El Gobierno protege la entrada de las entidades bancarias en las inmobiliarias

Todo para que la banca cobre

La reforma de la ley concursal aprobada por el gobierno está tan escandalosamente hecha a medida de los intereses de la gran banca, que incluso ha provocado la protesta del mundo judicial.

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01-04-2009
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Si usted contrae una deuda y no puede pagarla, la maquinaria -de la banca, del juzgado…- le triturará sin el más mí­nimo resquicio de misericordia, hasta embargarle su vivienda, o incluso meterlo en la cárcel. Pero si esto le ocurre a la banca, el gobierno de Zapatero, el mismo que no mueve un dedo para ayudar a los parados cuyas viviendas son embargadas, esta allí­ para rescatarla. La reforma de la ley concursal aprobada por el gobierno está tan escandalosamente hecha a medida de los intereses de la gran banca, que incluso ha provocado la protesta del mundo judicial. Si usted contrae una deuda y no puede pagarla, la maquinaria -de la banca, del juzgado…- le triturará sin el más mí­nimo resquicio de misericordia, hasta embargarle su vivienda, o incluso meterlo en la cárcel. Pero si esto le ocurre a la banca, el gobierno de Zapatero, el mismo que no mueve un dedo para ayudar a los parados cuyas viviendas son embargadas, esta allí­ para rescatarla. La reforma de la ley concursal aprobada por el gobierno está tan escandalosamente hecha a medida de los intereses de la gran banca, que incluso ha provocado la protesta del mundo judicial.
Nueve de cada diez pymes que se ven obligadas a declararse en suspensión de pagos –ahora llamado proceso concursal- acaban desapareciendo. Pero eso no parece importarle a Zapatero, que acaba de reformar la ley concursal con el único objetivo de que la banca cobre.
El desplome de la construcción ha hecho quebrar a muchas constructoras e inmobiliarias, incapaces ahora de devolver los cuantiosos créditos que los bancos les habían concedido. Representando un notable riesgo para la banca
En primer lugar, la antigua ley concursal habilitaba al juez para excluir los procesos de renegociación de deuda previos a la quiebra. Con lo que colocaba a los bancos –que habían refinanciado la deuda con todas las constructoras- en el último lugar a la hora de cobrar.
Zapatero le ha arreglado el problema a la banca. Con la nueva ley concursal esas refinanciaciones de deuda estarán protegidas y no podrán ser anuladas ni los bancos perder las viviendas que se habían apropiado como garantía.
Botín y compañía afrontaban otro riesgo. Ante la incapacidad de constructoras o inmobiliarias para devolver los créditos, los bancos han canjeado la deuda por acciones de la empresa. Si las compañías del ladrillo quebraban, los bancos, transformados en entidades accionistas, podrían ver nuevamente relegado el cobro de sus créditos por su condición de socios.
Zapatero ha vuelto a dar satisfacción a la banca. Con la reforma de la ley concursal, esto sólo se produce si las entidades son ya accionistas en el momento en el que conceden sus créditos, y no después, como ha ocurrido con la relación entre la banca y la construcción.
Se trata, pues, de una reforma “ad hoc” que recoge todas las propuestas hechas por la principal patronal bancaria (AEB), pensada para proteger los intereses del capital financiero.
Tan explícito y escandaloso ha sido el regalo de Zapatero, que fuentes judiciales consideran que la reforma está diseñada sólo para las grandes operaciones y da excesivas garantías a la banca.
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