Teatro

Trí­os

Ante la reapertura del Teatro Arenal y el estreno de "Baile. Sólo parejas" de Animalario.

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12-03-2009
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En contadas ocasiones se puede disfrutar de una concurrencia tan afortunada como la que reúne a la Compañí­a, la Obra y el Teatro que hoy nos ocupa. En contadas ocasiones se puede disfrutar de una concurrencia tan afortunada como la que reúne a la Compañí­a, la Obra y el Teatro que hoy nos ocupa.
La Compañía

            Animalario es un proyecto creado por los actores Alberto San Juan, Guillermo Toledo, Juan Mayorga, y Juan Cavestany en 1.996 con el objetivo de “contar historias teniendo al público de interlocutor, no sólo de espectador”. Desde entonces los chicos más traviesos del panorama teatral español se han encargado de animar el cotarro con propuestas transgresoras y, en ocasiones, de inevitable (e inevitada) polémica. Con una propuesta escénica que concibe el hecho teatral completamente alejado de encorsetamientos o restricciones de cualquier tipo, sus obras pueden y deben ser representadas en todos los espacios posibles con el fin de llegar a todos los públicos posibles. Buscan la comunicación con el espectador a través de su integración en lo contado. Cuentan “historias que hablen del mundo en que vivimos”. Viven en escena con la frescura de una improvisación a medio camino entre la Commedia dell´Arte y el Cabaret.berlinés.

La Obra

            En su camino Animalario ha paseado por ciudades y ciudadelas, calles y callejas, tablas y tablaos a un catálogo de personajes anclados en la más pura realidad social. Con Alejandro y Ana: todo lo que España no pudo ver del banquete de boda de la hija del presidente, consiguieron arrancar tantas risas a los espectadores como airados desplantes por parte de los caricaturizados. Argelino, servidor de dos amos recoge el texto clásico de Goldoni y lo transforma en un alegato contra la xenofobia y en favor de la integración. Urtain, apodo del mítico boxeador vasco, es un texto ácido y cruel que, golpe a golpe, noquea la propaganda franquista con que enmascaraba su política criminal encumbrando a estrellas del cine o del deporte; e igualmente deja fuera de combate al olvido con que luego esas estrellas fueron menospreciadas por una transición que pronto se alejó de personajes “políticamente incorrectos”.

            Baile. Sólo parejas se acerca nuevamente al público para formar dúo con él en una pista de baile donde las apariencias no engañan (como el algodón) y todo es absoluta y encantadoramente normal. Las aspiraciones de los personajes de convertirse en paradigmas de la “normalidad” chocan de manera frontal con los aspectos más naturales del ser humano: la solidaridad, la bonhomía, la sencillez. A través de varias piezas los protagonistas buscan una uniformidad que les permita la ansiada “integración social” a la que aspira todo aquel que desee ser alguien en la Sociedad actual. A lo largo de las representación se irán incorporando, cada dos semanas, actores invitados y textos nuevos. Una propuesta abierta y muy interesante para reinaugurar el Teatro Arenal.

El Teatro

            El Arenal nació como espacio escénico llamándose inicialmente Teatro María Cristina allá por 1.924. Durante los años 20 alcanzó gran fama como lugar de estreno de lo más granado de la escena nacional e internacional. El propio presidente de la II República, D. Manuel Azaña, estrenó también alguna obra. Llegó a ser referente de la cultura europea más vanguardista hasta la llegada de la Guerra Civil en que, gestionada por los milicianos, se transforma en Teatro de variedades. Mas tarde, cuando España pierde la Guerra, se convierte en el Cine Pléyel hasta la llegada de la Democracia. Tras varios intentos de reflotarlo con una incongruente programación, hoy el histórico Teatro del Arenal renace de sus cenizas con el objetivo de reunir literal y figuradamente a la profesión teatral en una iniciativa de recuperación de un Teatro audaz e inconformista.

            Llevamos varias décadas de apatía en unas Salas alternativas que, en Madrid al menos, prácticamente desde los años 80 no reflejan en sus programas aquello que anuncian, alternativa. Más bien se ha llenado, salvo honrosas excepciones, de propuestas comerciales que han alejado, más que nada, al público de las butacas. Tal vez el problema no fueran los actores, ni los productores, ni las gerencias de las salas en cuestión. Quizás el inconveniente consista en la falta de un pensamiento alternativo en un mundo uniformado y de pensamiento único que abate las conciencias.

En este contexto la promesa de Animalario y del Teatro Arenal nos parece muy valiosa. Nos felicitamos y acudimos al encuentro con una gran expectación. ¡Mucha mierda, compañeros!
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