La industria del secuestro y la extorsión

México "el narco" diversifica sus negocios

Los habitantes de la región desempeñan sus actividades entre oleadas de violencia con matices dramáticos.

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15-03-2009
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Ahora, los delincuentes instauraron un sistema de crédito para favorecer al secuestrado. Si exigen un millón de dólares y la familia de la ví­ctima declara que carece de posibilidades de pago, el tope para concretar la liberación es de 200 mil dólares y los 800 mil restantes se abonan en pagos aplazados. Ahora, los delincuentes instauraron un sistema de crédito para favorecer al secuestrado. Si exigen un millón de dólares y la familia de la ví­ctima declara que carece de posibilidades de pago, el tope para concretar la liberación es de 200 mil dólares y los 800 mil restantes se abonan en pagos aplazados.
La industria del secuestro, con la cual el crimen organizado complementa sus ganancias por el tráfico de drogas, se ha enquistado en la sociedad de tijuana. Estos ilí­citos, junto a los 380 homicidios perpetrados en 2007 y los mil 80 de 2008, así­ como los métodos aplicados por la delincuencia -tortura y desaparición fí­sica-, han provocado que empresarios mexicanos, impulsores de la economí­a en esta frontera, huyan a Estados Unidos para jamás volver

Los habitantes de la región desempeñan sus actividades entre oleadas de violencia con matices dramáticos. Además, entre los fenómenos extendidos en la franja fronteriza se encuentra el cobro por derecho de piso (un impuesto ilegal) o pago de protección.

Las distintas formas de ejecución se han incorporado al vocabulario fronterizo cotidiano: decapitados, ahorcados, ametrallados, cercenados y disueltos en ácido infunden en el ánimo de la población un temor manifiesto e impulsan la migración, por razones de seguridad, al lado estadounidense.

La tarifa que aplican los delincuentes a un secuestrado asciende a un millón de dólares, en promedio. Datos de la Procuradurí­a General de la República indican que el número de personas secuestradas en Tijuana durante 2008 superó las 200. No obstante, el subregistro advierte que el número superarí­a el medio millar.

Ahora, los delincuentes instauraron un sistema de crédito para favorecer al secuestrado. Si exigen un millón de dólares y la familia de la ví­ctima declara que carece de posibilidades de pago, el tope para concretar la liberación es de 200 mil dólares y los 800 mil restantes se abonan en pagos diferidos.


En Tijuana y Mexicali, uno de los principales problemas para los inmigrantes son las bandas delictivas. Por la desesperación de llegar a Estados Unidos, cuando intentan cruzar por la montaña y el desierto, quienes pretenden arribar sin documentos a ese paí­s se ven sometidos a una maraña organizada entre el enganchador, el traficante y el asaltante. í‰stos les arrebatan todas sus pertenencias, incluyendo la ropa que llevan puesta.

Muchas veces las autoridades son las que extorsionan a los inmigrantes. Además, no hay vigilancia en la zona de cruce, que es una tierra de nadie; de repente no se sabe quién es el que cuida.

Desde hace 20 años el cruce por la zona de la montaña y el desierto coloca en situación de graví­sima vulnerabilidad a los inmigrantes. La policí­a municipal de Tijuana forma parte de la delincuencia que asalta a las personas que intentan llegar a Estados Unidos sin documentos.

Datos del Instituto Nacional de Migración señalan que el número de deportados de Estados Unidos a Tijuana es entre 600 y 700 mujeres y hombres cada dí­a.

El año pasado el número total de deportados fue de 228 mil en el estado de Baja California; de ellos, 70 por ciento llegó a la ciudad de Tijuana.

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