XXXIII Aniversario de las Juntas Militares Argentina

Tres enseñanzas universales de la dictadura argentina

¿Qué enseñanzas podemos extraer los pueblos de un monstruo fascista que llevó a los abismos del terror a toda una nación?

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25-03-2009
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Nadie, ni en sus peores pesadillas, salvo quien lo ha vivido, puede llegar a comprender el auténtico horror que significó la Dictadura Argentina. Las Juntas militares- con Videla a la cabeza- acometieron una limpieza ideológica de 30.000 personas (principalmente militantes de izquierdas, lí­deres populares sindicalistas…) y casi 50.000 fueron torturados. Cinco mil lo fueron en la temible ESMA; de ellos, sólo unos quinientos lograron sobrevivir y los demás fueron arrojados al mar en los "vuelos de la muerte".
 Las Madres y las Abuelas de Plaza de Mayo encabezaron el multitudinario acto del 24 de marzo frente a la casa de gobierno para conmemorar el XXXIII aniversario del golpe.
Las Madres y las Abuelas de Plaza de Mayo encabezaron el multitudinario acto del 24 de marzo frente a la casa de gobierno para conmemorar el XXXIII aniversario del golpe.
Nadie, ni en sus peores pesadillas, salvo quien lo ha vivido, puede llegar a comprender el auténtico horror que significó la Dictadura Argentina. Las Juntas militares- con Videla a la cabeza- acometieron una limpieza ideológica de 30.000 personas (principalmente militantes de izquierdas, lí­deres populares sindicalistas…) y casi 50.000 fueron torturados. Cinco mil lo fueron en la temible ESMA; de ellos, sólo unos quinientos lograron sobrevivir y los demás fueron arrojados al mar en los "vuelos de la muerte".
Pero de este miasma de horror y oscuridad absoluta salió la “luz” de las Madres de la Plaza de Mayo y el movimiento  de lucha contra la impunidad.

Lo que empezó por un grupo de madres que querían saber el paradero de sus hijos, se convirtió en un movimiento social y popular contra los principales centros de poder mundial, que pretendían mantener en la impunidad los crímenes de las Juntas.

De ello podemos extraer enseñanzas impagables para el conjunto de pueblos y países del mundo.
 
Todo Videla tiene detrás su Kissinger.
Fue el movimiento contra la impunidad el que obligó a la desclasificación de los documentos de la CIA que confirmaron la implicación del Departamento de Estado norteamericano en la dictadura.

Decir que Washington "dejó actuar" a las Juntas sería un eufemismo. La dictadura era parte de su estrategia imperialista para el continente. Lo que luego hemos conocido como Plan Cóndor de dictaduras y guerra sucia en Brasil, Chile, Argentina, Uruguay, Paraguay, México y más adelante recrudecida en Guatemala, Nicaragua, Honduras…

Los tiramos locales formaban parte de un único escenario organizado y financiado desde Washington.

Un apoyo añadido fue el de los militares franceses -provenientes de la guerra de Argel- en la formación de técnicas de tortura a los represores argentinos, militares a quienes –incluso- se les acondicionó unas oficinas cerca de las del gobierno militar.

Hemos aprendido que todo dictador local tiene detrás un centro de poder mundial que lo utiliza para sus propios intereses de dominio y explotación.
 
Los pueblos, sólo ellos, pueden acabar con la impunidad de los peores crímenes contra la humanidad. Los juicios contra los militeres y represores son producto de la batalla que desde el inicio de las desapariciones dieron las Madres de la Plaza de Mayo, generando a su alrededor todo un movimiento contra la impunidad compuesto de personas y asociaciones progresistas de todo el mundo.

Tres de sus fundadoras fueron asesinadas por el Alfredo Astiz, "el ángel de la muerte", que hoy es procesado en Argentina.

Los abogados de las causas contra los represores argentinos o contra Pinochet reconocen que es el empeño de las Madres de las Plaza de Mayo y los familiares de las víctimas la razón por la que los procesos continuaban abiertos incluso en los más duros momentos.

¿Qué han conseguido? Gracias al coraje de las Madres que todos los ciudadanos hemos conquistado legislaciones progresistas para juzgar crímenes contra la humanidad.

Antes sólo existía el Tribunal de la Haya donde los centros de poder decidían a quién juzgar y a quién no. Hoy existe la Corte Penal Internacional donde cualquier persona puede llevar a juicio crímenes contra la humanidad.

Los tribunales españoles con el juicio a Pinochet y las Juntas Militares han creado un precedente invaluable. En estos momentos en España se celebran los juicios por los crímenes del Congo, Guatemala, El Salvador, contra el pueblo saharaui, contra la matanza de Gaza… El principio que rige a los trubunales es que los crímenes a la humanidad no prescriben y pueden juzgarse en cualquier lugar del planeta.

Los más importante es que se han creado condiciones no sólo para juzgar a los ejecutores, también a los últimos responsables de Washington o París.
 
Acabar con la impunidad por el presente y el futuro, no por el pasado. Quien se piense que la batalla contra la impunidad es una cuestión de “ajustarle cuentas el pasado” se equivoca. La batalla de la lucha contra la impunidad es realmente una batalla contra el hegemonismo. ¿Cuántos genocidios, intervenciones, desestabilizaciones en Bolivia, Venezuela, Ecuador, el Congo, Ruanda, Zimbawe, Palestina… está perpetrando actualmente la Casa Blanca?
 
Parece mentira, pero durante 30 años el aliento y la energía de este terreno conquistado hoy para la humanidad estuvo depositado en un grupo de Madres que en una plaza se reunían cada jueves exigiendo que se informara el paradero de sus hijos.

Estas son sólo tres de las múltiples enseñanzas que nos lega su heroica lucha.
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