Literatura

Doctor Pasavento

Enrique Vila-Matas recibe el Premio Mondello por su última novela, inspirada en la figura del escritor suizo Robert Walser

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27-03-2009
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"Doctor Pasavento", la última novela del escritor barcelonés Enrique Vila-Matas, ha obtenido el galardón especial del jurado del 35 Premio Mondello-Ciudad de Palermo, uno de los más prestigiosos de Italia. í‰ste es el tercer gran reconocimiento que recibe esta obra, publicada en 2005, tras recibir en años pasados el premio Fernando Lara de novela y el de la Real Academia de la Lengua Española en 2006. "Doctor Pasavento", la última novela del escritor barcelonés Enrique Vila-Matas, ha obtenido el galardón especial del jurado del 35 Premio Mondello-Ciudad de Palermo, uno de los más prestigiosos de Italia. í‰ste es el tercer gran reconocimiento que recibe esta obra, publicada en 2005, tras recibir en años pasados el premio Fernando Lara de novela y el de la Real Academia de la Lengua Española en 2006.
Para el jurado del galardón italiano, la novela de Vila-Matas es una “vasta, provocadora y personalísima obra narrativa, intimista y experimental, elegante y descarada, un auténtico fenómeno de absoluta originalidad en la literatura española actual”. Este premio ya lo habían recibido con anterioridad dos escritores españoles, Javier Marías y Bernardo Atxaga.

En “Doctor Pasavento” (publicado en España por editorial Anagrama), Vila-Matas construye la historia de un personaje obsesionado por seguir el destino de Robert Walser, hasta el extremo de adoptar su estrategia para “desaparecer”.

En efecto, el héroe moral del escritor y doctor Pasavento es Robert Walser, de quien admira su afán por pasar desapercibido, la vida de “bella infelicidad” que llevó y la extrema repugnancia que le producía el poder y la grandeza literaria. Perseguir el destino de ese escritor significa para Pasavento retirarse del mundo, como lo prueba esa caligrafía suya que se va haciendo cada vez más microscópica y le lleva a sustituir el trazo de la pluma por el del lápiz porque siente que éste se encuentra más cerca de la desaparición, del eclipse.

“No escribo para ser fotografiado”, dice en cierta ocasión el doctor Pasavento. Quiere apartarse, y un día desaparece. Cree que indagarán, que le sucederá lo que a Agatha Christie cuando la buscaron por toda Inglaterra a lo largo de once días y al final fue encontrada. Pero al doctor Pasavento no le busca nadie y poco a poco va imponiéndose esta sencilla verdad: nadie piensa en él.

Le veremos entonces recurrir a la estrategia de la renuncia: el acto extremo con el cual algunos raros escritores se aseguran el único modo de captar el destello de la vida plena e inexpresable, no sofocada por el poder. Le veremos renunciar al “yo”, a su grandeza y a su supuesta dignidad, y hasta creer que está encarnando por sí solo la historia de la desaparición del sujeto en Occidente. “Lo que yo quiero es seguir existiendo sin ser molestado”, dice el doctor Pasavento, y luego, de forma algo contradictoria, se pregunta si será capaz de vivir sin que nadie se acuerde, ni lejanamente, de que existe. Viaja al manicomio suizo donde Walser vivió tantos años apartado voluntariamente del mundo y se acerca al ejercicio de un arte muy peculiar y en el que su escritor más admirado fue un consumado maestro: el arte de convertirse en nada.

Amén de una admirable novela por sí misma, “Doctor Pasavento” es, por otra parte, el cierre, el punto y final, a una trilogía –jamás diseñada ni presentada ni avalada por Vila-Matas como tal, pero en cierta forma obvia–, y que junto a “Bartleby y compañía” y “El mal de Montano”, configuran el núcleo esencial de la narrativa del escritor barcelonés, una gran obra sobre la escritura y sus patologías, sobre la literatura y la vida, que es una de las cumbres de la narrativa en lengua española del último decenio, una obra sólo comparable en su magnitud y en su ambición a otras dos obras maestras: “Tu rostro mañana”, de Javier Marías, y “2666”, de Roberto Bolaño.
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