Selección de prensa internacional

La hora de la acción global

EEUU tiene su parte de responsabilidad por el caos en el que nos encontramos. Pero no tenemos por qué escoger entre un capitalismo caótico e implacable y una economí­a dirigida por el Gobierno y opresiva

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24-03-2009
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La práctica totalidad de los grandes medios de comunicación mundiales reproducen hoy un extenso artí­culo firmado por el presidente norteamericano, Barack Obama, con el objetivo de difundir los objetivos con los que acude EEUU a la cumbre del G-20. Bajo el tí­tulo de "La hora de la acción global", Obama comienza afirmando que la dimensión global de la crisis es tal, que no es posible hacerle frente con soluciones parciales ni con el esfuerzo aislado de cada paí­s. La práctica totalidad de los grandes medios de comunicación mundiales reproducen hoy un extenso artí­culo firmado por el presidente norteamericano, Barack Obama, con el objetivo de difundir los objetivos con los que acude EEUU a la cumbre del G-20. Bajo el tí­tulo de "La hora de la acción global", Obama comienza afirmando que la dimensión global de la crisis es tal, que no es posible hacerle frente con soluciones parciales ni con el esfuerzo aislado de cada paí­s.
Tras una larga introducción de principios generales donde llama a una "acción audaz, amplia y coordinada" cuyo objetivo no sea sólo poner en marcha la recuperación, sino lanzar "una nueva era de compromiso económico", Obama pasa a exponer los principales puntos de actuación de su programa.
En primer lugar, y frente a la timorata reacción de las grandes potencias europeas, más preocupadas por las consecuencias futuras de sus acciones que por el derrumbe actual, Obama plantea la necesidad de actuar como una necesidad urgente. Un hecho en el que coinciden prácticamente todos los expertos mundiales, que aun cuando no estén seguros de cual es el mejor camino a tomar, si coinciden en que la inacción es la peor de las recetas.
En segundo lugar, y ante la rapidísima actuación de los dirigentes chinos –el país que, con diferencia sobre cualquier otro, más recursos públicos, en relación a su PIB, ha comprometido para reactivar y reorientar su economía– Obama afirma que Estados Unidos "está listo para tomar la iniciativa" y para "actuar sin miedo". Los últimos planes presentados por su gobierno –el de estímulo que añade otro 1,15 billones de dólares a los ya invertidos y el de rescate bancario con la creación de los fondos público-privados para comprar activos tóxicos del sistema financiero por valor de otro billón de dólares– son suficientemente indicativos del liderazgo que Obama está dispuesto a asumir (eso sí, contando previamente con el respaldo del gobierno chino y sus ilimitadas reservas de ahorro) para estimular el crecimiento, restablecer el crédito y estabilizar el sistema financiero, clave por la que ahora mismo pasa cualquier posibilidad de recuperación en el medio plazo.
Por último, y una vez expuesto el programa general –en el que, es necesario insistir en ello, es observable aunque de manera sutil el consenso previo alcanzado entre Washington y Pekín– Obama se dirige ya hacia los puntos más generales y dirigidos a ganar para EEUU y el G-20 el reconocimiento mundial y que veremos en qué y en cuánto se concretan a la hora de hacerlos efectivos. Por un lado "tender la mano a los países y las personas en mayor situación de riesgo" y, por el otro, "acabar con la especulación temeraria y el gasto por encima de nuestros medios; con el crédito basura, la ayuda excesiva a los bancos y la falta de supervisión".
Por su parte, el economista e historiador francés Nicolas Baverez –al que muchos consideran como el "padre intelectual" del programa de reformas con el que Sarkozy ganó las elecciones –escribe en Le Monde, también a raíz de la próxima cumbre del G-20 cómo la crisis está amenazando con la desintegración de la globalización, período que según él será recordado en los manuales de historia al mismo nivel que los "felices años 20", por el peligro que entraña para el comercio mundial, el componente más dinámico del crecimiento durante este período y por la agudización de los riesgos sistémicos que "la balcanización y la competencia entre reguladores no permiten atemperar". Una situación que, en todo caso, apunta desde la perspectiva de Bavarez hacia una recomposición de la economía mundial, cuya característica principal sería su articulación en torno a "un condominio chino-norteamericano" rodeado a su vez de distintos polos secundarios, entre los cuales se encontraría la propia Europa.
 

Global. Global Viewpoint

LA HORA DE LA ACCIÓN GLOBAL

Barack Obama

Vivimos un periodo de retos económicos mundiales a los que no es posible hacer frente con soluciones a medias ni con los esfuerzos aislados de un solo país. Los líderes del G-20 tienen la responsabilidad de emprender una acción audaz, amplia y coordinada que no sólo ponga en marcha la recuperación, sino que lance una nueva era de compromiso económico con el fin de impedir que vuelva a producirse una crisis como ésta.
El G-20 debe lanzar una iniciativa audaz, amplia y coordinada para impulsar la recuperación Debemos acabar con la especulación temeraria y el descontrol. Nadie puede negar que la necesidad de actuar es urgente. La crisis crediticia y de confianza ha atravesado fronteras y tiene consecuencias en todos los rincones del planeta. Por primera vez en una generación, la economía mundial está contrayéndose y el comercio está disminuyendo. Se han perdido billones de dólares, los bancos han dejado de prestar dinero y decenas de millones de personas van a perder su trabajo en todo el mundo. Está en peligro la prosperidad de todos los países, además de la estabilidad de los Gobiernos y la supervivencia de pueblos enteros en las partes más vulnerables de la tierra.
Hemos aprendido, de una vez por todas, que el éxito de la economía estadounidense está inextricablemente unido a la economía mundial. No hay una línea que separe las acciones para restablecer el crecimiento dentro de nuestras fronteras y las acciones para conseguirlo en el resto del mundo. Si los habitantes de otros países no pueden gastar, los mercados dejan de funcionar; ya hemos presenciado la mayor caída de las exportaciones estadounidenses en casi cuatro décadas, que ha sido la causa directa de la pérdida de empleo en el país. Y si seguimos dejando que las instituciones financieras de todo el mundo actúen de forma temeraria e irresponsable, permaneceremos atrapados en un ciclo de burbujas y estallidos. Por eso, la próxima cumbre de Londres está directamente relacionada con nuestra propia recuperación.
Mi mensaje es claro: Estados Unidos está listo para tomar la iniciativa, y vamos a pedir a nuestros socios que se unan a nosotros, con un sentido de urgencia y de propósito común.
Se han tomado muchas medidas positivas, pero queda mucho por hacer. Esa iniciativa nuestra se basa en un principio muy sencillo: vamos a actuar sin miedo para sacar a la economía estadounidense de la crisis y reformar nuestra estructura reguladora, y esas acciones se verán reforzadas por las acciones complementarias en el extranjero. Con nuestro ejemplo, Estados Unidos puede fomentar una recuperación mundial y crear confianza en todo el mundo; y si la cumbre de Londres ayuda a impulsar las acciones colectivas, podremos construir una recuperación segura y evitar crisis futuras.
Nuestros esfuerzos deben empezar con una rápida actuación para estimular el crecimiento. Estados Unidos ha aprobado ya la Ley de Recuperación y Reinversión, el esfuerzo más radical para impulsar la creación de empleo y sentar las bases del crecimiento en una generación. Otros miembros del G-20 también han propuesto estímulos fiscales, y esos esfuerzos deben ser enérgicos y sostenidos hasta que se restablezca la demanda. En el camino, debemos asumir un compromiso colectivo de estimular el libre comercio y la inversión y resistir la tentación del proteccionismo, que intensificaría la crisis.
En segundo lugar, debemos restablecer el crédito del que dependen las empresas y los consumidores. En EE UU estamos trabajando con energía para estabilizar nuestro sistema financiero. Entre otras cosas, con una valoración justa de los balances de nuestros grandes bancos, que desembocará de forma directa en préstamos capaces de ayudar a los ciudadanos a comprar bienes, conservar sus hogares y hacer crecer sus empresas. Estas medidas deben seguir desarrollándose mediante las acciones de nuestros socios del G-20.
Todos juntos, podemos adoptar un marco común que insista en la transparencia, la responsabilidad y la importancia de restablecer la circulación del crédito que constituye la savia de una economía mundial en crecimiento. Y el G-20, junto con las instituciones multilaterales, puede proporcionar una financiación comercial que ayude a reanimar las exportaciones y crear puestos de trabajo.
En tercer lugar, tenemos la obligación, por motivos económicos, morales y de seguridad, de tender la mano a los países y las personas en mayor situación de riesgo. Si les damos la espalda, nuestra propia recuperación se retrasará y el sufrimiento causado por esta crisis aumentará. El G-20 debe desplegar a toda velocidad los recursos necesarios para estabilizar los mercados emergentes, dar un impulso real a la capacidad de actuar con urgencia del Fondo Monetario Internacional y ayudar a los bancos de desarrollo regionales a acelerar los préstamos. Mientras tanto, Estados Unidos apoyará nuevas inversiones sustanciales en seguridad alimentaria para ayudar a los más pobres a sobrevivir los tiempos difíciles que se avecinan.
Ahora bien, aunque estas acciones pueden ayudarnos a salir de la crisis, no debemos conformarnos con una vuelta al statu quo. Debemos acabar con la especulación temeraria y el gasto por encima de nuestros medios; con el crédito basura, la ayuda excesiva a los bancos y la falta de supervisión que nos condena a burbujas que inevitablemente terminan estallando. La acción internacional coordinada es lo único que puede evitar una asunción de riesgos tan irresponsable como la que ha provocado esta crisis. Por eso me comprometo a aprovechar esta oportunidad para proponer unas amplias reformas de nuestro sistema regulador y supervisor.
Todas nuestras instituciones financieras -en Wall Street y en todo el mundo- necesitan una vigilancia firme y unas normas que se atengan al sentido común. Todos los mercados deben tener criterios de estabilidad y un mecanismo de transparencia. Un marco sólido de requisitos de capital debería protegernos contra futuras crisis. Debemos atacar los refugios fiscales y el blanqueo de dinero.
Los abusos deben evitarse mediante la transparencia rigurosa y la responsabilidad, y los días del descontrol tienen que acabar. En vez de unos parches que permitan conformarse con el mínimo común denominador, debemos ofrecer unos claros incentivos al buen comportamiento que fomenten una lucha por ser los mejores.
Sé que Estados Unidos tiene su parte de responsabilidad por el caos en el que nos encontramos. Pero también sé que no tenemos por qué escoger entre un capitalismo caótico e implacable y una economía dirigida por el Gobierno y opresiva. Es una alternativa falsa que no ayuda a nuestra gente ni a nadie. Esta reunión del G-20 ofrece un foro para un nuevo tipo de cooperación económica mundial. Ha llegado la hora de trabajar todos juntos para restablecer el crecimiento sostenido que sólo puede surgir de unos mercados libres y estables, capaces de aprovechar las innovaciones, apoyar el espíritu emprendedor y ofrecer oportunidades.
Todas las naciones del mundo tienen intereses entrelazados. Estados Unidos está dispuesto a incorporarse a un esfuerzo mundial para obtener nuevos puestos de trabajo y un crecimiento sostenible. Juntos, podemos aprender las lecciones de esta crisis y labrar una prosperidad que sea duradera y segura para el siglo XXI.

TRIBUNE MEDIA SERVICES

. 24-3-2009
 
 
 
 
 
 
 
 

Francia. Le Monde

LA GRAN RETRACCIÓN

Nicolas Baverez

En 2009, por vez primera desde el fin de la segunda guerra mundial, el mundo estará en recesión, con un retroceso en el crecimiento del 1,5%. Y 2010 verá, a lo mejor, un estabilización con un crecimiento nulo. El choque es sin precedentes por su carácter global, todos los continentes y los sectores están simultáneamente tocados por el crack del capitalismo universal y por la rapidez del ajuste de las empresas (las carteras de pedidos en la industria mundial han caído un 30% en un año) como de los hogares (la tasa de ahorro de los americanos ha pasado del –2% al +5% en algunos meses).
Las consecuencias inmediatas de este choque excepcional son conocidas: aumento del paro, que afectará a 51 millones de personas más y retornará al nivel de finales de los años 70 en los países desarrollados, con caso extremos como el de España, donde ha pasado del 8% al 16% en menos de dos años; ajuste del consumo y hundimiento de la inversión productiva; explosión de la deuda pública, que aumentará hasta representar el 80 o el 100% del PIB de los grandes países desarrollados, y hasta el 200% en Japón.
El desafío es inmenso para las políticas económicas. En la fase actual, ellas sólo pueden contrarrestar el riesgo de una deflación. En la fase de salida de la crisis, será necesario sanear los balances de los bancos centrales y desendeudar los Estados sin romper su recuperación, lo que parece difícil sin recurrir a una dosis de inflación.
Los efectos a largo plazo sobre la mundialización quedan subordinados a las urgencias del momento, sobre todo al rescate de los bancos y los planes de estímulo. Ellos son, por tanto, cruciales. El comercio internacional, con un alza del 8,5% en 2006 y del 6& en 2007, bajará a menos del 5% en 2009, debido al encarecimiento del crédito comercial y de la penuria de dólares. Las inversiones directas en los países emergentes, que se elevaron a 928.000 millones de dólares en 2007, se verán reducidas a 165.000 en 2009; la ayuda al desarrollo está en vías de desaparici´n con un déficit de más de 200.000 millones de dólares (...) Para las nuevas democracias de Europa central y oriental, endeudadas en divisas extranjeras, la crisis de pagos es comparable a la que conoció Asia en 1997.
Para los países pobres, especialmente África, donde el crecimiento ha pasado de 6,1% en 2007 a menos del 3%, el desarrollo económico se ha parado, y el ciclo infernal de la pérdida de rentas pr habitante, del alza de la miseria y la mortalidad están de vuelta.
Al mismo tiempo, el recurso masivo a los poderes públicos provoca una renacionalización de las políticas económicas, sobre todo en Europa. Detrás de los llamamientos a la cooperación despunta una estrategia Estado por Estado para el rescate de los bancos y los planes de estímulo, para reforzar sus autoridades nacionales de regulación y rechazar el principio de una supervisión internacional. El llamamiento masivo a las garantías de los depósitos exacerba las presiones proteccionistas. Y, en fn, la multiplicación de las devaluaciones competitivas crean el riesgo de una ruptura de los pagos y los intercambios mundiales
La mundialización, que aparecerá en los resúmenes de la Historia como una edad de oro, al mismo nivel que la Belle Epoque (1900-1910), está amenazada de desintegración.
Con tres efectos notables: una aceleración de la recesión puesto que el comercio mundial es el componente más dinámico del crecimiento; una agudización de los riesgos sistémicos que la balcanización y la competencia entre reguladores no permiten atemperar; una recomposición de la economía mundial alrededor de un condominio chino-norteamericano rodeado de polos secundarios, entre los cuales se encuentra Europa.
He aquí porque el G-20, además de los planes de estímulo y de la regulación financiera, debe luchar contra el proteccionismo, concluir la Ronda de Doha, reactivar e crédito al comercio mundial, proseguir la ayuda al desarrollo y a las nuevas democracias.
Es necesario salvar la mundialización internacionalizando la regulación del capitalismo, y no alimentar la recesión renacionalizando las políticas económicas.

LE MONDE

. 24-3-2009
 
 
 
 

China. Diario del Pueblo

PUTIN AMENAZA CON RECONSIDERAR RELACIONES CON UE

Rusia comenzará a revisar sus relaciones con la Unión Europea (UE) si los intereses de Moscú son ignorados, dijo el día 23 el primer ministro ruso, Vladimir Putin.
"Si los intereses de Rusia son ignorados, nosotros también tendremos que comenzar a revisar los puntos fundamentales de nuestras relaciones", dijo Putin a reporteros en Sochi, el centro turístico del Mar Negro.
En una declaración firmada hoy por Ucrania, la Comisión Europea y tres instituciones financieras, Kiev promete llevar a cabo reformas para asegurar la sostenibilidad, confiabilidad, eficiencia y transparencia de su sistema de tránsito de gas, incluyendo la independencia de los operadores del tránsito de gas.
La declaración adoptada en Bruselas por Ucrania y la UE fue pobremente pensada y nada profesional, dijo Putin, citado por la agencia de noticias RIA Novosti. El ministro ruso de Energía, Sergei Shmatko, dijo anteriormente que Rusia fue excluida de las pláticas en Bruselas sobre la modernización de los gasoductos ucranianos.
Rusia suministra una cuarta parte de las necesidades de gas de la UE y un 80 por ciento de las exportaciones son enviadas a través de los gasoductos ucranianos.
El proveedor de energía suspendió el suministro de gas a Ucrania el 1 de enero a causa de una disputa sobre precios y suspendió las entregas de gas a Europa a través de Ucrania una semana después, dejando a millones de europeos tiritando en las profundidades del invierno.

DIARIO DEL PUEBLO

. 24-3-2009
 
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