Una pelí­cula sobre el fascismo en Euskadi

"La casa de mi padre"

Nueva pelí­cula de Gorka Marchan, un exiliado vasco vuelve de Argentina después de diez años a su pueblo natal. Allí­ las cosas no han cambiado. Las libertades y la vida siguen secuestradas.

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05-04-2009
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Se han hecho muy pocas pelí­culas sobre Euskadi. Es decir sobre la vida y falta de libertades que se vive en Euskadi. Por eso de esta nueva pelí­cula "La casa de mi padre", lo primero a apoyar es solo el hecho de que se realice, porque tienen que haber muchas y muchas pelí­culas más que reflejen la vida cotidiana de Euskadi.
 La casa de mi padre. "Hasta los violentos tienen un lí­mite"
La casa de mi padre. "Hasta los violentos tienen un lí­mite"
Se han hecho muy pocas pelí­culas sobre Euskadi. Es decir sobre la vida y falta de libertades que se vive en Euskadi. Por eso de esta nueva pelí­cula "La casa de mi padre", lo primero a apoyar es solo el hecho de que se realice, porque tienen que haber muchas y muchas pelí­culas más que reflejen la vida cotidiana de Euskadi.
Retratar el fascismo cotidiano y la vida anormal que se vive en Euskadi. Es un tema que se tiene que poner de moda y que nunca ha de pasar de moda.
 
El punto más alto, es que es una buena guía para conocer algo de lo que pasa en este país. A través del personaje de Txomin Garay, empresario vasco que tuvo que exiliarse a Argentina por no aceptar el pago del impuesto “revolucionario” de ETA, te muestra toda una serie de personajes, escenarios y hechos, digamos típicos de Euskadi, tras la vuelta a su pueblo natal tras 12 años de ausencia.
 
Su amigo German un periodista amante de la libertad, luchador antifranquista amenazado por ETA, que enfrente de su casa ha de aguantar cada día y durante todo el día a un grupo de proetarras, que le acusa de fascista en una pancarta.
 
Blanca, la mujer de Txomin que representa la repulsa al vivir del pueblo. El asqueo por el odio de los abertzales.
 
Koldo, el hermano de Txomin, un abertzale arrepentido.
 
Gaizka, hijo de Koldo, metido en el mundo abertzale. Muestra la contradicción de tener que aceptar a su tío como parte de su familia a la vez de tener que odiarle porque se le ha enseñado que es un traidor a su pueblo.
 
Sara, la hija de Txomin, criada en Argentina, lejos de la realidad de Euskadi, que trata de comprenderlos a todos. Lo que se convierte en un imposible. Ante el terror sólo se puede estar en un lado.
 
Y Anne, la esposa de Koldo, una pintora, que en cualquier parte de España sería una hippy pacifista pero que es una proetarra fascista, hermana de un terrorista de ETA.
 
Así como sus escenarios, la pescadería ámbito público cotidiano, donde las amas de casa peneuvistas o abertzales son las que llevan la voz cantante. El frontón y el Gaztetxe.
 
El punto más flojo, que sólo se queda en la superficie. Cualquier argumento que aparece desde el mundo abertzale queda al final de la película totalmente deslegitimado por el terror de ETA. Ninguna argumento vale para asesinar.
 
Pero aparecen dos problemas, el PNV y el régimen no aparecen por ningún  lado. Una de las razones de porque se ha mantenido tanto tiempo en el poder es sobre la base de tantos y tantos que como Txomin se han exiliado de Euskadi, que han sido expulsados con el beneplácito del Gobierno vasco, eliminando así a una parte de su oposición política, mientras que la que se quedaba se la amordazaba o asesinaba. Lo cuál ha potenciado desde las instituciones.
 
Y el segundo problema y más importante es que sólo aparece Euskadi en clave nacionalista. El conflicto nacional. Conflicto que si existe, es porque se ha impuesto desde hace 30 años, desde imponer una lectura de su historia y sentir sólo desde la óptica nacional. Si pensamos en la crisis económica actual que ataca a nuestro pueblo ya sea en Andalucía o en Euskadi, el supuesto “conflicto nacional” poco tiene que ofrecer.
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