Dimiten Quintana y la ejecutiva del BNG

Una buena noticia

Que el BNG recupere sus mejores tradiciones de un nacionalismo de izquierdas y progresista es el mensaje de los votantes gallegos el 1-M. La dimisión de Quintana es sólo el primer paso

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14-03-2009
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El viento popular por la unidad provocó un auténtico maremoto polí­tico en Galicia el 1-M. Apenas dos semanas después, y a medida que las olas se retiran, empiezan a verse con mayor claridad los destrozos causados y los cadáveres polí­ticos sobre la arena.
 Esta misma mañana, Quintana, ha presentado la dimisión de toda la Ejecutiva en la reunión del Consello Nacional (Efe)
Esta misma mañana, Quintana, ha presentado la dimisión de toda la Ejecutiva en la reunión del Consello Nacional (Efe)
El viento popular por la unidad provocó un auténtico maremoto polí­tico en Galicia el 1-M. Apenas dos semanas después, y a medida que las olas se retiran, empiezan a verse con mayor claridad los destrozos causados y los cadáveres polí­ticos sobre la arena.

Hace unos días informábamos en estas mismas páginas cómo Xose Manuel Beiras, histórico líder del BNG desplazado de la dirección por Anxo Quintana, había exigido la dimisión de la actual ejecutiva (de la que él mismo forma parte, pero en una posición marginal y minoritaria), un ejercicio de autocrítica por el desastre electoral y la refundación del BNG para volver a sus bases fundacionales progresistas, arrinconadas desde que Quintana abanderó un giro hacia el nacionalismo excluyente que el pueblo gallego rechazó en las urnas el pasado 1-M.
 
Esta misma mañana, Quintana, ha presentado la dimisión de toda la Ejecutiva en la reunión del Consello Nacional (el máximo órgano de decisión entre Asambleas), anunciando que no tiene intención de presentarse nuevamente para dirigir al partido en la Asamblea extraordinaria que se celebrará a principios del mes de mayo. Es una buena noticia. Para el BNG y para la izquierda gallega. Sin embargo, ¿es suficiente con esto?
 
En su intervención ante el Consello Nacional, Anxo Quintana ha planteado un esbozo de autocrítica en la que vuelven a aparecer todos los demonios internos del nacionalismo más excluyente.
 
Quintana y su línea han utilizado en sus 4 años de gobierno el idioma gallego como un elemento de confrontación, en una comunidad donde si en algo no había ningún problema, era precisamente en la convivencia entre los dos idiomas, el gallego y el español. Todo el mundo coincide en que está utilización de la lengua como elemento de división y confrontación –al estilo de la que hacen los sectores más radicales de  ERC en Cataluña o el nazifascismo vasco– ha sido uno de los factores determinantes en el varapalo electoral sufrido por el BNG.
 
Pues bien, para Anxo Quintana, el problema no está en su deriva hacia el nacionalismo excluyente, sino en la “evolución españolizadora” de las clases medias gallegas, “cada vez más distanciadas del proceso galleguizador del nacionalismo”. Cuando justamente lo que han rechazado los votantes es que se les quiera imponer lo “español” y lo “gallego” como dos cosas distintas y enfrentadas, como dos caminos opuestos y antagónicos en que hay que optar por uno y rechazar el otro. Jamás en la dilatada y a menudo brillante, muy brillante, tradición histórica del galleguismo se había planteado esto. 
 
Con la confrontación lingüística como bandera, Quintana ha ido echando por la borda el contenido de izquierdas y progresista del BNG para anclarlo en algunas de las posiciones del nacionalismo mas rancio. Y ahora le echa la culpa a la clases medias, las mismas que auparon en los años 90 el ascenso de un BNG comprometido con una política de defensa de los intereses de Galicia y de los gallegos, no frente a España, sino frente al desmantelamiento que la UE estaba propiciando –y lo sigue haciendo– en muchos de sus sectores más productivos.
 
La dimisión de Quintana y la actual ejecutiva es un primer paso en la buena dirección. Pero sólo un primer paso. Ahora Quintana ha dicho que es “el momento de la unidad y no de los personalismos”, en clara referencia a Beiras. Pero calla que fueron él y sus aliados de la UPG (Unión do Pobo Galego, una fuerza de la que estamos esperando, desde hace ya 20 años, una autocrítica, cuanto menos una explicación, por su incondicional alineamiento con el socialfascismo soviético en los años 70 y 80) quienes rompieron esa unidad interna acabando con la tradicional democracia asamblearia vigente en el BNG desde su fundación.
 
No se trata ahora de una cuestión de revanchas ni de personalismos. Sino de liquidar la hegemonía de una línea de nacionalismo excluyente que tan cara política y electoralmente le ha salido al BNG. Y de recuperar sus mejores tradiciones de una nacionalismo de izquierdas y progresista. Ese es el mensaje que los votantes gallegos han enviado en forma de maremoto.
 
 
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