La crisis en Europa del Este hace caer los gobiernos de tres paí­ses.

El corralito del Este a punto de estallar

Los sistemas financieros de los paí­ses de Europa del Este se están derrumbando aceleradamente, sin que sus gobiernos tengan los recursos ni la capacidad para sostenerlos, como en Europa occidental.

0
0 votos
26-03-2009
Publicidad
Un comunicado oficial colgado en la web del Ministerio de Comercio de China recomienda a los ciudadanos de ese paí­s que no elijan Polonia, Rumaní­a, Ucrania u otros paí­ses del Centro y Este de Europa si están dispuestos a emigrar. La causa esgrimida es la crisis económica y el parón en la construcción.
 Dos jóvenes pasan junto a un escaparate que anuncia descuentos del 80 por ciento, en el centro de Bucarest. EFE
Dos jóvenes pasan junto a un escaparate que anuncia descuentos del 80 por ciento, en el centro de Bucarest. EFE
Un comunicado oficial colgado en la web del Ministerio de Comercio de China recomienda a los ciudadanos de ese paí­s que no elijan Polonia, Rumaní­a, Ucrania u otros paí­ses del Centro y Este de Europa si están dispuestos a emigrar. La causa esgrimida es la crisis económica y el parón en la construcción.
Las turbulencias que trajo consigo el crac económico mundial hicieron caer los gobiernos de tres paí­ses de Europa del Este. Los Ejecutivos de Letonia, Hungrí­a y la República Checa se vieron acorralados por sus elevadas deudas externas y sus altos defí­cits públicos.

La corona checa cayó luego de que el partido del primer ministro, Mirek Topolanek, perdiera una moción de censura presentada por la oposición por su gestión de la situación económica. Según las fuentes, un equipo de expertos gobernará el paí­s hasta 2010, cuando se convoque a nuevas elecciones. Adelantar los comicios serí­a "complicado".

El primer ministro húngaro, Ferenc Gyurcsany, quien hace mucho estaba en el ojo de la tormenta por no conseguir que su paí­s creciera al ritmo de sus vecinos, decidió renunciar porque cree que su continuidad puede ser un obstáculo en la recuperación económica. El presidente de ese paí­s, Laszlo Solyom, solicitó que se adelanten las elecciones, previstas para 2010.

En Hungrí­a, muchos propietarios de casas pidieron prestado dinero del exterior y tienen sus pagos hipotecarios denominados en euros. Como ha caí­do el valor del florí­n, eso ha aumentado dramáticamente el coste de los pagos mensuales de la hipoteca, con lo que los impagos y las confiscaciones de casas están creciendo.

El más inestable de estos paí­ses es Letonia, que acaba de formar su 15° gobierno, una coalición de seis partidos. Además, recibirá ayuda de urgencia del Fondo Monetario Internacional (FMI), por U$S 100.000 millones.

Rumania se convirtió ayer en el tercer paí­s de la zona que recibe ayuda de urgencia del Fondo, en colaboración con la UE y el Banco Mundial, en forma de préstamos por unos 27.000 millones de dólares. Hungrí­a ha recibido ayudas por otros 34.000 millones. En la cumbre europea celebrada la semana pasada, la UE duplicó el lí­mite máximo del mecanismo comunitario de ayuda financiera a las economí­as del Este hasta llegar a los 88.000 millones.

La caí­da de Mirek Topolanek, el primer ministro checo que encabeza la Unión Europea, ha generado problemas internos ante la inminente ratificación del Tratado de Lisboa, pendiente de su aprobación por el Senado en Praga. El presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durao Barroso, tuvo que ponerse de rodillas ante un Topolanek que habí­a hecho saber hace dí­as que si él caí­a su partido bloquearí­a la ratificación. "Pedimos a todos los dirigentes polí­ticos checos que no tomen como rehén al Tratado de Lisboa", imploró Barroso.

"Espero que no se utilice la polí­tica interna para poner en tela de juicio el tratado". En la República Checa, izquierda y derecha han elegido el Tratado de Lisboa y el escudo antimisiles acordado por Topolanek con George Bush como campos de batalla en los que no hacer prisioneros. A la negativa de la izquierda a aceptar el acuerdo sobre misiles, responde la derecha negándose a aceptar Lisboa.

Los sistemas financieros de los paí­ses de Europa del Este se están derrumbando aceleradamente, sin que sus gobiernos tengan los recursos ni la capacidad para sostenerlos, como en Europa occidental. Paí­ses como Letonia ya están en una situación de quiebra. En Ucrania, la producción industrial está en caí­da libre, la inflación ascendió al 22.3% (la más alta de Europa) en 2008, y las inversiones extranjeras han desaparecido. En Rusia, que intentaba pelear un espacio de potencia regional, en noviembre la producción cayó 6%, en diciembre, un 8%, y el retroceso acumulado de la producción en los últimos seis meses llega al 35,5%.

Estos paí­ses no tienen medios para levantar a sus gigantes económicos, bancarios y automotrices, como sí­ están haciendo las grandes potencias europeas. Las monedas de Europa del Este pierden valor, y como muchos ciudadanos y empresas se habí­an endeudado en euros y francos suizos, ahora se ven imposibilitados a devolver sus préstamos. Desde el verano, el zloty polaco ha caí­do con respecto al euro un 48 por ciento, el forint húngaro un 30% y la corona checa un 21%.

El problema para la UE es que la caí­da de los bancos del Este arrasarí­a también a los del Oeste, muy expuestos en los mercados polacos, húngaro, checo, rumano o de los paí­ses bálticos. En total, la banca de Europa Occidental tiene hasta 1,5 billones de euros invertidos en la Europa Central y oriental. Sólo Austria, el más expuesto, unos 220.000 millones de euros, el equivalente a tres cuartas partes de su PIB.

Esta situación ya está teniendo varios efectos. Por un lado, debilita a los gobiernos prooccidentales, ya mencionamos la caí­da del de Letonia, al mismo tiempo que los obliga a descargar duros ataques contra los trabajadores, por la ví­a de la inflación que generan las devaluaciones, reducción de conquistas sociales, y un acelerado aumento del desempleo. Por el otro, ha generado lo que la prensa describió como "algunas de las mayores movilizaciones y huelgas de los últimos 20 años.

Alemania y Francia ya han reconocido públicamente que están abiertas a ayudar a cualquiera de estos paí­ses que así­ lo necesite. En concreto, la canciller Angela Merkel reconoció que «no se negará a fortalecer al FMI, de ser necesario, si algunos paí­ses estuviesen en problemas». Y no se trata de un gesto de generosidad, sino de valoración de riesgos. La solidaridad intracomunitaria es, sin duda, mucho más barata que la quiebra de alguno de los paí­ses de la Unión, pues ello pondrí­a en la picota, nada más y nada menos, que la moneda única.

¿Qué te ha parecido el artículo?
Publicidad