Cataluña. Crisis y catalán

Cerrado. Aquí­ ya no hablamos catalán ni castellano.

En plena crisis, la dirección general de Turismo dirigida por ERC pretende imponer multas si las empresas no cumplen la Ley de Polí­tica Lingüí­stica

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18-03-2009
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"el método de sancionar no promociona el amor hacia la lengua, sino el rechazo…me siento triste como empresario y como catalán". Francesc Vives, secretario de la Asociación de Empresarios de Hostelerí­a de la Provincia de Tarragona. "el método de sancionar no promociona el amor hacia la lengua, sino el rechazo…me siento triste como empresario y como catalán". Francesc Vives, secretario de la Asociación de Empresarios de Hostelerí­a de la Provincia de Tarragona.
    Desde hoy hasta el 20 de marzo, 22 inspectores visitarán 500 negocios turísticos, dominantemente bares, para comprobar que ni rotulan ni atienden solamente en castellano. Es la iniciativa de la  dirección de Turismo, en manos de Esquerra Republicana (ERC) que busca salvaguardar la Ley de Política Lingüística que está vigente desde hace 25 años. Esta ley especifica que sólo es necesario que haya una persona que pueda atender en catalán; es decir que lo entienda, no hace falta que lo hable. Se trata de una ITV idiomática. Si hay propietarios que no cumplen la susodicha ley y no rectifican en tres meses, el departamento de la Generalitat les pondrá una multa de hasta 600 euros.

    Los representantes de los empresarios hosteleros catalanes han levantado el grito al cielo. En tiempos de crisis van a ser sometidos, y multados si corresponde, a una auténtica ITV idiomática para comprobar que el catalán es salvaguardado a la hora de pedir un buen bocata de pan con tomate y jamón y una “estrella”. En unos momentos donde el sector está viendo como se las compone para sobrevivir y salir de la crisis, la cuestión del uso del catalán no se usa para primar económicamente a los que no se limitan a entenderlo sino que lo usan, sino todo lo contrario.
    Es obvio que los empresarios están echando mano de mano de obra inmigrante de la que obtener más beneficios reduciendo costes. En esas condiciones, la penalización por no cumplir las normativas Lingüísticas de la Generalitat es un obstáculo más. Es más, consideran que complejiza y no simplifica la multitud de normas a la que están sujetos los bares, restaurantes u hoteles. Se trata tan sólo, bajo banderas identitarias, de un mecanismo recaudatorio más.

    Los propios trabajadores inmigrantes entrevistados por la prensa local, hablen o no catalán, están de acuerdo con que se fomente el catalán, pero tienen claro que lo de las multas lo hacen “para tocar los... me callo", como afirma Emilio, un encargado marroquí cincuentañero con “más de media vida en Cataluña” en uno de los más céntricos y conocidos bares de Barcelona.
    La mayoría de ellos se ha contagiado de ese bilingüismo latente en Catalunya (latente en el sentido de que se siente porque late) por mucho que el departamento de Turismo de ERC, bajo el slogan de Encomana el català (contagia el catalán) con el que quiere, dice, animar a los catalanoparlantes a usarlo con los inmigrantes, pretenda que Emilio se sienta doblemente extranjero. No se debe permitir.
 
 
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