La Audiencia Nacional investiga el expolio de este mineral estratégico

El rastro del coltán

El juez Andréu ha extendido su investigación sobre el genocidio en Ruanda durante 1994, a la extracción ilegal de coltán en el Congo.

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16-03-2009
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El magistrado se ha dirigido al secretario general de Naciones Unidas, Ban Ki-moon, para pedirle las pruebas que sirvieron de base a los tres informes de la ONU que atribuyen la explotación ilegal de recursos naturales congoleños -entre ellos el coltán- al presidente ruandés Paul Kagame procesado por genocidio y a peronas de su entorno. El magistrado se ha dirigido al secretario general de Naciones Unidas, Ban Ki-moon, para pedirle las pruebas que sirvieron de base a los tres informes de la ONU que atribuyen la explotación ilegal de recursos naturales congoleños -entre ellos el coltán- al presidente ruandés Paul Kagame procesado por genocidio y a peronas de su entorno.
Dice el dicho popular que “el tiempo pone todo en su sitio”, por desgracia para los más de 4 millones de muertos, entre hutus y tutsis, no le ha llegado aún el tiempo de justicia.
 
La Corte Penal Internacional, ya ha demostrado su parcialidad o ineptitud, una verdadera estafa, ahora el Juez Andréu de la Audiencia Nacional, no debería caer en la misma tropelía. Con esto no quiero decir que Kagame y sus hombres,  enjuiciados por los genocidios no sean autores de esa monstruosidad, lo que quiero decir que es como “matar al mensajero”. La justicia que se merecen los millones de victimas de 1994, y el resto de millones de victimas que ha habido y siguen habiendo en la zona de los grandes lagos, es que se identifique y juzgue a quienes dieron la orden de poner en marcha todo ese delirio macabro que el pueblo congoleño y ruandés lleva padeciendo más de 15 años.
 
El juez Andréu utiliza los informes de la ONU, ¿Ha estudiado los informes en los que se tenía que estar reflejado, como la misión de las Naciones Unidas MONOUR (o UNOMUR), se vio entorpecida por Estados Unidos y Gran Bretaña? con el pretexto de que faltaban pruebas objetivas que verificaran esas agresiones.
 
¿Cómo tanto franceses, belgas y alemanes tenían allí docenas de consejeros. Ellos sí sabían lo que pasaba, pero ninguno proporcionaba a la ONU la información que poseían. Y al mismo tiempo, esos países que estaban en el Consejo de Seguridad tampoco dejaban a la ONU montar su propia unidad de información. Incluso cuando había constancia de que se pasaban armas de contrabando a través de la frontera de Uganda, se negaron?
 
¿Como el ejército francés permitió que miembros de las milicias hutus y responsables de las primeras matanzas se refugiaran en «zonas seguras» fronterizas evitando así caer en manos del el Frente Patriótico Ruandés (FPR), y permitiendo que controlaran la gestión de la ayuda humanitaria?
 
 Ni el Gobierno de EE UU ni los de la Unión Europea mostraron una voluntad política real para acabar con el conflicto en detrimento de sus intereses particulares. Más bien al contrario: muchos países occidentales siguieron ayudando a Uganda y Ruanda tanto militarmente como a través de cuantiosas "ayudas al desarrollo"
 
 
El juez Andréu podría citar a la congresista norteamericana, Cynthia Mckinney, que acusó de forma contundente al Gobierno de Bill Clinton de estar detrás del golpe de Estado que, en 1994, desencadenó las terribles matanzas en la zona de los Grandes Lagos.
 
Uno de los países más interesados en el cambio de régimen es Estados Unidos. El gobierno encabezado por Bill Clinton ofrecido "formación y apoyo técnico a los militares del FPR” para el pillaje y la lucha por el control de la explotación de los riquísimos recursos naturales (oro, diamantes, y sobretodo el coltán, esencial en nuestra vida diaria. En este pillaje han intervenido grandes empresas transnacionales de Europa, Canadá y Estados Unidos que operaban en la zona. Así 34 empresas (27 occidentales) han sido acusadas de importar coltán y casiterita. El coltán congoleño sigue saliendo al mercado camuflado como procedente de Brasil o Tailandia.
 
El juez Andréu, tiene que mirar hacia arriba, hacia las cabezas del imperialismo yanqui, sus secuaces y los grandes monopolios, denunciarlos y enjuiciarlos, si quiere hacer justicia de verdad.
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