivamente la España plural con la nueva consigna de la cohesión territorial,y colocando - ¡por fin!-a un verdadero profesional de la política en Fomento.

Objetivo inmediato: evitar una derrota humillante del PSOE en las elecciones europeas del 7 de junio. Conseguir el empate e incluso una victoria socialista por la mínima, que volvería a colocar a Mariano Rajoy a los pies de sus propios caballos. Rajoy se está imponiendo en el PP contra todo pronóstico, pero aún no tiene la batalla interna del todo ganada. Las elecciones de junio siguen siendo decisivas para el liderazgo del centroderecha español.

La toma de hierro exige determinación y sentido de la iniciativa. Suele ser un movimiento fulgurante. La toma de hierro ni se anticipa, ni se filtra a la prensa. La torpeza de estos días es evidente - el aparato del PSOE ha querido asegurarse de que la remodelación se haría en su favor-,pero ello no invalida la acción del espadachín leonés.

La señora Elena Salgado tendrá grandes dificultades para presentarse como esperanzadora novedad económica, pero posee un carácter de hierro. Y de hierros estamos hablando. Corresponde sobre todo a Manuel Chaves romper la iniciativa del adversario: quitarle la bandera española de las manos. El líder andaluz ha de transformar el pacto PSOE-PP en el País Vasco en el nuevo gran relato del socialismo hispánico. Y crear las condiciones para la convocatoria de elecciones anticipadas en Catalunya. Propiciar, cuanto antes, el fin del tripartito es posiblemente la segunda gran misión encargada a Chaves, que en otoño del 2006 ya intentó bloquear, sin éxito, el pacto PSC-ERC y la consiguiente elección de José Montilla como presidente de la Generalitat.

Difícil papeleta para los 25 diputados del PSC en el Congreso que compartirán escaño con una ministra de Cultura, la señora ÁngelesGonzález-Sinde, que hace unos meses confesaba su simpatía por el Manifiesto por la lengua. Presa de ferro, sí.
LA VANGUARDIA. 8-4-2009
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