Entre el desconcierto y la confusión

Es el momento de tomar la iniciativa

Es en los perí­odos de crisis donde los pueblos encuentran la oportunidad de protagonizar cambios importantes a condición que sepan organizarse en torno a una alternativa adecuada

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12-03-2009
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Si hay una imagen que define la actuación de los gobiernos de los paí­ses desarrollados ante la crisis, ésta es la que los describe situados a mitad camino entre el aturdimiento y los palos de ciego. Desde Obama hasta Merkel, desde Berlusconi hasta Zapatero, el desconcierto y la confusión se abaten sobre los principales gobiernos mundiales. La ignorancia acerca de como enfrentar y resolver la crisis es universal.
 (Efe)
(Efe)
Si hay una imagen que define la actuación de los gobiernos de los paí­ses desarrollados ante la crisis, ésta es la que los describe situados a mitad camino entre el aturdimiento y los palos de ciego. Desde Obama hasta Merkel, desde Berlusconi hasta Zapatero, el desconcierto y la confusión se abaten sobre los principales gobiernos mundiales. La ignorancia acerca de como enfrentar y resolver la crisis es universal.

Nadie tiene un diagnóstico mínimamente riguroso sobre la crisis y, en consecuencia, tampoco nadie dispone de un tratamiento adecuado. Improvisaciones por aquí, tanteos por allá, palos de ciego por todas partes,... Y, eso sí, miles y miles de millones de euros para intentar rescatar a un sistema financiero hundido en el caos y a punto de entrar en la insolvencia. Tras él, los grandes sectores industriales monopolistas reclamando también su cuota parte de rescate para tratar de salir del pozo en el que se encuentran.

En nuestro país, el desconcierto y la confusión alcanzan cotas máximas, tanto por la profundidad de una crisis que está revelando encontrarse apenas en sus inicios, como por la existencia de un gobierno extremadamente débil y sin rumbo.

Un día el ministro de Industria habla del coche eléctrico o de las bombillas de bajo consumo como la panacea de nuestros males, al siguiente el de Trabajo dice, de manera inverosímil, que las cifras del paro indican que tal vez el fin de la destrucción de empleo esté próximo. Y 24 horas después el jefe de ambos, el ministro de Economía, reconoce que la crisis puede prolongarse a lo largo de todo el 2010.
 
La oposición del PP, mientras tanto, anda enredada en resolver sus líos internos y defenderse de los ataques externos, sin proponer alternativa ni solución alguna que no sean apenas parches para una crisis que cabalga desbocada y amenaza ya con llegar a los cinco millones de parados.
 
¿Significa eso que no hay nada que hacer? ¿Qué estamos a merced de los acontecimientos?
 
En absoluto. Los momentos de crisis son momentos de dificultades, sí, pero también de oportunidades. Períodos de dureza y severidad, pero también de cambio.
 
Es en los períodos de crisis donde los pueblos encuentran la oportunidad de introducir cambios importantes en la correlación de fuerzas, de una forma favorable a sus intereses, a condición de que sepan organizarse y acumular fuerzas en torno a una línea y una alternativa correcta.
¿Existe hoy esa línea y esa alternativa en nuestro país?
 
Sí. En lo principal existe. Aunque a los trabajadores y a las clases populares corresponde desarrollarla y enriquecerla tomándola en sus manos. Pero cuyos fustes principales están bien definidos. Y constituyen, de conjunto, una respuesta popular y nacional a la crisis, una salida a la actual situación desde los intereses de la mayoría de la población y de las necesidades nacionales.
 
Una línea y una alternativa basada en 10 puntos concretos presididos por una redistribución de las rentas y una política de creación de riqueza y empleo.
 
Una escala salarial del 1 al 10. Nadie con un sueldo menor a 1.000 euros mensuales. Pero tampoco nadie con una salario superior a los 10.000 euros al mes.
 
Una escala impositiva para las rentas personales del 0 al 9. Que potencie el ahorro en las economías más modestas mientras hace pagar más a quienes más tienen y más se han beneficiado de la prosperidad de estos años pasados.
 
Un impuesto de sociedades sometido también a una escala del 1 al 10, fijado de acuerdo a la relación entre el capital y los beneficios, de forma que no se aplaste a los sectores más dinámicos, competitivos y con capacidad de generar mayor riqueza.
 
10 tipos de desgravaciones fiscales sobre los beneficios según el grado de reinversión productiva.

Recorte drástico en los gastos del Estado, tanto atajando inmediatamente su costoso y abundante despilfarro como simplificando y unificando la administración.
 
Establecimiento de una legislación estricta sobre la corrupción. Dirigida no sólo a encarcelar a los corruptos, sino a conseguir que devuelvan lo que han robado. Desplegando campañas de sensibilización social –como las de los accidentes de tráfico o el maltrato a mujeres– para denunciar, aislar y terminar con la corrupción y los corruptos.
 
Aliento y estímulo a la inversión de dos tipos. Tanto la destinada a la industria de artículos de amplio consumo, como la dirigida a aquellos sectores cualitativos y estratégicos en el desarrollo más avanzado de la creación de riqueza.
 
Transformación de la Cajas de Ahorro, como entidades sociales sin ánimo de lucro que son, en un instrumento financiero público de tipo confederal, centralizado por el gobierno y controlado y supervisado por los impositores, sus verdaderos dueños.
 
Poner todos sus enormes recursos financieros al servicio de la inversión productiva, del crédito a las pymes y las familias, de la I+D+I.
 
La diversificación de los mercados exteriores para acabar con la dependencia cautiva de unos pocos mercados de las grandes potencias europeas en que está encerrado nuestro sistema productivo.
 
Esta es sólo una primera aproximación a lo que constituye una alternativa para salir de la crisis, otro camino para enfrentarse a ella. De nosotros, de tomarla en nuestras manos y agruparnos en la lucha política para llevarla a la práctica, depende que se desarrolle con éxito.
 
 
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