Pierde un millón y medio de votos en las encuestas

La crisis pasa factura al PSOE

El gobierno no tomó ninguna medida que amortiguara las peores consecuencias de la crisis para las familias y los trabajadores. Esto no pueden perdonarlo ni los que trabajan ni los que ya están en paro

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01-04-2009
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Según las últimas encuestas publicadas, un año después de las elecciones generales, el PSOE perderí­a un millón y medio de votos. La causa obvia de este descenso en la proyección de votos que recibirí­a el PSOE reside sin ninguna duda en la falta de credibilidad del Gobierno de Zapatero ante la sociedad española. Porque entre sus palabras y sus hechos media un abismo. Porque no se debe olvidar que hasta finales del 2008, pretendiendo ocultar la realidad, Zapatero se negaba a emplear la palabra crisis o, hasta hace unos meses, afirmaba que no se llegarí­a a los 4 millones de parados. Lo único que se pretendí­a era ganar tiempo. ¿Para qué? ¡Para salvar a la banca! Sabiendo las caracterí­sticas de la crisis que se nos echaba encima, el gobierno no tomó ninguna medida que pudiera amortiguar las peores consecuencias de la crisis para las familias y los trabajadores. Y esto no pueden perdonarlo ni los que trabajan ni los que ya están en paro. Según las últimas encuestas publicadas, un año después de las elecciones generales, el PSOE perderí­a un millón y medio de votos. La causa obvia de este descenso en la proyección de votos que recibirí­a el PSOE reside sin ninguna duda en la falta de credibilidad del Gobierno de Zapatero ante la sociedad española. Porque entre sus palabras y sus hechos media un abismo. Porque no se debe olvidar que hasta finales del 2008, pretendiendo ocultar la realidad, Zapatero se negaba a emplear la palabra crisis o, hasta hace unos meses, afirmaba que no se llegarí­a a los 4 millones de parados. Lo único que se pretendí­a era ganar tiempo. ¿Para qué? ¡Para salvar a la banca! Sabiendo las caracterí­sticas de la crisis que se nos echaba encima, el gobierno no tomó ninguna medida que pudiera amortiguar las peores consecuencias de la crisis para las familias y los trabajadores. Y esto no pueden perdonarlo ni los que trabajan ni los que ya están en paro.
Pero toda esa gran cantidad de votos no se van al PP, que se convertiría en el partido más votado pero con menos votos que en las últimas elecciones. Esto sería un poco más de un punto de diferencia con el PSOE. La abstención sería una alternativa mucho más numerosa que el cambio de voto del PSOE al PP. Todo esto es expresión de que la crisis está dejando su rastro por las calles. Rastro que va pidiendo que se cambie el sistema financiero, la actitud de la clase política y que se abandonen las políticas demagógicas y se adopten medidas eficaces para aliviar los efectos de la crisis. Porque los políticos se han apartado de la ciudadanía. Y las ciudadanos de a pie empiezan a salir a la calle. De momento, tanto los autónomos como los estudiantes.
 
Sólo Unión Progreso y Democracia (UPyD) mejoraría muy significativamente sus resultados electorales. En concreto, el partido de Rosa Díez podría llegar a triplicar su representación parlamentaria actual y conseguir tres diputados gracias a casi 800.000 votantes. Igualmente se manifiesta en que Rosa Díez sería la dirigente mejor valorada, con un 4,78; mientras la valoración de Zapatero caería hasta el 4,6 y Rajoy con un 4,44. UPyD tiene la oportunidad y el reto de ser la alternativa que, contando con la creciente confianza de los ciudadanos españoles, plantee, en la campaña de las elecciones europeas, las medidas que ayuden a alumbrar un nuevo modelo de crecimiento productivo y cualificado, capaz de generar riqueza y empleo. Porque poniendo paños calientes al paro y entregando los recursos del Estado a los mismos que montaron el modelo del ladrillo no se puede cambiar a otro modelo favorable a los intereses del conjunto de la población y de España como país unido y fuerte.
 
Es preciso un programa nacional y popular para la redistribución de la riqueza ajustando las escalas de salarios e impuestos; para la inversión y reinversión productivas de las empresas; para el ahorro y la simplificación de las administraciones públicas, y un plan de I+D+i con alternativas energéticas. Y acabar con las cuatro grandes dependencias que nos atenazan: la dependencia financiera, la dependencia de unos pocos mercados, la dependencia energética, y la dependencia de las cuotas y limitaciones impuestas por Bruselas.
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