Selección de prensa internacional

¿Vienen los marines a invadirnos?

¿Necesidad de realizar acciones conjuntas con los marines dentro de territorio mexicano? Eso en español responde al nombre de invasión militar

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15-03-2009
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Dedicamos hoy gran parte de nuestra sección a hacer un breve recorrido por Iberoamérica, un continente en el que la crisis parece no haber mostrado todaví­a su peor cara, pero que la experiencia histórica nos enseña -pese a todos los avances conseguidos en la última década- cómo las grandes potencias imperialistas han tendido a descargar el peso de las crisis con mayor fuerza. México, Centroamérica y el Caribe, Perú, la propia Argentina,... paí­ses cuya dependencia del precio de las materias primas y los productos agrí­colas es absoluta y cuyo grado de autonomí­a respecto a las grandes potencias imperialistas no ha avanzado -a diferencia de otros paí­ses de la región- sustancialmente. Dedicamos hoy gran parte de nuestra sección a hacer un breve recorrido por Iberoamérica, un continente en el que la crisis parece no haber mostrado todaví­a su peor cara, pero que la experiencia histórica nos enseña -pese a todos los avances conseguidos en la última década- cómo las grandes potencias imperialistas han tendido a descargar el peso de las crisis con mayor fuerza. México, Centroamérica y el Caribe, Perú, la propia Argentina,... paí­ses cuya dependencia del precio de las materias primas y los productos agrí­colas es absoluta y cuyo grado de autonomí­a respecto a las grandes potencias imperialistas no ha avanzado -a diferencia de otros paí­ses de la región- sustancialmente.

En México, al descenso en los precios del petróleo, el cierre masivo de maquilas en la frontera norte y las cargas añadidas que supone el Tratado de Libre Comercio se le suma el descontrolado proceso de “colombianización” que está sufriendo en el último lustro con la guerra abierta desatada por los cárteles del narcotráfico y la incapacidad del Estado –infiltrado hasta el tuétano por los mismos cárteles– para hacerle frente. Jaime Avilés, en el diario mexicano La Jornada alerta sobre las constantes presiones de Washington, intensificadas desde la llegada de Obama, para intervenir mucho más activamente en el terreno militar, policial y de inteligencia en el interior del territorio mexicano. Intervención cuyos resultados ha conocemos despuñes de más de 20años de aplicación del Plan Colombia.
 
Desde Brasil, Frei Betto, el dominico que colaboró activamente en el primer gobierno de Lula como su asesor especial y como coordinador de Movilización Social del Programa Hambre Cero –cargo que abandonaría criticando que no se estaban dando medios a la gente para salir dela pobreza por ellos mismos, sino haciéndolos eternamente dependientes del auxilio estatal– escribe en la Agencia ADITAL un ingenioso y divertido artículo sobre la “mano invisible” del mercado y cómo actúa en los tiempos de crisis, metiéndose en los bolsillos de los pobres para ayudar a los ricos a que enjuaguen sus pérdidas. Imagen, la de la mano invisible que le sirve para cargar contra cualquier ilusión reformista o embellecedora del capitalismo: dado que la mano es invisible, no se la puede cortar. Por eso, lo que hay que cortar es la cabeza para que esa mano amiga de lo ajeno deje de actuar.
 
La Agencia Boliviana de Noticias, por su parte, informa de las nuevas denuncias de Evo Morales sobre la intervención y la injerencia de la CIA en su país, en particular sobre miembros del ejército boliviano. Después de expulsar al embajador norteamericano en La Paz por conspirar contra el gobierno democráticamente elegido por el pueblo y de depurar recientemente la cúpula de la petrolera YPFB, ahora le llega el turno a cortar de raíz la infiltración de la CIA en el aparato mñas sensible de poder del Estado, el ejército. Algo que, como ha dicho el propio Evo, “ no es para defender a Evo Morales, no es para defender a Alvaro García Linera (el vicepresidente boliviano), no es para defender al Gobierno, es para defender la patria”.
 
 
 
 
México. La Jornada
¿VIENEN LOS MARINES A INVADIRNOS?
Jaime Avilés
 
Vaya semana: mientras 5 mil soldados entraban a Ciudad Juárez y cometían las primeras desapariciones de civiles, cuyos familiares todavía no atinan a denunciarlas porque no saben si callando lograrán que se los devuelvan más rápido, llegaron a México, por una parte, el jefe del Estado Mayor Conjunto de Estados Unidos, Michael Mullen, la bellísima ex amante de Mick Jagger, Carla Bruni, casada ahora con el enano maligno que funge como presidente de Francia, y, por vía electrónica, persistentes declaraciones del director de Inteligencia del gobierno de Obama, Denis Blair, y del vicepresidente estadunidense, Joseph Biden.
 
Desde el pasado viernes –ayer se cumplieron ocho días–, cuando Michael Mullen se reunió en privado con los secretarios de Defensa y Marina, para exponerles la necesidad de realizar acciones conjuntas con los marines dentro de territorio mexicano –lo que en español responde al nombre de invasión militar–, en círculos políticos que manejan información privilegiada se rumoraba que de seguir la ola de asesinatos, secuestros y combates entre narcos, policías y soldados a cualquier hora del día, algunas ciudades, empezando por las fronterizas más candentes, serían declaradas en estado de emergencia, esto es, privadas de garantías individuales, con toque de queda, sin libertad de reunión, etcétera.
 
A demostrar la urgencia de aplicar tales medidas se dedicaron, toda la semana, desde Washington, Denis Blair y Joseph Biden. Este último, incluso, se jactó de que cuando los marines y el ejército colombiano combatieron juntos contra el cártel de Cali los resultados fueron excelentes. Si, tan excelentes que el narcotráfico de aquel país trasladó sus negocios al nuestro, donde ahora la mafia mexicana es la sexta más peligrosa del mundo y controla vastas extensiones del territorio nacional, pese a lo que diga Gómez Mont, que no controla ni su propia lengua (...)
LA JORNADA. 14-3-2009
 
 
 
 
 
 
 
Brasil. Adital
LA MANO INVISIBLE DEL MERCADO
Frei Betto
 
Desde niño tengo mis miedos, como todo el mundo. Primero era el miedo de ver a mi padre bravo, de verme obligado a comer rábano, de sacar cero en el examen de matemáticas. Miedo, bajo la dictadura, a verme arrollado por un auto policial. Miedo, bajo la lluvia pertinaz, de que mi chabola en la favela, situada al borde de un precipicio, fuese llevada por el agua.

Hoy colecciono otros miedos. Uno de ellos es el miedo a la mano invisible del Mercado. De lo invisible sólo no temo a Dios. Temo a las bacterias y a los extraterrestres. A las primeras las combato con antibióticos –término inapropiado, pues significa “contra la vida”, siendo que las inoculamos para favorecerla.

En cuanto a los extraterrestres, quedé más tranquilo al saber que la distancia más grande conseguida en el espacio por nuestra tecnología es alcanzada por las emisiones televisivas. Seguro que, al captarlas, los exploradores interplanetarios llegaron a la conclusión de que en la Tierra no hay vida inteligente…

Vuelvo a la mano invisible del Mercado. ¿Dónde la mete? Preferentemente en nuestro bolsillo. En especial el de los más pobres. Y es invisible porque es cínica, como todo delito practicado a escondidas. Por ejemplo el Mercado practica la extorsión al bolsillo de los más pobres a través de impuestos cargados a los productos y servicios. Todo podría ser más barato si no fuera por esa mano boba que se inmiscuye en lo que consumimos.

Ahora que el Mercado entró en crisis -pues el globo que infló estalló en su misma cara-, ¿dónde anda metiendo su mano invisible? La respuesta sí es visible: en el bolsillo del gobierno. En los EE.UU el Mercado, en los estertores de la administración Bush (de infausta memoria) metió mano a US$ 830 mil millones y ahora logró otros US$ 900 mil millones de la recién estrenada administración Obama. Todo para guardar esa fortuna en el bolsillo agujereado del sistema financiero.

Además, la mano invisible del Mercado desconoce los bolsillos de los ciudadanos. Viciada como está, siempre beneficia el bolsillo de los ricos. Es el caso del Brasil. Ante la crisis (y las próximas elecciones) el gobierno trata de anabolizar el PAC, de modo que la mano del Mercado pueda abastecer, y cuanto antes, el bolsillo de las constructoras de obras públicas y de las empresas privadas encargadas de dichas obras.

Ya lo advertía mi abuela: “¡Mire bien, niño, dónde pone esa mano!” Y me obligaba a lavármela antes de sentarme a la mesa. Pues bien, creo que la mano del Mercado es invisible porque nunca se lava. Al contrario, lava dinero sin lavarse de la suciedad que lo impregna. Es lo que deduzco al leer las noticias de que, en los paraísos fiscales, la liquidez de los grandes bancos fue asegurada, en los últimos años, gracias a los depósitos del narcotráfico.

La mano puede ser invisible pero sus huellas digitales no. Allí donde el Mercado pone su mano queda la marca. Sobre todo cuando retira la mano, dejando en el desamparo a millares de desempleados, tirados en la calle de la insolvencia, ahorcados en deudas astronómicas.

El Mercado es como un dios. Usted cree en él, pone su fe en él, lo venera, hace sacrificios para agradarlo, se siente culpable cuando da un paso en falso con relación a él -aunque sea de él la culpa, como en el caso de la compra de acciones que él vendió prometiendo fortunas y ahora esas acciones valen una nada.

Como un dios, sólo se le puede conocer por sus efectos: la Bolsa, el salario, la hipoteca, el interés, la deuda, etc. Se manifiesta por medio de su creación, pero sin dejarse ver ni localizar. Nadie sabe exactamente qué cara tiene o en qué lugar se esconde, aunque sea omnipresente. Hasta en la candela vendida a la puerta de la iglesia se hace presente. Y mete la mano, la famosa mano invisible, la temida mano invisible, esa mano más abominable que la de los tarados que se atreven a meterla debajo del vestido de la mujer de pie en el autobús.

Y de nada vale gritar: “¡Quite esa mano de ahí!” A pesar de que la mano invisible manipula descaradamente nuestra calidad de vida, privilegiando a unos pocos y asfixiando a la mayoría, nadie se libra de ella. Como es invisible, no se la puede cortar. Sólo queda una salida: cortarle la cabeza al Mercado. Pero ésa es otra historia. Hoy hablé de la mano. La cabeza queda para otro día
ADITAL. 10-3-2009
 
 
Bolivia. ABI
MORALES DENUNCIA CONTACTOS DE UN MILITAR BOLIVIANO CON LA CIA
 
El presidente Evo Morales denunció el sábado los contactos de la Central de Inteligencia de Estados Unidos (CIA, por sus siglas en inglés) con un militar boliviano, al que su gobierno, dijo, tiene bajolupa.

     Durante una visita al Círculo de Oficiales del Ejército (COE) en la exclusiva zona sur de La Paz, el Presidente certificó que "hay un suboficial en ejercicio que tiene contacto directo con la CIA".

    Morales no proporcionó el nombre del uniformado en cuestión, mas aseguró que "personalmente he decido hacer un seguimiento" a este nuevo caso de compra venta de información reservada y acciones deliberadamente contrarias al interés nacional.

    Morales, que este sábado entregó casi 40.000 hectáreas de tierras saneadas a indígenas guaranís en la zona de Alto Parapetí, en el sudeste de Bolivia, dijo que el caso de supuesto contacto entre un uniformado del Ejército boliviano y la CIA aún no lo conversó con el Alto Mando militar.

    Poco menos de un mes de denunciar al ex capitán de policías Rodrigo Carrasco de responder a la CIA en calidad de agente infiltrado en la estatal Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos, sumergida a su vez en una corruptela de proporciones, Morales dijo que la detección, identificación y procesamiento de agentes es un deber indeclinable.

    "Eso no es para defender a Evo Morales, no es para defender a Alvaro García Linera (el vicepresidente boliviano), no es para defender al Gobierno, es para defender la patria", arengó.

    El mandatario, que ha corrido al embajador estadounidense Philip Golberg en septiembre pasado, por coludirse, supuestamente, con la oposición para generar un quiebre institucional en Bolivia, y, ahora último, a un agente de esa misma legación diplomática, Francisco Martínez, por sospechas de conspiración, advirtió en tono bravío que "vender alguna información a agentes externos sería una gran traición a la patria".

    Morales volvió a pedir a las Fuerza Armadas y la Policía a "realizar un seguimiento interno y externo" de detección en sus filas.
AGENCIA BOLIVIANA DE NOTICIAS. 14-3-2009
 
 
 
 
 
 
Francia. Le Monde
EL PEZ ROJO Y LA HIPERINFLACIÓN
 
En menos de ocho meses, se ha perdido la confianza en casi todo. En los bancos y sus corredores, pero también en las Sicav monetarias, el inmobiliario, las Bolsas, Bernard Madoff, Alan Greespan, la capacidad de los mercados para autoregularse, las autoridades de control para supervisar, de los bancos centrales para prevenir las crisis o de los Estados para detenerlas. Se ha perdido la confianza asimismo en la industria, el automóvil, las finanzas, Wall Street, los Estados Unidos, Islandia, el secreto bancario suizo. En pocas palabras, en este sistema económico del que se sabía bien que estaba lejos de ser perfecto pero que al mismo tiempo, después de muchos decenios, producía siempre más riqueza y no cesaba de mejorar el bienestar de los habitantes del planeta.
 
Queda al menos una cosa en la cual se guarda hoy una confianza total; el papel moneda (...) Cuando el sistema financiero se derrumba alrededor de usted, nada más tranquilizador que el dinero contante y sonante (...) Pero esta confianza en la moneda podría no durar, empieza a sospecharse en todas partes.
 
El economista Patrick Artus teme que la crisis acabe por contaminar la credibilidad de la moneda y desemboque en un episodio de hiperinflación. Para el financiero norteamericano Warren Buffet “es cierto que lo que estamos a punto de hacer podría conducir a una fuerte inflación”. Él, que no tiene sólo el genio inversor sino que además posee fórmulas, explica que “en economía no hay comidas gratis. Habrá que pagar más tarde el menú que se aprestan a servirnos”.
 
Puede parecer un poco extraño y a destiempo evocar los riesgos de brotes inflacionista mientras por todo el mundo es la deflación –justo lo contrario– lo que hoy es una amenaza. Pero una fase de hiperinflación sería una consecuencia lógica y última del juego no de ganar, sino de no perder que constituye la crisis de las subprime. Un juego en el que (...) cada agente económico sobreendeudado se desprende de su deuda cargándola al agente siguiente: los hogares sobre los bancos, los bancos sobre los Estados, y los Estados, en fin, sobre los bancos centrales.
 
Y para hacer frente, estos últimos están hoy limitados a utilizar “herramientas no convencionales”, es decir, medios que las leyes de la economía prohíben. Los bancos centrales americano, japonés, británico, suizo compran directamente los préstamos que sus propios Estados lanzan para financiar los rescates bancarios y los planes de relanzamiento. Ellos meten también en su cartera una parte de los activos tóxicos de los bancos y compran títulos emitidos por las empresas. En definitiva, están monetizando las deudas. Públicas y privadas. Sin celos. La expresión académica "quantitative easing" de la que se sirven no debe engañar a nadie: los bancos centrales están utilizando las buenas y viejas planchas de imprimir billetes. ¿Hasta cuándo esta moneda creada en grandes cantidades y sostenida sobre activos de menor calidad continuará inspirando confianza? Que los ciudadanos empiecen a desconfiar y se abrirá de par en par la puerta para un episodio de hiperinflación y de “huida ante la moneda”.
 
 
En El Mundo de ayer. Recuerdos de un europeo, el novelista Stefan Zwig evocaba “este flujo y esta evaporación del dinero”, “este caos insensato, donde nadie sabe lo que cuesta un objeto” que conoció Austria al día siguiente de la primera guerra mundial. Cuando los precios se doblaban en 48 horas, cuando las planchas de billetes fabricaban “lo más posible de este dinero artificial” (...)
 
Pensamos que estamos libres del fuego de la hiperinflación, definida en 1956 por Cagan como una inflación superior al 50%. Antes de la crisis de las subprime, ningún economista –a excepción puede ser de algunos ultramonetaristas– no soñaba ni por un instante que pudiera reaparecer en los países industrializados. La razón era clara; la hiperinflación era un problema de los países pobres y no interesaba a casi nadie más que algunos expertos del FMI (...) Pero hoy, algunos empiezan a preguntarse seriamente si Occidente no va a conocer la suerte de Zimbabwe (...)
LE MONDE. 14-3-2009
 
 
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