Educación

"Todoterrenos" made in Bolonia

Bajo la bandera de la "eficacia" se pretende convertir a los docentes universitarios en profesionales multiusos con una inevitable falta de formación

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08-04-2009
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Según el Ministerio de Ciencia e Innovación, España tiene un profesor universitario por cada 12 alumnos, por debajo de la media europea que es de uno por cada 17 alumnos. Pese a que se apunta a que el problema es la mala distribución del profesorado, es decir, demasiados en algunas carreras y demasiados pocos en otras, la realidad es que después de todo lo que llevamos andado con el Plan Bolonia, reducirlo todo a una cuestión cuasi administrativa raya la boberí­a. Según el Ministerio de Ciencia e Innovación, España tiene un profesor universitario por cada 12 alumnos, por debajo de la media europea que es de uno por cada 17 alumnos. Pese a que se apunta a que el problema es la mala distribución del profesorado, es decir, demasiados en algunas carreras y demasiados pocos en otras, la realidad es que después de todo lo que llevamos andado con el Plan Bolonia, reducirlo todo a una cuestión cuasi administrativa raya la boberí­a.
Los datos son así: en las carreras de humanidades la media es de 10,5 alumnos por profesor, en ciencias sociales y jurídicas de 22,5, en las técnicas de 19,2, en las experimentales de 5,6 y en las de salud de 6,6. Los expertos contemplan dos medidas:

La primera pasa por concebir un tipo de profesional de la docencia universitaria más “colegiado” y menos especializado en parcelas del conocimiento concretas; “todoterrenos” dicho popularmente. Y la segunda por “flexibilizar” el esquema de las horas docentes. Clases magistrales de 100 alumnos, seminarios de 20 o clases prácticas de 5.

Otra realidad es la diferencia que se abre entre la oferta y la demanda por carreras. Así como en las enseñanzas técnicas y las ciencias sociales la relación está equilibrada, y en ciencias de la salud se dispara en perjuicio de la demanda – no hay suficientes plazas -, las ciencias experimentales y humanidades llevan las de perder. Expertos como Joaquim Prats de la Agencia de Calidad del Sistema Universitario de Cataluña hablan del peligro de los “criterios corporativos” aplicados a la oferta de créditos, por miedo a perder horas y peso en los departamentos.

Sin embargo puede todo verse desde otro punto de vista “un tanto” diferente. Pasa como cuando se habla de la programación televisiva: “es mala, pero es lo que la gente pide”. ¿O es lo que hay y dentro de eso la gente elige lo menos malo? Desde luego este tipo de afirmaciones son capciosas, sobre todo si hacemos una comparativa de los horarios televisivos con el tipo de espectador y en qué ocupa su tiempo; ¿en dormir, por ejemplo?

Lo mismo pasa con la Universidad. El problema no es la demanda sino la orientación “utilitarista y pragmática” que se da desde bachillerato. Esa es la enfermedad de las humanidades y no otra. El empirismo de multinacional. Mucho, que sepa lo justo y barato – el profesional, se entiende -.

Lo otro que indigna es que se obvie el proceso de burocratización, casi consciente, al que se ha sometido a la Universidad. No es que los departamentos o facultades  sean corporativistas, es que bajo el auspicio de la LOU-PSOE, y con el consentimiento del resto, se ha esclerotizado, en contenidos y formas, una institución que debe ser un motor de dinamismo e innovación para la sociedad. Este es otro síntoma de la enfermedad que adolecen las humanidades.

Y ahora bajo la bandera de la “eficacia” y la “buena organización”, se pretende convertir a los docentes universitarios en profesionales multiusos con una inevitable falta de formación y una tremenda inestabilidad laboral.
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