Consenso en las élites norteamericanas sobre Irak

¿Misión cumplida?

El nuevo presidente busca enderezar el rumbo de la superpotencia sacando la pata del enorme pantano entre el Tigris y el Eufrates, pero no pocos le advierten que lo peor de Irak aún puede estar por venir

0
0 votos
20-03-2009
Publicidad
Después de ganar las primarias demócratas y las presidenciales y alcanzar la Casa Blanca en un discurso salpicado de crí­ticas frontales a la polí­tica de Bush en Irak, ahora Barack Obama asume en público alguno de los postulados que el mismo cuestionó desde la oposición. Aunque no cabe duda que en muchos aspectos la lí­nea internacional del nuevo presidente suponen un giro de 180º respecto al tejano, la Casa Blanca ha afirmado que en Mesopotamia, EEUU ha cumplido los principales objetivos de la invasión. ¿Misión cumplida?. Después de ganar las primarias demócratas y las presidenciales y alcanzar la Casa Blanca en un discurso salpicado de crí­ticas frontales a la polí­tica de Bush en Irak, ahora Barack Obama asume en público alguno de los postulados que el mismo cuestionó desde la oposición. Aunque no cabe duda que en muchos aspectos la lí­nea internacional del nuevo presidente suponen un giro de 180º respecto al tejano, la Casa Blanca ha afirmado que en Mesopotamia, EEUU ha cumplido los principales objetivos de la invasión. ¿Misión cumplida?.

Tras años de fuertes divergencias entre demócratas y neocons sobre Irak, al fin parece que ambos se acercan, aunque ninguno de los dos lo vaya a reconocer. Hay un razonable grado de consenso –si marginamos a los acérrimos de la ocupación como Dick Cheney- acerca del plan de salida de Irak en 11 meses. La crisis económica y el empeoramiento de la situación en Afganistán y Pakistán han contribuido no poco a este consenso, no sólo en la opinión pública, ya mayoritaria a favor de la retirada desde hace años, sino entre la clase dominante.
 
La calculadora hace entrar en razón más que muchos discursos pacifistas. La guerra de Iraq ha costado ya más de 600.000 millones de dólares al Estado norteamericano, y la factura se alargará aún muchos años después de que el último marine se largue de Bagdad. Han muerto unos 4.260 militares y más de 30.000 sufrieron heridas. Eso no cuenta tanto para los balances contables como para los ideológicos, en un país marcado desde los 70 con el estigma del “síndrome de Vietnam”. Encuadrar a la sociedad civil en el carro de guerra que exige mantener la hegemonía mundial ya no será tan sencillo después de la ola de histeria desatada tras el 11-S. La CIA está más desprestigiada que nunca. Bin Laden no apareció en las montañas de Afganistán, ni las armas de destrucción masiva de Saddam Hussein emergieron bajo las arenas de Irak.
 
El nuevo presidente busca enderezar el rumbo de la superpotencia sacando la pata del enorme pantano entre el Tigris y el Eufrates, pero no pocos le advierten que lo peor de Irak aún puede estar por venir. Tanto el periodista Thomas Ricks –en su libro The Gamble- como, Ryan Crocker, penúltimo embajador yanqui en Bagdad, han augurado una degeneración hacia el caos sectario y una probable guerra civil cuando el US Army levante el campamento. ¿Catastrofismo neocon?. Puede ser, pero que Irak es un polvorín a punto de estallar permanentemente no es ninguna noticia.
 
¿Mission Accomplished?. Basta tirar de hemeroteca y recordar a la figura exultante del cuadragésimotercer presidente en el atril sobre la cubierta del USS Lincoln gritando tal proclama para saber lo que le espera al cuadragésimocuarto si se cree su propio discurso.
¿Qué te ha parecido el artículo?
Publicidad