Literatura

El último encuentro

Abrumado por la soledad y el exilio, Sándor Marai se suicidó en EEUU en 1989. Hoy su obra conoce el esplendor que ne le negó en vida y sus libros se editan sin parar

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18-03-2009
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Sándor Marai encarna una de las "resurrecciones" literarias más notables de los últimos veinte años. Abrumado por la soledad y el exilio, se suicidó en EEUU en 1989. Su figura y su obra, prohibidas durante años en su Hungrí­a natal, habí­an caí­do por completo en el olvido, pese a que en los años 30 y 40 fue uno de los escritores más importantes de Europa central. Sólo tras su desaparición y el retorno de Hungrí­a a la democracia, su obra volvió a reeditarse y a ir adquiriendo de forma decidida y contundente un espacio destacado en el mapa literario europeo y, sobre todo, el interés entusiasta de millones de lectores. En España, su pequeña obra maestra "El último encuentro" (editada por Salamandra hace ahora diez años) va ya por su 40 edición. Sándor Marai encarna una de las "resurrecciones" literarias más notables de los últimos veinte años. Abrumado por la soledad y el exilio, se suicidó en EEUU en 1989. Su figura y su obra, prohibidas durante años en su Hungrí­a natal, habí­an caí­do por completo en el olvido, pese a que en los años 30 y 40 fue uno de los escritores más importantes de Europa central. Sólo tras su desaparición y el retorno de Hungrí­a a la democracia, su obra volvió a reeditarse y a ir adquiriendo de forma decidida y contundente un espacio destacado en el mapa literario europeo y, sobre todo, el interés entusiasta de millones de lectores. En España, su pequeña obra maestra "El último encuentro" (editada por Salamandra hace ahora diez años) va ya por su 40 edición.
Nacido el año 1900 en una pequeña ciudad húngara, Sándor Marai vivió en su juventud el derrumbe del viejo imperio austro-húngaro, que había sido el fermento de un mundo cultural extraordinario. Durante los años veinte viajo y vivió en Alemania, Francia e Italia, y percibió el pálpito del drama que se aproximaba. En 1928 se instaló en Budapest donde conoció el período más fructífero de su vida, escribiendo las novelas que le granjearon su consideración de gran escritor centroeuropeo. Pero, una vez más, el vendaval de la historia, acabó por llevárselo todo. La ocupación alemana, la guerra y la ocupación soviética acabaron arrasando su casa y sus expectativas. En 1948 abandonó Hungría, y después de residir cuatro años en Suiza e Italia, en 1952 marchó a EEUU. Nunca se adaptó del todo a la vida americana, ni recuperó su pujanza literaria. Cayó en el olvido. Se quitó la vida en su casa de San Diego, California, muy pocos días antes de la caída del muro de Berlín. Precisamente ese hecho acabaría propiciando, de una forma súbita, su espectacular retorno literario. Al año siguiente, en 1990, sus obras completas se editaron de nuevo en Hungría, con un formidable éxito popular. Su posterior traducción italiana, preludió lo que habría de ser, en pocos años, el nacimiento de un verdadero "culto" europeo a la obra de Marai. Un culto que se ha renovado año a año con la publicación de sus novelas y diarios.
 
Sin duda, "El último encuentro" ocupa un lugar central, no sólo en el corpus de la obra de Marai, sino en la génesis de ese culto literario a su figura. Olvidada durante más de 50 años, esta notable obra sobre la búsqueda de la verdad como fuerza liberadora y como soporte ético imprescindible para la vida, conmueve y atrae tanto por su espléndida arquitectura narrativa como por la exactitud y belleza de su prosa. Es, de alguna manera, la "joya de la corona" de toda su narrativa.
 
Todo el relato sucede en un pequeño castillo de caza en Hungría, al pie de los Cárpatos, donde en el pasado se celebraron elegantes veladas y cuyos espléndidos salones solían llenarse de la música de Chopin. Ahora, todo ha cambiado: el esplendor de antaño ya no existe, y todo anuncia la decadencia y el fin de una época. En uno de esos salones dos hombres mayores, que de jóvenes habían sido amigos inseparables, se citan a cenar tras cuarenta años sin verse. Uno ha pasado mucho tiempo en Extremo Oriente y llevado una vida viajera y activa; el otro, en cambio, no se ha movido de su propiedad, de su castillo, en todo este tiempo. Sin embargo, ambos han vivido todos esos años a la espera de este momento, pues entre ellos se interpone un secreto de una fuerza singular. El diálogo de estos dos hombres converge paso a paso en un verdadero "duelo" sin armas, aunque no exento de crueldad, cuyo eje común es el recuerdo imborrable de una mujer. Línea tras línea, la tensión del relato crece hasta hacerse casi insoportable, en una espiral de revelaciones e interrogantes que van encadenando al lector. Marai demuestra ser un verdadero maestro en el dominio y expresión de las relaciones humanas: su prosa no decae ni se detiene hasta llegar a lo más recóndito y escondido del alma de sus protagonistas, allí donde se esconden las verdades esenciales de cada uno, verdades cuyo descubrimiento suscita a la vez un dolor insoslayable y un incontenible impulso vital.
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