Los servicios secretos de Pakistán (ISI) financian a los Talibanes

Los Talibanes una creación del ISI

El Wall Street Journal también afirma que Estados Unidos ha preparado una ampliación de los ataques con aviones sin piloto dentro de Pakistán

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26-03-2009
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El New York Times informa de que "incluso hay indicios de que agentes de la ISI (la dirección de los servicios secretos de Pakistán) se reúnan a menudo con los comandantes talibanes para discutir las operaciones que (éstos) están planificando" en Afganistán. El New York Times informa de que "incluso hay indicios de que agentes de la ISI (la dirección de los servicios secretos de Pakistán) se reúnan a menudo con los comandantes talibanes para discutir las operaciones que (éstos) están planificando" en Afganistán.
Los servicios secretos paquistaní­es siguen aportando dinero, material bélico y asesoramiento a los talibanes y otros insurgentes en Afganistán, informaron hoy dos diarios de EEUU.

El New York Times informa de que "incluso hay indicios de que agentes de la ISI (la dirección de los servicios secretos de Pakistán) se reúnan a menudo con los comandantes talibanes para discutir las operaciones que (éstos) están planificando" en Afganistán.

Los gobiernos occidentales tienen las relaciones entre la ISI y los talibanes asumidas, según el diario, que cita a funcionarios no identificados de los servicios secretos de EEUU y de Pakistán.

Estos lazos se dan por hecho hasta tal punto que "el Gobierno británico ha enviado varios despachos a Islamabad en los últimos meses pidiendo que la ISI emplee sus reuniones sobre la estrategia con los talibanes para persuadir a los comandantes a reducir el nivel de violencia en Afganistán ante la celebración en agosto próximo de las elecciones presidenciales".

Según el rotativo financiero The Wall Street Journal, los grupos insurgentes que reciben ayuda de Pakistán incluyen el Hizb-e-Islami del ex primer ministro Gulbudin Hekmatiar y una facción de los talibán fiel al ex ministro de Justicia Jalaludin Haqqani.

Tanto Hekmatiar como Haqqani fueron patrocinados de la CIA en los años 80, durante la ocupación soviética de Afganistán.

El Wall Street Journal también afirma que Estados Unidos ha preparado una ampliación de los ataques con aviones sin piloto dentro de Pakistán, sobre todo en las zonas tribales fronterizas con Afganistán, pero quizá incluyendo también blancos dentro de la provincia de Baluchistán, que también tiene frontera con Afganistán, pero más al sur.

Estos ataques ya se han cobrado las vidas de muchos civiles y han sido motivo de repetidas protestas por parte de los gobiernos del actual presidente paquistaní­, Asif Ali Zardari y de su antecesor, Pervez Musharraf

Uno de los servicios clave del Ejército. El ISI tuvo un papel determinante en el apoyo de los talibanes afganos tras la retirada soviética en 1989 y en los años posteriores. También estuvo vinculado a los golpes de Estado; el último en 1999, que llevó al poder a Pervez Musharraf.

La ambigüedad del ISI en la lucha contra el terrorismo, financiada generosamente por Washington, ha despertado numerosas dudas sobre su posible doble juego y su verdadero poder, y mucho se ha escrito sobre ello. Por ejemplo, Bernard-Henry Lévy, después de su larga investigación recogida en¿Quién mató a Daniel Pearl?, considera probable la hipótesis de que el secuestro y asesinato del periodista norteamericano del Wall Street Journal, ocurrido en el 2002, hubiera sido un episodio más del pulso "entre el Estado y el Estado dentro del Estado que son sus servicios secretos". La tesis del pensador francés es que la relación entre el ISI y Al Qaeda "está a la orden del dí­a, tanto en la vida diaria como en la polí­tica," que existe un eje entre estas dos fuerzas"que dominan Pakistán y nadie sabe ya decir cuál manda en cuál".

En Washington, la entrega a EEUU de numerosos dirigentes de Al Qaeda por parte de los servicios secretos paquistaní­s habí­a aplazado la pregunta: "¿Quién controla el ISI?". Al final, el propio presidente George W. Bush la planteó directamente a Gilani cuando éste visitó la Casa Blanca el 28 de julio. Los servicios estadounidenses habí­an llegado a la conclusión de que el ISI habí­a ayudado a los autores del atentado contra la embajada de India en Kabul que dejó más de 50 muertos el pasado 7 de julio, y de ayudar a los talibanes a ambos lados de la frontera.

Temiendo quizá la pregunta, el Gobierno paquistaní­ anunció poco antes de que Gilani llegara a EEUU que el ISI pasarí­a a depender del ministerio del Interior. Sin embargo, a la mañana siguiente hubo que dar marcha atrás. El ISI solo iba a"reforzar su cooperación con el Gobierno".

Los talibanes afganos son una creación del ISI, que les procuró dinero, asesora-miento, logí­stica y cuadros desde que nacieron hasta mediados de los 90. Islamabad pensaba que con ellos se acabarí­a la guerra civil que se desató en Afganistán tras la retirada de las fuer-zas soviéticas, y que podrí­a valerse de ellos para garantizarse la preeminencia estratégica en la zona.

Es bien conocida la importancia del adoctrinamiento islamista en Pakistán, adoctrinamiento llevado a cabo sobre todo en las miles de escuelas coránicas o madrazas la mayorí­a financiadas con dinero saudí­ canalizado através del ISI, y que han servido de caldo de cultivo a una oposición radicalizada y con capacidad para disputarle al Gobierno la autoridad en determinados temas y en amplias zonas del territorio.

Para los servicios secretos pakistaní­es (ISI) resulta muy difí­cil tener que atacar a su mayor creación: el Talibán. El ISI quisiera mantener a los talibanes o crear un ala moderada.

Los talibanes afganos han sido tradicionalmente apoyados por el aparato de seguridad paquistaní­ como fuerzas de interposición en el enfrentamiento asimétrico por la lucha de influencia en la región, en particular frente a la India -el primero como vehí­culo de las aspiraciones territoriales en Cachemira, los segundos como medio de desestabilizar a un Gobierno afgano crecientemente cercano a la India y de justificar grandes paquetes de ayuda estadounidense para el Ejército de Pakistán.

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