El Observatorio

Paraí­sos fiscales

"Se acabó el secreto bancario", ha dicho Sarkozy tras la Cumbre del G-20. No se lo cree ni él

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03-04-2009
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"La época del secreto bancario se ha terminado", declaró un eufórico Sarkozy tras la Cumbre londinense del G-20 ¿De verdad? ¿De verdad se van a clausurar los "paraí­sos fiscales"? ¿De verdad vamos a saber cuánto dinero tiene cada uno y dónde? ¿Es cierto este "milagro de Lourdes" en virtud del cual los representantes de los poderosos de la tierra han decidido que ellos y sus representados, a partir de ahora, nos van a decir cuánto tienen y dónde, y no va a existir forma de ocultar nada? Somos ingenuos, pero no tanto. "La época del secreto bancario se ha terminado", declaró un eufórico Sarkozy tras la Cumbre londinense del G-20 ¿De verdad? ¿De verdad se van a clausurar los "paraí­sos fiscales"? ¿De verdad vamos a saber cuánto dinero tiene cada uno y dónde? ¿Es cierto este "milagro de Lourdes" en virtud del cual los representantes de los poderosos de la tierra han decidido que ellos y sus representados, a partir de ahora, nos van a decir cuánto tienen y dónde, y no va a existir forma de ocultar nada? Somos ingenuos, pero no tanto.
Los paraísos fiscales nacieron para que los poderosos tuvieran una parte de sus fortunas ocultas y alejadas, no sólo del fisco de sus propios países, sino de cualquiera mirada. Allí podían ocultar el dinero negro, la parte obtenida en negocios ilegales, las comisiones opacas, los chanchullos, etc. Con el tiempo, allí ha ido a parar también el dinero del narcotráfico, del tráfico de armas, de la trata de blancas, etc. Y, por supuesto, el dinero de los políticos, de los artistas, de los empresarios y, en general, de todo aquel que tiene "dinero" que mantener a resguardo. Desde luego, albañiles, parados, obreros y mileuristas, ninguno tiene cuenta abierta en un paraíso fiscal.

Por todo ello, resulta impensable que la "asamblea" máxima de los poderosos de la tierra -o sea, el G-20- haya decidido realmente que se va a poner fin al secreto bancario y a la existencia de paraísos fiscales. Ni siquiera, en una crisis como esta, que está poniendo en peligro los cimientos mismos del sistema, cabe concebir la idea de que los capitalistas sacrifiquen semejante ingrediente básico de su sistema y que además lo hagan de la mano de unos mandatarios que le son por entero fieles y que, además, tienen bastante que ocultar.

¿Quieren decir que mañana mismo va a hacerse pública una lista donde nos van a decir cuánto tiene Botín, o Florentino, o Pizarro, o Los Entrecanales, o las Koplowitz, o los Abelló en las islas Caimanes? ¿O cuánto tiene el rey, o el presidente del Tribunal Supremo o los miembros de la cúpula militar? ¿O cuánto tienen los Felipe González o los Aznar, o los Zapatero y Rajoy, o los Bono y los Moltó? ¿O los Chaves y Montillas, o los Mas y los Carod, o los Ibarretxe y Arzallus? ¿De verdad que por fin vamos a saberlo?

Antes se hunde el mundo que que sepamos eso, no sólo de España, sino de los más de 200 países que hay en la ONU.

Puede que se levante una parte del secreto bancario sobre algunas actividades ilícitas o sobre determinadas personas a las que se haya decidido previamente y con un amplio consenso decapitar públicamente, o que se incluya en una lista negra a determinadas plazas negras que se niegan a toda colaboración y a cualquier "intercambio" de datos. Pero, desde luego, el "gotha" mundial no ha decidido hacerse el "hara kiri", no va a exponer en público sus vergüenzas ni piensa dar explicaciones sobre el "inexplicable" origen de sus fortunas. Antes de eso, le "pegan fuego" al mundo, como se suele decir.

Somos ingenuos, desde luego, pero ruedas de molino como ésta no nos la vamos a poder tragar, ni siquiera con la sobredosis de azúcar, sonrisas y simpatía con la que nos la han querido vender en esta cita londinense.
 
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