Rusia anuncia despliegue militar en el Ártico

La militarización del Ártico

El Kremlin pretende sacar del Ártico todo lo que Rusia necesitará en el siglo XXI en "hidrocarburos, recursos biológicos marinos y materias primas estratégicas".

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28-03-2009
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La región ártica es rica no sólo en gas y petróleo, sino también en oro, diamantes y numerosos metales. De ahí­ el deseo de Rusia (y de los otros paí­ses de la zona) en esforzarse por obtener la soberaní­a sobre la mayor cantidad posible de kilómetros cuadrados en el Ártico. La región ártica es rica no sólo en gas y petróleo, sino también en oro, diamantes y numerosos metales. De ahí­ el deseo de Rusia (y de los otros paí­ses de la zona) en esforzarse por obtener la soberaní­a sobre la mayor cantidad posible de kilómetros cuadrados en el Ártico.

Rusia planea aumentar su presencia militar en el Ártico para resguardar la seguridad de la amplia región rica en minerales, dijo el Kremlin en un documento estratégico publicado esta semana.

Rusia, cuya economí­a depende de las exportaciones de petróleo, gas y metales, habí­a antes reclamado su parte de la plataforma del Ártico, en donde expertos aseguran hay grandes reservas minerales.

El documento señaló que Moscú crearí­a nuevas formaciones de tropas en la zona del Artico "capaces de resguardar la seguridad militar en diferentes situaciones militares y polí­ticas".

Rusia responderá a cualquier intento de militarizar el Ártico, dijo el lunes el jefe de las Fuerzas Armadas del paí­s según lo citó una agencia de noticias rusa durante una visita a Abu Dh abi.

"En conjunto, estamos analizando hasta qué punto será militarizada la región. Dependiendo de eso, luego decidiremos qué hacer", dijo el jefe del Estado Mayor ruso, general Nikolai Makarov, según lo citó la agencia de noticias Interfax.

El Kremlin pretende sacar del Ártico todo lo que Rusia necesitará en el siglo XXI en "hidrocarburos, recursos biológicos marinos y materias primas estratégicas", según se afirma en el documento del consejo de seguridad que aparentemente fue aprobado en otoño pasado pero del que no se tuvo noticia hasta ayer.

La región ártica es rica no sólo en gas y petróleo, sino también en oro, diamantes y numerosos metales. De ahí­ el deseo de Rusia (y de los otros paí­ses de la zona) en esforzarse por obtener la soberaní­a sobre la mayor cantidad posible de kilómetros cuadrados en el Ártico. El Kremlin pretende ganar el control sobre 1,2 millones de kilómetros cuadrados de plataforma continental adicional. Y aunque por ahora las enormes riquezas que hay en esa zona no están al alcance de nadie, el derretimiento de los hielos (en las dos últimas décadas éstos se han reducido en un 20%) junto con el progreso técnico está acercando a pasos agigantados el dí­a en que será posible explotarlas.

Todos los paí­ses que se asoman a la región ártica (EE. UU, Rusia, Canadá, Noruega y Dinamarca, gracias a Groenlandia) reclaman su derecho a zonas mayores o menores en el área. El reparto de las riquezas se traducirá a buen seguro en una lucha, cuando menos legal.

El asunto va mucho más allá. Mientras la explotación de las reservas de petróleo tardará, algunos expertos estiman que Moscú está interesado por las nuevas ví­as marí­timas creadas por el deshielo, que posiblemente podrí­an navegar a partir del 2020.

Nuevas rutas ya han aparecido. En septiembre pasado, la Agencia Europea del Espacio avisó que la ruta más directa entre los océanos Atlántico y Pací­fico a través del Paso del Noroeste se habí­a quedado abierta por primera vez desde que la zona comenzó a ser observada hace casi 20 años.

Es claro el movimiento se acelera ya a Dinamarca le están montando movimientos secesionistas en Groenlandia, en Canadá se ponen en conflicto los intereses de la población y su desarrollo con movimientos ecologistas que de repente han aparecido en la zona.

El pasado 27 de febrero, el ministro de Defensa canadiense, Peter MacKay, desveló de forma imprevista que cazas canadienses interceptaron un bombardero ruso en el Artico, en las cercaní­as del espacio aéreo canadiense, un dí­a antes de la visita del presidente estadounidense Barack Obama a Ottawa.

MacKay insinuó que Rusia intentó probar la fortaleza de las defensas aéreas norteamericanas lo que fue tajantemente desmentido por Moscú quien dijo que el bombardero ruso nunca estuvo a menos de 200 kilómetros de distancia del espacio aéreo canadiense, y que la misión habí­a sido comunicada a las autoridades norteamericanas.

Durante el conflicto que en agosto del 2008 enfrentó a Rusia y Georgia, Ottawa se alineó con la república caucásica y el primer ministro canadiense, Stephen Harper, expresó su preocupación por lo que denominó la nueva 'mentalidad de la era soviética' de Moscú.

En el Ártico, el enfrentamiento entre Canadá y Rusia se aceleró a partir de agosto del 2007 cuando dos minisubmarinos plantaron una bandera rusa en el fondo del océano Ártico.

El año pasado Ottawa anunció un ambicioso programa de renovación de sus fuerzas militares que incluye el establecimiento de una base permanente en las regiones árticas del paí­s.

Canadá ha identificado sus reivindicaciones territoriales en el Artico como uno de los principales enfoques de su polí­tica militar.

Los movimientos por el dominio de esta zona de mundo empiezan a ser cada vez más evidentes. El año pasado, Rusia colocaba su bandera a 4.200 metros de profundidad del océano Ártico para hacer evidente su control sobre una vasta cordillera submarina de la zona. Canadá está construyendo naví­os patrulleros para defender su soberaní­a en el Ártico; Estados Unidos ha anunciado la fabricación de dos nuevos barcos polares; y Dinamarca ha enviado una misión para saber hasta donde puede llegar por Groenlandia.

En este sentido, algunos polí­ticos europeos han advertido de que el control del Ártico podrí­a provocar conflictos entre Europa y Rusia. Por ejemplo, Noruega lleva décadas de disputas sobre las fronteras en el Mar de Barents, donde los rusos cuentan con el gigantesco campo de gas Shtokman. Por su parte, los noruegos han puesto en marcha recientemente el proyecto Snohvit, un sistema de extracción de gas por licuefacción y captura del CO2 sobrante.

El deshielo del Ártico se ha combinado con la incesante búsqueda de fuentes de energí­a para provocar una nueva "fiebre del oro" en el Polo Norte, que incluso ha causado roces diplomáticos entre cinco paí­ses que comparten esta frontera: Estados Unidos, Canadá, Rusia, Noruega y Dinamarca.

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