Libros

Ferdydurke

Bolaño definí­a esta novela de Witold Gombrowicz como "uno de los libros más luminosos del siglo XX".

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24-03-2009
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Hace 70 años, en 1937, la editorial polaca Roj daba a la luz un extraño texto de un autor de vanguardia poco o nada conocido en las letras europeas del momento: "Ferdydurke", de Witold Gombrowicz. El libro desató una cierta polémica, porque desafiaba todas las convenciones narrativas y poní­a en solfa todas las tradiciones literarias conocidas, pero aquellas voces iniciales quedaron enmudecidas por el súbito estallido de la guerra, una guerra que comenzó borrando a Polonia del mapa. Hace 70 años, en 1937, la editorial polaca Roj daba a la luz un extraño texto de un autor de vanguardia poco o nada conocido en las letras europeas del momento: "Ferdydurke", de Witold Gombrowicz. El libro desató una cierta polémica, porque desafiaba todas las convenciones narrativas y poní­a en solfa todas las tradiciones literarias conocidas, pero aquellas voces iniciales quedaron enmudecidas por el súbito estallido de la guerra, una guerra que comenzó borrando a Polonia del mapa.
“Ferdydurke” no volvería a salir a flote hasta diez años después, en que se publica en Buenos Aires una traducción castellana de la obra, cuya “historia” (ver el recuadro anexo, de Ricardo Piglia) no es sino una reafirmación del carácter excepcional del texto. En 1964 una nueva edición incluye un prólogo de Sabato y una nota sobre la traducción.

 
Desde entonces, la influencia y el prestigio de “Ferdydurke” no han dejado de crecer. Vila-Matas asegura que “su sombra se proyectó sobre Mayo del 68”. Bolaño lo definía como “uno de los libros más luminosos del siglo XX”. Mientras Sabato alerta de que, detrás de su apariencia de “payasada metafísica y delirante” la novela pone en juego “los más graves dilemas de la existencia humana”.

Aunque había nacido en el seno de una familia acomodada de la nobleza polaca y llegó a cursar la carrera de Derecho –o quizá por ello mismo–, Gombrowicz hizo de las denuncias de los convencionalismos sociales y literarios, de la crítica a la obsesión burguesa por el orden y la forma y de la burla a la ética de la eficacia y el cumplimiento del deber, la columna vertebral de su vida y de su obra.
Ya su primera colección de cuentos –”Memorias del período de la inmadurez” (1933), recibido con indiferencia en el mundillo literario polaco de la época–, hasta en el título rezumaba ese aire de desapego a las convenciones y de elogio a la inmadurez que alcanzaría en su primera novela, “Ferdydurke” (1937), la cima de una obra maestra.

 
Pero si sus cuentos iniciales sólo produjeron indiferencia, “Ferdydurke” logró, desde un principio, dividir y engendrar polémica, entre un grupo de fieles y entusiastas, que la defendieron a muerte, y una espesa mayoría que condenó un texto vanguardista, “arbitrario”, “estrafalario”, que reivindicaba abiertamente la inmadurez, detestaba el reinado de las formas y, encima, criticaba virulentamente el estrecho “nacionalismo” de la sociedad polaca.

Cuando ya comenzaban a apagarse los ecos de esa polémica, Gombrowicz fue invitado por una naviera polaca a inaugurar su línea con Buenos Aires. Cuando Gombrowicz llegó a Argentina, Polonia ya no existía. Había estallado la segunda Guerra Mundial y su país, dividido y ocupado, se hundía en la devastación. Lo que iba a ser una estancia de apenas tres semanas se convirtió en una permanencia de 24 años y el exilio definitivo de Polonia.

 
La conmoción por lo que estaba ocurriendo en Europa, las dificultades para sobrevivir, la miseria y el aislamiento en un país extraño, le llevaron a abandonar la literatura. Pero poco a poco, Gombrowicz fue saliendo de las cenizas, reuniendo en torno suyo (en bares y confiterías, charlando o jugando al ajedrez) un círculo de amigos, de conocidos, de admiradores, de amantes de la literatura, con los cuales acabaría llevando a cabo en 1946 la célebre traducción al español de “Ferdydurke”.

En estos años, Gombrowicz va escribiendo su famoso “Diario” y también nuevas novelas como “Trans-Atlántico” (1952) o “Pornografía” (1960). Gombrowicz, aun sin desearlo y pese a no escribir en castellano, se convierte en un escritor muy influyente en Argentina. Sabato prologa en 1964 una nueva edición de “Ferdydurke”. Ricardo Piglia llegará a escribir , ya en la década de los ochenta, que “Gombrowicz fue el novelista más importante de Argentina en el siglo XX”.

 
En 1963 regresó a Europa, vivió primero en Berlín y luego en Francia, hasta su muerte en 1969. Europa despertó su nostalgia por Argentina. No pudo regresar a Polonia, donde sus obras estaban prohibidas, aunque circulaban intensamente en la clandestinidad. Su reconocimiento como uno de los grandes escritores del siglo XX, un autor de la estirpe de los Kafka, Joyce, Musil o Thomas Mann, sólo le llegaría de forma póstuma.

De su extraordinaria producción literaria, “Ferdydurke” es sin duda su columna vertebral. La hilarante y tragicómica historia de un treintañero que es transformado en un adolescente de quince por decisión del Maestro y Profesor, doctor Pimko, narrada en un lenguaje totalmente alejado de las convenciones literarias “serias y admisibles”, es una obra que abre nuevos horizontes a la creación literaria. Una obra de choque, que rompe todos los moldes, y que leída hoy conserva plenamente vigentes todos sus modales subversivos.
Gombrowicz, que hasta el final desconfió de las “interpretaciones” que se hacían de su obra, escribió para la primera versión castellana un prólogo destinado a “facilitar su lectura”. Allí dice:

 
“Los dos problemas capitales de Ferdydurke son: el de la Inmadurez y el de la Forma. Es un hecho que los hombreas están obligados a ocultar su inmadurez, pues a la exteriorización sólo se presta lo que está ya maduro en nosotros. Ferdydurke plantea esta pregunta: ¿no veis que vuestra madurez exterior es una ficción y que todo lo que podéis expresar no corresponde a vuestra realidad íntima? Mientras fingís ser maduros vivís, en realidad, en un mundo bien distinto. Si no lográis juntar de algún modo más estrecho esos dos mundos, la cultura será siempre para vosotros un instrumento de engaño”.

Y Sabato añade: “No creo arriesgado suponer que lo que Gombrowicz llama la Inmadurez no es otra cosa que el espíritu dionisiaco, la potencia oscura que desde abajo, como fuerza inferior, presiona y a menudo rompe la máscara, es decir la persona, la Forma que la convivencia y la sociedad nos obliga a adoptar. Y así como la Inmadurez es la vida, la Forma es la Madurez, pero también la fosilización, la retórica y en definitiva la muerte”. 

 
“Ferdydurke” es una obra imprescindible, cuyo valor se conserva íntegro y cuya lectura es una delicia que ningún amante de la literatura debe perderse.
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