Obama anunciará un plan de rescate para el sector del automóvil

Modernizarse o morir

"Si no están dispuestos a hacer los cambios y las reestructuraciones necesarias, no estoy dispuesto a despilfarrar el dinero del contribuyente", declaró Obama.

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28-03-2009
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Uno de los sectores estratégicos de EEUU, el de la automoción, atraviesa por una situación extremadamente compleja. Su colapso tendrí­a consecuencias catastróficas para la maltrecha economí­a norteamericana. Por ello, la Casa Blanca anunciará el lunes un plan de rescate para la industria del motor. Sin embargo, no es un cheque el blanco. A cambio del dinero público, el gobierno exigirá a General Motors y a Chrysler, los dos gigantes que han solicitado ayuda, una reestructuración profunda para ser más competitivas. Uno de los sectores estratégicos de EEUU, el de la automoción, atraviesa por una situación extremadamente compleja. Su colapso tendrí­a consecuencias catastróficas para la maltrecha economí­a norteamericana. Por ello, la Casa Blanca anunciará el lunes un plan de rescate para la industria del motor. Sin embargo, no es un cheque el blanco. A cambio del dinero público, el gobierno exigirá a General Motors y a Chrysler, los dos gigantes que han solicitado ayuda, una reestructuración profunda para ser más competitivas.
El portavoz de la Casa Blanca, Robert Gibbs, indicó que el grupo de trabajo designado por Obama para el sector de la automoción está dando los últimos toques a la propuesta, que será presentada el lunes por el presidente. El objetivo del plan, explicó Gibbs, es lograr un "sector viable", aunque matizó que la viabilidad dependerá de una reestructuración "que le permita competir en un clima económico global muy cambiado, y hacerlo sin recurrir continuamente a la ayuda del Gobierno". En el mismo sentido, Barack Obama declaró que la industria del automóvil ha de reestructurarse para poder optar a las ayudas del plan. "Si no están dispuestos a hacer los cambios y las reestructuraciones necesarias, no estoy dispuesto a despilfarrar el dinero del contribuyente", declaró, agregando que el plan de rescate "dependerá de su voluntad de adoptar cambios bastante drásticos".
 
 
Los datos avalan la posición de exigencia de la Casa Blanca: el sector automovilístico en EEUU ha pasado de vender 16 millones de unidades nuevas al año a nueve millones. Dos de los "Tres Grandes" de Detroit, General Motors y Chrysler, han pedido 21.600 millones de dólares en asistencia federal, además de los préstamos de emergencia valorados en 17.400 millones de dólares que se les concedieron en diciembre. El tercer gigante automovilístico, Ford, ha indicado que puede hacer frente a la crisis sin recurrir a la ayuda del Gobierno.
 
 
No parece que sea un farol del gobierno. General Motors (GM) y Chrysler tienen hasta el 31 de marzo para presentar al Departamento del Tesoro sus planes de reestructuración en los que expliquen cómo van reconvertir las empresas para ser rentables y devolver los préstamos concedidos. Si Washington considera que los planes no son realistas, el Gobierno estadounidense les dejará de prestar ayuda económica. La prensa norteamericana afirma que aunque la Administración Obama parece decidida a ampliar la ayuda financiera, también ha indicado que la opción de la bancarrota es factible.
 
 
La administración Obama parece dispuesta a velar por los intereses de conjunto de la clase dominante norteamericana, antes que los intereses particulares de estos dos titanes del automóvil. Al igual que en la crisis del 29, la intervención del Estado se revela como la clave para imponer e impulsar las transformaciones necesarias en los sectores productivos, que sólo pueden ser en un sentido: la concentración de capital, para tratar de que este sector estratégico salga fortalecido tras la recesión.
 
No hay otra opción para la burguesía monopolista norteamericana si quieren seguir siendo una superpotencia: modernizarse o morir
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