Selección de prensa nacional

Gobierno con más peso polí­tico

Se necesitaba un Gobierno con más peso polí­tico, con más voces autorizadas, con menos ministros/gestores y más ministros/polí­ticos, con autonomí­a y con voz propia

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07-04-2009
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Al final ha resultado que El Paí­s tení­a razón. O eso al menos parece por la remodelación gubernamental -ala que hablando con propiedad habrí­a que calificar como una auténtica crisis de gobierno- anunciada por Zapatero.
 Gobierno con más peso polí­tico
Al final ha resultado que El Paí­s tení­a razón. O eso al menos parece por la remodelación gubernamental -ala que hablando con propiedad habrí­a que calificar como una auténtica crisis de gobierno- anunciada por Zapatero.
 
Como recordarán nuestros lectores, a raíz del precipitado anuncio de la retirada de las tropas españolas en Kosovo, comentábamos en este misma sección el editorial que a este respecto le dedicaba el diario El País el pasado 23 de marzo. Entonces dijimos “Leído de una determinada manera, el editorial apunta inequívocamente hacia una conclusión: si Zapatero quiere recuperar parte del desgaste al que lo está sometiendo la crisis debe apoyarse menos en las figuras emergentes del nuevo PSOE (cuyo modelo por definición es Carme Chacón) y pasar a confiar y apoyarse nuevamente en quienes tienen los medios (el grupo Prisa) y la experiencia (la vieja guardia socialista) para superar crisis de este calado”. Pues bien, parece como si Zapatero hubiera atendido a ambas reivindicaciones.
 
En primer lugar es un medio del grupo Prisa (la cadena Ser) la que adelanta la noticia el domingo por la tarde, en el mismo instante en que Zapatero acababa de terminar su reunión con Obama. La proliferación y utilización de “canales informales” para filtrar las noticias gubernamentales de los que El País se quejaba han sido reconvertidos en esta ocasión para volver a lo que era habitual durante cerca de 25 años hasta la llegada de Zapatero al frente del PSOE: el grupo Prisa como el principal portavoz oficioso de la dirección del PSOE y, por extensión, también de los gobiernos socialistas.
 
En segundo lugar, la entrada de un auténtico peso pesado de la “vieja guardia” como Chaves, encargado además de resolver dos de las “patatas calientes” organizadas por el proyecto de la España plural de Zapatero: la financiación autonómica, especialmente el caso catalán, y la sentencia del Constitucional también sobre el nuevo estatuto catalán; unido a la meteórica ascensión de Elena Salgado, de quien todo el mundo dice ser una persona cercana a Rubalcaba, es decir, también de una u otra forma perteneciente a la vieja guardia, abundaría en la idea, expresada en la misma editorial que comentamos, acerca de la necesidad de contar con la experiencia de quien la tiene para hacer frente al desgaste del gobierno y el calado de la crisis a la que nos enfrentamos. 
  
 

El Mundo
ZAPATERO FORMA EL GOBIERNO CON MÁS PESO POLÍTICO EN CINCO AÑOS 

Era una petición unánime en todos los ámbitos del partido, del Grupo Socialista y del mismo Ejecutivo. Se necesitaba un Gobierno con más peso político, con más voces autorizadas, con menos ministros/gestores y más ministros/políticos, con autonomía y con voz propia.
 
Zapatero, pese a negar más de tres veces cualquier reestructuración de Gobierno -tras anunciar EL MUNDO que lo haría en los primeros meses de 2009-, ha vuelto a escuchar no la voz, sino el clamor, de los suyos, de la calle y del sentido común.
 
Por ello, ha optado por hacer el Gobierno con un mayor perfil político, con auténticos pesos pesados y personas de su confianza. Un Gobierno en el que, aunque sigue la eficiente vicepresidenta primera del Gobierno, María Teresa Fernández de la Vega, ya no tendrá tanta capacidad de poder y mando como con los miembros de los gobiernos anteriores.
 
La presencia de Manuel Chaves y José Blanco dan otro enfoque político. Ambos hablarán de sus propias competencias ministeriales, pero a nadie se le escapa que serán dos dirigentes que fijarán mensajes políticos, que dictarán doctrina y que darán peso al Ejecutivo a la hora de desarrollar estrategias.
 
El hecho de que ambos se reúnan cada viernes con Zapatero en La Moncloa, y cada 15 días en Ferraz en la Ejecutiva, confiere a los dos nombramientos un poder muy significativo, que ambos piensan ejercer.
 
También la presencia de Trinidad Jiménez confiere un perfil político y personal al nuevo Gobierno de Zapatero. La incitadora de su candidatura a la Secretaría General del PSOE en el año 2000 tiene una lectura política tentadora. Lo cierto, es que al igual que Blanco, nueve años después será ministra, pero también su voz tendrá más peso que el propiamente ministerial.
 
En cuanto a Elena Salgado, deberá saber salir de su ostracismo mediático. Es más gestora que política, pero rodeada de los "padrinos" políticos que tiene y por su propia personalidad podría llegar a ser más autónoma que Pedro Solbes. El tiempo lo dirá, pero también ejercerá su peso político que, además, tiene el pleno aval de Zapatero.
 
Tras cinco años, cabe la conclusión que Zapatero ha hecho un Gobierno más duro que fuerte. Ha puesto toda la artillería que tiene en esta apuesta política. Alguien podrá juzgar que es poca o que es reiterativa. El tiempo lo dirá.
 
En el Gabinete aparecen cinco caras nuevas, salen cinco ministros y se mantiene la paridad, con nueve mujeres y nueve hombres, incluido el propio Zapatero. Se mantienen 17 departamentos, aunque algunas competencias cambian de área.
EL MUNDO. 7-6-2009
 
 
 
 
Opinión. La Vanguardia
¿QUIERE EL CALIFATO ANDALUZ TUTELAR A ZAPATERO?
Enric Juliana
 
El eje principal de los últimos treinta años de la política española enlaza Bilbao, Madrid y Sevilla. Sobre este eje vertical se reconstruyó el PSOE. Bilbao, Madrid y Sevilla representan la suma de tres excepciones: el privilegio fiscal vasco, la potente singularidad capitalina (el Gran Madrid) y el plus político-moral de Andalucía (fuerza demográfica, 61 diputados en el Congreso, imperativo igualitario aceptado por el resto del país, y potente influjo cultural: Andalucía da profundidad, color y sabiduría al alma española).
 
Catalunya, es cierto, influye y condiciona. Por activa o por pasiva, determina la entera órbita española. Pero Catalunya no forma eje con nadie. A finales de los setenta ya se adoptaron las decisiones estratégicas oportunas para que un foso separase a catalanes y valencianos (un foso que ahora, con un poco de talento y generosidad por ambas partes, podría superarse o corregirse). La crisis de gobierno que desde el PSOE le acaban de abrir a José Luis Rodríguez Zapatero (un cuadro sorprendente e inédito que cuestiona su autoridad política en un momento muy delicado – ni Suárez, ni Aznar, ni González pasaron nunca por un trance parecido –) preanuncia un inmediato refuerzo político del eje Bilbao-Madrid-Sevilla.
 
El nuevo gobierno vasco será el principal foco de atención en los próximos meses, la piedra de toque de una nueva geografía política. Y el nombramiento de Manuel Chaves como vicepresidente para asuntos autonómicos consagraría el papel tutelar que el califato andaluz viene ejerciendo sobre la política territorial. El momento es decisivo: nuevo modelo de financiación autonómica, inminente sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Estatut e imperiosa reorganización de la dialéctica poder financiero-poder regional ante la crisis de las cajas de ahorros. Chaves daría paso a José Antonio Griñán como nuevo presidente de Andalucía: un cambio lampedusiano, una cautelosa reestructuración del grupo dirigente en Sevilla. ¿Ha querido acelerar el poderoso califato andaluz la crisis de gobierno?
LA VANGUARDIA. 7-4-2009 
  
  
  



Digital. El Confidencial
EL FRACASO DE PEDRO SOLBES O EL FINAL DE UNA LARGA AGONÍA
Jesús Cacho 
 
El hombre llamado a insuflar confianza, acabó convertido en epítome de la incertidumbre. El economista obligado a dar seguridad, terminó travestido en representación viva de miedo.  El político requerido a resolver problemas, acabó devorado por la mayor crisis económica que ha padecido España desde el final de la dictadura de Franco. Un fracaso sin paliativos. Un fracasado.
 
Solbes sale del Gobierno por la puerta de atrás, con su currículo empañado hasta tal punto que los malos datos macroeconómicos que en 1996 dejó al abandonar el último Gobierno González parecen buenos comparados con el paisaje de desolación que ahora deja en términos de recesión y paro. 
 
Dramática la evolución a peor de un político profesional convertido en viva representación del tancredismo desde el momento en que, procedente de Bruselas, se convirtió en responsable de la Economía española bajo el Gobierno de Rodríguez Zapatero. Como la herencia económica recibida de la era Aznar era buena, nuestro hombre, con fama de saberse la asignatura, decidió darle hilo a la cometa y seguir cómodamente instalado en lo alto de la gigantesca burbuja, fundamentalmente inmobiliaria, que era ya la seña de identidad de nuestra economía desde finales de 2002.
 
A lo largo de todo 2003 y no digamos ya durante la campaña electoral de 2004, era una evidencia entre los economistas más responsables de derecha e izquierda la necesidad que el nuevo Gobierno iba a tener de tomar medidas macroeconómicas destinadas a enfriar de forma paulatina esa economía recalentada. Que Rodríguez Zapatero no hiciera nada al respecto es explicable, puesto que sabe poco de todo y nada de economía; que Pedro Solbes se cruzara de brazos, es casi un delito de omisión imperdonable en un hombre que necesariamente tenía que saber que la burbuja del ladrillo y del consumo desaforado financiado con ahorro ajeno, necesariamente tenía que terminar estallando en cuanto alguien o algo pusiera freno a la orgía del dinero fácil.
 
Esta es, en mi modesta opinión, la gran acusación que hay que hacerle a Solbes: la grave responsabilidad asumida al no haber adoptado las decisiones, cambios, medidas “macro” que reclamaba la situación por comodidad, pereza o pura deshonestidad intelectual. Es más que probable que España no hubiera podido quedar al margen de la tremenda crisis internacional que padece el mundo desarrollado, pero es casi seguro que la crisis, la nuestra, no tendría ni de lejos la profundidad y violencia que ahora presenta, con más de 4 millones de parados que pronto serán 5 si los Dioses no lo remedian. 
 
El deterioro de imagen de Tancredo Solbes ha sido constante en los últimos tiempos, conforme la crisis empezaba a dar sus dentelladas en el empleo. Si en octubre de 2007, era, según el CIS, el segundo miembro del Gobierno más valorado por los españoles, solo por detrás de la vicepresidenta De la Vega, un año después su credibilidad hacía aguas, hasta el punto de que en el último barómetro del mencionado CIS, nuestro hombre suspendía, teniendo además hasta a 11 ministros por delante en cuanto a valoración de la opinión pública. Pedro Solbes ardía en la zarza de la responsabilidad contraída en la “no gestión” de la crisis.
 
Es evidente que el deterioro de su posición, acorde con el de la situación económica, le había colocado hace tiempo fuera de juego y del cargo. Pero el hombre que lleva un cuarto de siglo sin bajarse del coche oficial aun se atrevía hace escasos días a salir a la palestra para confirmar, después de haber sido reconvenido por Zapatero, su candidatura como titular vitalicio de Economía. Misión imposible. El deterioro de su figura era tan evidente, la falta de confianza que transmitía a los agentes económicos tan obvia, que un Zapatero necesitado de oxígeno para seguir respirando no ha tenido más remedio que cargárselo.
 
No seremos nosotros quienes lamentemos su marcha. A su tradicional incuria une ese acrisolado sectarismo que distingue, con escasas excepciones, a buena parte de la militancia socialista. Cinco años ha permanecido en el cargo y varios más han sido los intentos, sobre todo al principio de su mandato, que este diario ha efectuado de recabar opinión o contrastar información  con él. Con nulo resultado. Quien no está conmigo, está contra mí. Su marcha no puede ser más que recibida con una expresión de intenso alivio. Bien ido sea. 


EL CONFIDENCIAL. 6-4-2009
 
 
 
 
 


Opinión. Expansión
EL GOBIERNO MENOS 'ECONÓMICO' PARA LUCHAR CONTRA LA RECESIÓN
Vicente Lozano
 
Tras oír al presidente del Gobierno anunciar la nueva composición del Ejecutivo tengo la impresión de que se ha 'saltado un paso'. Ha hablado de un Gobierno para la recuperación económica, para la preparación de España hacia una nueva etapa de crecimiento... Pero se ha olvidado de que todavía estamos en crisis y que la economía sigue cuesta abajo.

En definitiva, si toda la situación de la economía española se resume en los 3,6 millones de parados, la pregunta es: ¿va a poder enfrentarse mejor este Gobierno al paro que el anterior? Sinceramente, creo que no porque no tiene resortes para dar un giro a la política económica.

Es un hecho incuestionable que el Gobierno ha fracasado en la lucha contra el desempleo. Para empezar a generar puestos de trabajo, la economía española necesita de un nueva 'fuerza creadora' y el nuevo gabinete no parece que la tenga. Por eso, cuando Zapatero ha comentado que Salgado tiene que encargarse de que las medidas adoptadas por el Ejecutivo lleguen al tejido productivo, de nuevo da la impresión de que el presidente peca de un cierto optimismo: ¿y si resulta que los resultados no llegan no por la pasividad de la Administración sino porque esas medidas son ineficaces?

En lo económico, pues, los nuevos ministros poco van a poder aportar a la salida de la crisis mientras sigan invariables los principios anteriores. Esos que marca el presidente.

Un par de apuntes más. El primero: Manuel Chaves llega al Ejecutivo como el presidente de la comunidad autónoma con la tasa más alta de paro del país -tal y como la cogió hace 18 años- y con la economía más subvencionada. No es una buena tarjeta de visita.

El segundo. Por primera vez, en un Gobierno del PSOE están presentes el presidente, el secretario general y el secretario de Organización -o vicesecretario general- del partido. Es el Gabinete con menos perfil económico en el momento más grave de la economía mundial y española desde la II Guerra Mundial.

EXPANSIÓN. 7-4-2009
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