El PP vasco condiciona el apoyo a Patxi López al desmantelamiento del etnicismo en la educación y la EiTB

Desmantelar el régimen

Puntos que deben ser el principio de la demolición de todo un régimen, construido por los Arzallus e Ibarretxe a través del poder autonómico, y que ha extendido el nacionalismo étnico durante décadas

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17-03-2009
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La acreditación de los diputados del PSE pone ya fecha a la formación del parlamento vasco que nombrará lehendakari a Patxi López. El PP vasco ha renunciado a contraprestación material alguna (en forma de consejerí­as…), y supedita el apoyo al candidato socialista al compromiso explí­cito, plasmado en un acuerdo escrito, de desmantelar el entramado de educación etnicista, acabar con el papel de la televisión pública (EiTB) como altavoz del nacionalismo excluyente, y reformar drásticamente la ertzaintza para que se coloque al servicio de la lucha contra el terror. Puntos a los que Patxi López se comprometió explí­citamente en la campaña electoral, y que deben ser el principio de la demolición de todo un régimen, construido por los Arzallus e Ibarretxe a través del poder autonómico, y que ha extendido el nacionalismo étnico durante décadas.
 Los tres nuevos parlamentarios electos del PP, Antonio Basagoiti, Ramón Gómez y Mari Mar Blanco, durante la visita que los parlamentarios electos populares hicieron a la sede del Parlamento en Vitoria. (Foto: EFE)
Los tres nuevos parlamentarios electos del PP, Antonio Basagoiti, Ramón Gómez y Mari Mar Blanco, durante la visita que los parlamentarios electos populares hicieron a la sede del Parlamento en Vitoria. (Foto: EFE)
La acreditación de los diputados del PSE pone ya fecha a la formación del parlamento vasco que nombrará lehendakari a Patxi López. El PP vasco ha renunciado a contraprestación material alguna (en forma de consejerí­as…), y supedita el apoyo al candidato socialista al compromiso explí­cito, plasmado en un acuerdo escrito, de desmantelar el entramado de educación etnicista, acabar con el papel de la televisión pública (EiTB) como altavoz del nacionalismo excluyente, y reformar drásticamente la ertzaintza para que se coloque al servicio de la lucha contra el terror. Puntos a los que Patxi López se comprometió explí­citamente en la campaña electoral, y que deben ser el principio de la demolición de todo un régimen, construido por los Arzallus e Ibarretxe a través del poder autonómico, y que ha extendido el nacionalismo étnico durante décadas.
El PSE recibirá hoy, en la reunión que ambas formaciones mantendrán, el primer documento en que los populares plantean las bases para cerrar un acuerdo firme antes de la investidura de Patxi López como lehendakari.
El PP vasco exige un acuerdo por escrito, bajo un argumento simple. “¿cómo nos vamos a fiar, de buenas a primeras, de un Patxi López que en la pasada legislatura prometía un Estatuto como el catalán y que se reunía y hacía fotos con Otegi?”.
Y no les falta razón a los populares. El acuerdo PSE-PP para desalojar a Ibarretxe –toda vez que Patxi López ha puesto especial empeño en dejar a UPyD fuera del pacto- ha sido impuesto por las urnas. Y todavía son demasiado recientes las vacilaciones que, en la época de la tregua y la negociación, ofrecieron desde la dirección del PSE oxígeno político a Ibarretxe.
Pero los votantes, tanto los populares como los socialistas, han impuesto un mandato claro: enviar a Ibarretxe a la oposición para terminar con tres décadas de nacionalismo excluyente.
Las condiciones impuestas por el PP vasco para cerrar el acuerdo –ampliamente compartidas también entre las filas del PSE- son los primeros pasos de este camino.
En primer lugar acabando con la política educativa y lingüística excluyente. Ibarretxe ha utilizado las competencias educativas para inocular una educación etnicista, que inocula el virus del odio a España y la justificación del terror. Y ha enarbolado el euskera como un instrumento al servicio del nacionalismo excluyente, perjudicando así gravemente no sólo a los derechos de los castellanoparlantes, sino también a la extensión y aceptación de la lengua.
En segundo lugar imponiendo una radical transformación de la EiTB, la televisión pública vasca, transformada por Ibarretxe en un altavoz desde donde se ha difundido la más grosera y reaccionaria propaganda etnicista.
Y, por último, derribando las redes impuestas en la ertzaintza por los jelkides etnicistas, que han paralizado, en el mejor de los casos, la detención de comandos etarras o la persecución de la kale borroka.
Estas serían las primeras conquistas para la restauración de una democracia plena en Euskadi. Acabando con la grosera utilización por parte del nacionalismo étnico de algunos de los principales instrumentos y competencias del poder autonómico.
Pero debe ser sólo el comienzo. Es imprescindible desmantelar todas las redes de poder del nacionalismo étnico, que tras tres décadas en el gobierno se han transformado en un auténtico régimen, y que se extienden hasta todos los ámbitos de la sociedad, impidiendo el ejercicio de la libertad a los ciudadanos vascos.
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