Los paraí­sos fiscales en el punto de mira

La cuarta parte del PIB mundial en los paraisos fiscales

Los paraí­sos fiscales constituyen un sector de los mercados financieros globales, con la ventaja competitiva de la opacidad, y forman parte de la banca en la sombra que los gobiernos han respetado al concederles ayudas y avales a los bancos en dificult

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12-03-2009
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El Fondo Monetario Internacional (FMI) reconoce que por las cuentas de esos espacios sin impuestos y cerrados a cal y canto para el control fiscal pasan aproximadamente la mitad de los flujos financieros internacionales. El Fondo Monetario Internacional (FMI) reconoce que por las cuentas de esos espacios sin impuestos y cerrados a cal y canto para el control fiscal pasan aproximadamente la mitad de los flujos financieros internacionales.
El diccionario de la Real Academia Española habla de blanquear como la acción de "ajustar a la legalidad fiscal el dinero procedente de negocios delictivos o injustificables".

La definición legal lo califica como la "adquisición, utilización, conversión o transmisión de bienes procedentes de actividades delictivas". Blanquear dinero procedente de actividades ilegales es la actividad más destacada de unos 48 paí­ses en todo el mundo, los denominados paraí­sos fiscales.

Los paraí­sos fiscales constituyen un sector de los mercados financieros globales, con la ventaja competitiva de la opacidad, y forman parte de la banca en la sombra que los gobiernos han respetado al concederles ayudas y avales a los bancos en dificultades.

En la larga etapa de crecimiento económico y finanzas globalizadas, esta operativa paralela permití­a, en primer lugar, desvincular del banco matriz la propiedad de los activos financieros negociados mediante vehí­culos en los paraí­sos fiscales offshore. Así­ se gestionaba toda clase de operaciones opacas fuera de la contabilidad oficial de la banca con el fin de sortear la supervisión de los bancos centrales, con el catastrófico resultado final.

La banca en la sombra, responsable de la especulación y de las burbujas financieras e inmobiliarias en los años anteriores a la crisis, según los analistas crí­ticos, habrí­a producido la mitad del nuevo crédito generado en los EEUU; y la financiación de esos instrumentos innovadores ligados a centros offshore, que obtení­an efectivo barato a corto plazo, alcanzaba el pico de los 1,2 billones de dólares en el verano de 2007, mientras que en años anteriores habí­a oscilado entre los 600 y los 700.000 millones (Financial Times, 16-12-2007).

El Fondo Monetario Internacional (FMI) reconoce que por las cuentas de esos espacios sin impuestos y cerrados a cal y canto para el control fiscal pasan aproximadamente la mitad de los flujos financieros internacionales. Acumulan entre 11 y 13 billones de euros en conjunto, aunque estas estimaciones se hacen siempre a la baja por la dificultad de conocer al detalle su cuantí­a. Pero aún con estimaciones a la baja suponen la cuarta parte del PIB mundial.

El argumento es claro. Nunca antes se habí­a echado tanto de menos la pérdida de ingresos fiscales como ahora. Cuando, desde la banca hasta la industria de la automoción, el dinero público se ha convertido en un salvavidas frente a la crisis. La cumbre del G-20 que se celebrará en Londres en abril va a incluir en su agenda con el problema de los paraí­sos fiscales. El español Rodrí­guez Zapatero, el francés Nicolas Sarkozy, la alemana Angela Merkel o el británico Gordon Brown, son algunos de los principales lí­deres polí­ticos en la cruzada contra el offshore.

La banca mundial cuenta con una legión de sociedades opacas. El diario británico asegura que Royal Bank of Scotland dispone de 238 o que Lloyds Bank tiene 125. En Estados Unidos, Citigroup, que ha sobrevivido gracias a dinero público, cuenta con 400 compañí­as. La banca española también las tiene, aunque en menor medida.

Cinco de los seis principales bancos españoles, Santander, BBVA, Popular, Banco Sabadell y Banesto contaban al cierre de 2007 con participaciones en sociedades que tienen su domicilio en paraí­sos fiscales, según Europa Press.
Santander participa en el capital de 19 filiales, excluidas las de Abbey. BBVA tiene tres sucursales en Caimán y una en las Antillas Holandesas, además del BBVA Panamá.

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