La ruptura del mercado interior un lastre para salir de la crisis

Un mercado fragmentado

Hasta 7.000 normas hay que cambiar en España para establecer una nueva ley; pero lo más significativo y aberrante es que 6.000 de ellas sean de ámbito autonómico.

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16-03-2009
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España es hoy un mercado fragmentado, lo que se ha convertido en una de las principales dificultades para la recuperación económica. El deterioro de la cohesión nacional, en la que se vienen ejercitando las burguesí­as burocráticas y las fuerzas nacionalistas de las comunidades autónomas, amparado por la polí­tica de pactos del gobierno Zapatero, no sólo tiene graves consecuencias polí­ticas, desde el punto de vista de la unidad nacional, sino también graves consecuencias económicas. Que con la llegada de la crisis, y sobre todo en la perspectiva de salir de ella, adquiere su máxima gravedad.
 (EFE)
Rosa Dí­ez, en el Congreso de los Diputados, la defensa de la unidad nacional para hacer frente a la crisis.
(EFE) Rosa Dí­ez, en el Congreso de los Diputados, la defensa de la unidad nacional para hacer frente a la crisis.
España es hoy un mercado fragmentado, lo que se ha convertido en una de las principales dificultades para la recuperación económica. El deterioro de la cohesión nacional, en la que se vienen ejercitando las burguesí­as burocráticas y las fuerzas nacionalistas de las comunidades autónomas, amparado por la polí­tica de pactos del gobierno Zapatero, no sólo tiene graves consecuencias polí­ticas, desde el punto de vista de la unidad nacional, sino también graves consecuencias económicas. Que con la llegada de la crisis, y sobre todo en la perspectiva de salir de ella, adquiere su máxima gravedad.
 Mientras una situación de “vacas gordas” ha permitido presentar la situación como la de un país que “vivía alegremente” y crecía como el que más de los países capitalistas desarrollados, la fragmentación del mercado interior ha pasado desapercibida. Bajo el impulso de las burguesías burocráticas y territoriales la ruptura de la cohesión nacional y las leyes con visión localista ha avanzado sin ningún tipo de límites. Las dificultades orográficas, superadas por los avances tecnológicos han sido sustituidas por toda una barrera de dificultades mucho más erizadas impuestas por las burocracias autonómicas. Competencias más o menos exclusivas, relaciones bilaterales, barreras de todo tipo: lingüísticas, fiscales, laborales... que, en vez de unirnos para hacer frente a los nuevos retos de un mundo globalizado, multiplica los problemas internos y dificulta nuestra competencia en los mercados internacionales.
 
Frente a unos mercados globalizados impuestos por el desarrollo capitalista, en nuestro país se ha desarrollado un modelo retrógrado feudal, consistente en el desarrollo de un sistema legislativo interno, a la luz de las nuevas reformas de los diferentes estatutos de autonomía, que multiplica las fronteras internas, las aduanas, las barreras... volviendo la mirad del país a los reinos de taifas, como si la historia, en este lugar del mundo, caminara al revés.
Precisamente en una España en la que la unidad bajo el impulso de las clases populares la ha convertido en vanguardia política y cultural y de progreso en múltiples ocasiones. La España de la moderna Constitución de 1812, la España regeneracionista, la de la segunda República, la de la lucha por la libertad que acabó con el franquismo…
 
El fuerte viento popular en defensa de la unidad de España que volvió a aparecer en las elecciones del 9-M de 2008 y ahora en las del 1 de marzo pasado, no sólo ha barrido al nacionalismo y las derivas más disgregadoras, sino que está reclamando también la unidad nacional para salir de la crisis.
 
 
 
 
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