El Gobierno usa la polí­tica penitenciaria para dividir a ETA

Dar las armas, nada más

Pero si juega a transmitir la idea de posible negociación "polí­tica", es absolutamente condenable. Sólo se puede hablar con ETA de cómo se rinde y dónde deja las armas, de las medidas para disolverse

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29-03-2009
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El Gobierno, a través de informaciones interesadas y analistas "adivinatorios", está divulgando su "nueva" polí­tica penitenciaria hacia el colectivo de presos de ETA. Consistirí­a en el progresivo traslado de presos veteranos, pero "disidentes", de ETA a la carcel de máxima seguridad de Zuera (Zaragoza). De esta manera, favorecerí­a la "disidencia" en presos históricos de ETA, con delitos de sangre, con el objetivo de dejar claro al resto de presos etarras lo inútil de seguir apoyando las actividades terroristas. Por supuesto que es bueno que se den disensiones entre los presos etarras y que se influya con la polí­tica penitenciaria de acercamiento o alejamiento. Pero si juega a transmitir la más mí­nima idea de posible negociación "polí­tica", es absolutamente condenable. Sólo se puede hablar con ETA de cómo se rinde y dónde deja las armas, de las medidas para su disolución. El Gobierno, a través de informaciones interesadas y analistas "adivinatorios", está divulgando su "nueva" polí­tica penitenciaria hacia el colectivo de presos de ETA. Consistirí­a en el progresivo traslado de presos veteranos, pero "disidentes", de ETA a la carcel de máxima seguridad de Zuera (Zaragoza). De esta manera, favorecerí­a la "disidencia" en presos históricos de ETA, con delitos de sangre, con el objetivo de dejar claro al resto de presos etarras lo inútil de seguir apoyando las actividades terroristas. Por supuesto que es bueno que se den disensiones entre los presos etarras y que se influya con la polí­tica penitenciaria de acercamiento o alejamiento. Pero si juega a transmitir la más mí­nima idea de posible negociación "polí­tica", es absolutamente condenable. Sólo se puede hablar con ETA de cómo se rinde y dónde deja las armas, de las medidas para su disolución.
Según las fuentes interesadas, el Gobierno habría iniciado en las cárceles, ya desde otoño, una política en la lucha contra el terrorismo. Trataría de aprovechar la existente “disidencia” hacia la dirección de ETA por la continuidad de la actividad terrorista, que estaría creciendo entre los reclusos etarras y superaría el 50% del colectivo, que actualmente se eleva a unos 750 reclusos. “Disidencia” que la dirección de ETA estaría intentando controlar mediante la amenaza de expulsar del colectivo y de no beneficiarse de las ayudas a los presos que gestionan Gestoras pro Amnistía.
Recordemos que estas Gestoras cobran de los presupuestos públicos del gobierno autonómico del PNV, presidido por Ibarretxe, a través de las ayudas que se convocan todos los años, y que, escandalosamente, este año el gobierno en funciones lo ha adelantado antes de tener que desalojar Ajuria Enea.
Este aumento del control de ETA sobre el colectivo de presos, estaría, según estas informaciones interesadas, impidiendo que el malestar de los presos etarras contra la dirección se manifestara con toda su fuerza. Aunque estamos hablando de veteranos etarras, la mayoría de ellos ex dirigentes muy importantes de la banda o activistas con delitos muy graves. El objetivo de usar la cárcel de Zuera (Zaragoza) como lugar de concentración sería contribuir, a través del colectivo de presos, a que ETA abandone el terrorismo. Pero los analistas “adivinatorios” valoran que Zapatero y Rubalcaba consideran que ETA ha entrado en fase terminal. E introducen la funesta idea de que esta “disidencia” es producto del “proceso de fin dialogado”, por lo que hubiera sido un éxito a medio plazo aunque fuera un fracaso obvio a corto plazo. Lo que realmente supuso fue el fortalecimiento de ETA por ser reconocida como interlocutor político con el que había algo que negociar. Hay que exigir que no vuelva a plantearse una negociación con ETA.
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