Obama busca fortalecer el poder de la Reserva Federal

La `Fed´ busca superpoderes

Obama trata de centralizar los mecanismos de poder económico y financiero para capear la crisis. Pero son demasiados los factores que escapan al control de la Casa Blanca y de las instituciones USA.

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23-03-2009
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La economí­a norteamericana no puede arreglarse a golpe de talonario. A pesar de que el presidente de la Reserva Federal usó el miércoles "la solución más vieja del mundo" para inyectar 850.000 millones de liquidez en el sistema financiero -poner en marcha la imprenta de billetes verdes- , Bernanke y la Casa Blanca buscan crear mecanismos e instituciones capaces de regular el complejo y aparente universo financiero. El organismo que ha escogido la administración Obama es dotar de mayores poderes a la propia Reserva Federal (Fed), a diferencia de Bush, que invistió de poderes especiales a su secretario del Tesoro, Henry Paulson. Pero en sustancia, se trata de la misma medida: dotar a la economí­a norteamericana de una centralización de decisiones y poder inédito en la historia.
 Barack Obama busca que el Congreso autorice poderes especiales para la Reserva Federal. EFE
Barack Obama busca que el Congreso autorice poderes especiales para la Reserva Federal. EFE
La economí­a norteamericana no puede arreglarse a golpe de talonario. A pesar de que el presidente de la Reserva Federal usó el miércoles "la solución más vieja del mundo" para inyectar 850.000 millones de liquidez en el sistema financiero -poner en marcha la imprenta de billetes verdes- , Bernanke y la Casa Blanca buscan crear mecanismos e instituciones capaces de regular el complejo y aparente universo financiero. El organismo que ha escogido la administración Obama es dotar de mayores poderes a la propia Reserva Federal (Fed), a diferencia de Bush, que invistió de poderes especiales a su secretario del Tesoro, Henry Paulson. Pero en sustancia, se trata de la misma medida: dotar a la economí­a norteamericana de una centralización de decisiones y poder inédito en la historia.

En vísperas de la cumbre del G-20, donde las economías europeas presentaran mecanismos reguladores como fórmula principal para capear la crisis, la administración estadounidense –que de momento ha inyectado más capital en la economía que todas las demás juntas- parece que también busca optar a mecanismos de este tipo para aguantar los movimientos sísmicos que habrán de producirse todavía.
 
A ese efecto, Ben Bernanke planteó la necesidad de reescribir las reglas reguladoras del mercado financiero norteamericano, y junto con ellas, dotar de atribuciones especiales a la Reserva Federal para diseñarlas y hacerlas cumplir. La Casa Blanca y el Departamento del Tesoro se han sumado a esta exigencia, que ha de ser aprobada en el Congreso.
 
El anuncio del fortalecimiento de los poderes de la Fed –que ya es seguramente la institución económica más poderosa del mundo- ocurre después de que la semana pasada Bernanke diera la primera entrevista que el presidente de la Fed concede a los medios de comunicación en 20 años. En ella daba, por primera vez desde el cataclismo de septiembre, un mensaje esperanzador: EEUU podría dar signos de iniciar un ciclo de crecimiento a finales de 2009. La Casa Blanca -que ha puesto mucho énfasis en los últimos meses en remarcar ante la opinión publica y ante la propia clase dominante lo seria, delicada y crítica que era la situación- se sumó a esta inyección de optimismo y confianza. Los norteamericanos pudieron ver a su presidente bromeando –de forma comedida, claro- sobre la economía en el popular Late Show de Jay Leno –patriarca de todos los “Mississipi” del mundo-.
 
Pero varios aguafiestas vinieron con pronósticos sombríos a poner puntos sobre íes. El primero el Premio Nobel de Economía Paul Krugman, y el segundo el mismísimo Fondo Monetario Internacional (FMI), que atrasó una eventual recuperación de la economía USA a finales de 2010. Hasta entonces –han dicho- toca pasarlo mal, y para alguno países (como España), muy mal. El Banco Mundial, a través de su presidente, Robert B. Zoellick, se unió al coro de agoreros, vaticinando un retroceso de la economía mundial en 2009 de entre el 1% y el 2%.
 
Pero Obama sigue empeñado en fijarse ahora en el lado bueno de las cosas, después de haberse pasado meses curándose en salud ante el negro horizonte al que tiene que hacer frente. Aunque no abandona la prudencia, prosigue con la ofensiva propagandística, y mañana hablará en una rueda de prensa en hora de máxima audiencia de las nuevas medidas de su gobierno para salir de lo que ya se conoce en EEUU como la “Gran Recesión”. El presidente ya ha adelantado que su intervención irá destinada a crear un clima de opinión favorable a nuevas intervenciones con dinero público en la economía –ahora que atraviesan momentos de muy mala prensa tras el escándalo de los sobresueldos de la aseguradora AIG, que han soliviantado a la opinión pública-. Aunque “persisten riesgos de una recesión más destructiva, potencialmente una depresión", ha anticipado Obama, se atisban “rayos de esperanza”.
 
¿Realidad o fuegos de artificio?. Los rayos a los que alude Obama se apoyan en algunos datos parciales. La construcción de viviendas en EEUU aumentó en febrero un 22%, y las ventas en comercios repuntaron algo. En el centro financiero, gigantes enfermos como Bank of América o Citigroup llevan 3 meses aumentando sus ingresos. Por el contrario, el nivel de endeudamiento de los bancos y monopolios, así como del propio Estado no para de aumentar.
 
Obama y Bernanke hacen lo que es su obligación: tratar de centralizar el poder y los mecanismos de poder económico y financiero para capear la crisis de acuerdo a los intereses de la clase dominante norteamericana. Sin embargo, en una economía tan endeudada e interdependiente como la estadounidense, y con el poder de la superpotencia menguando, son demasiados los factores que escapan al control de la Casa Blanca y de las instituciones USA.
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