El nuevo gabinete de Zapatero

Cada vez más claro. Este es el gobierno de Botí­n

Después de que abandonara temporalmente la polí­tica en 1996, Elena Salgado fue nombrada consejera delegada de Vallehermoso Telecom, donde trabajaba a las órdenes de Emilio Botí­n

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08-04-2009
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Se ha destacado que la nueva ministra de Economí­a, Elena Salgado, elegida por Zapatero para lidiar la crisis, posee "una amplia experiencia en la gestión pública y privada". Pero se ha ocultado cuidadosamente quienes han sido sus jefes. Después de que abandonara temporalmente la polí­tica en 1996, Salgado fue nombrada consejera delegada de Vallehermoso Telecom, donde trabajaba a las órdenes de Emilio Botí­n. La hoja de parra que habí­a tapado las vergüenzas de Zapatero se ha caí­do bruscamente con la crisis. Durante la primera legislatura, el presidente enarboló la memoria histórica o los enfrentamientos con la iglesia para darse barniz progresista, mientras fortalecí­a su afinidad con el primer banquero del paí­s. En esta segunda legislatura, crisis y multimillonarios planes de rescate mediante, la imagen del gabinete de Zapatero como el auténtico gobierno de Botí­n no puede aparecer más ní­tida. Esta es la causa del auténtico descalabro polí­tico de Zapatero, que ni mil cambios de ministros pueden ya camuflar.
 (EFE)
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Se ha destacado que la nueva ministra de Economí­a, Elena Salgado, elegida por Zapatero para lidiar la crisis, posee "una amplia experiencia en la gestión pública y privada". Pero se ha ocultado cuidadosamente quienes han sido sus jefes. Después de que abandonara temporalmente la polí­tica en 1996, Salgado fue nombrada consejera delegada de Vallehermoso Telecom, donde trabajaba a las órdenes de Emilio Botí­n. La hoja de parra que habí­a tapado las vergüenzas de Zapatero se ha caí­do bruscamente con la crisis. Durante la primera legislatura, el presidente enarboló la memoria histórica o los enfrentamientos con la iglesia para darse barniz progresista, mientras fortalecí­a su afinidad con el primer banquero del paí­s. En esta segunda legislatura, crisis y multimillonarios planes de rescate mediante, la imagen del gabinete de Zapatero como el auténtico gobierno de Botí­n no puede aparecer más ní­tida. Esta es la causa del auténtico descalabro polí­tico de Zapatero, que ni mil cambios de ministros pueden ya camuflar.
Para fortalecer “el peso político” del gobierno –en castellano coloquial, para blindarse ante al aluvión de indignación popular que recibe-, Zapatero ha decidido recurrir a la “vieja guardia” felipista y a los nuevos pretorianos de la partitocracia.

Y las consecuencias de ese blindaje son, en algunos casos, como mínimo sorprendentes.

Para solucionar el enfrentamiento entre comunidades a raíz de la nueva financiación autonómica, Zapatero ha elegido a Manuel Chávez, el Gran Cacique que deja en mantillas a los históricos “señoritos” andaluces. Para, en palabras del presidente, “dar mayor cohesión nacional a la respuesta a la crisis”, se coloca al frente de la política territorial al padre de un estatuto que se inventó la “nación andaluza”.

Tampoco se queda atrás el nombramiento de José Blanco, quizás el más oscuro aparatchik de la política española, que ha reducido la democracia interna en el PSOE al nivel de la Alemania Oriental, como cabeza del ministerio, el de Fomento, con mayor capacidad de gasto. Y encomendándole la misión de tirar de deuda para llenar España de obras e impulsar así el crecimiento y el empleo. No parece la mejor forma de cambiar el modelo de crecimiento, atróficamente basado en la construcción, que nos ha empujado a la crisis.

Pero donde nos llevamos las mayores sorpresas es en Economía. No ya por la destitución de Solbes, obligada como cabeza visible de una política económica tocada y hundida. Sino por su sustituta, Elena Salgado, ascendida desde el ministerio de Fomento a la vicepresidencia segunda del gobierno.

Sus credenciales políticas y económicas no parecen las más adecuadas.

Llegó al gobierno de Zapatero de la mano de Alfredo Pérez Rubalcaba, eterno morador, con González y con Zapatero, de las cloacas más fétidas del Estado.

Pero Salgado también pasó por la empresa privada. Concretamente como consejera delegada de Vallehermoso Telecom, cuando todavía pertenecía al Banco de Santander de Emilio Botín, con el que siempre acabamos tropezando cuando seguimos el rastro de Zapatero.
Pero Salgado continuó en su cargo cuando Botín vendió Vallehermoso a Sacyr, donde la ahora ministra de Economía siguió codeándose con prestigiosos hombres de Botín como Juan Abelló y Demetrio Valcalcer. Participando en la gestión de Sacyr, quizá el mayor exponente de los mayores males del modelo económico actual: el hipertrofiado desarrollo de la construcción, el sobreendeudamiento recurriendo a préstamos del capital extranjero…

Ya en el gobierno de Zapatero, el último servicio de Elena Salgado ha sido la gestión del Plan de Infraestructuras Locales, el proyecto de construcción de obras públicas que iba a sacar a España de la crisis. Pues bien, de los 8.000 millones con que estaba dotado el fondo, sólo 3.000 han llegado a la economía productiva. El resto se ha perdido, por ejemplo, en colocar carteles más caros que la misma obra que anunciaban.

Con estos antecedentes, podemos echarnos a temblar ante la actuación de la nueva ministra “anticrisis”.

Lo que apuntan algunas fuentes no puede ser más preocupante. Uno de los portales digitales más visitados alude a la “defensa de la ortodoxia financiera” de Solbes, paralizando muchos de los planes de gasto públicos, como causa de los encontronazos con Zapatero que han concluido con la salida del gobierno del antes mago de las finanzas. Y apuntan a que “se considera más probable que el nuevo equipo económico sea más sensible a una participación más activa en el salvamento de entidades financieras con problemas. Ya sea mediante la compra de activos. O incluso mediante la recapitalización directa del sistema financiero”.

La contención del gasto personificada en Solbes ha proporcionado ingentes beneficios a la oligarquía, mientras aumentaba la distancia con la UE en cuanto a porcentaje de gastos sociales. Pero The Economist anunciaba hoy que España “se dirige inevitablemente hacia un gran rescate público” de la banca. Y cuando la salud de los bancos está en juego, hay que romper todas las cautelas del gasto. La antigua empleada de Botín -¿antigua?- Elena Salgado, se dispone a cumplir con su papel.
 
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