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Vidas Imaginarias

Borges se inspiró en este singular libro de Marcel Schowb para escribir su "Historia universal de la infamia"

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11-03-2009
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Marcel Schowb (1867-1905) pertenece a esa pequeña cofradí­a de escritores que detestan la fama, escriben sin un afán deliberado de encontrar notoriedad e inicialmente sólo son leí­dos, conocidos y apreciados por un pequeño cenáculo de lectores, que crean en torno a su obra una especie de "culto" secreto y lleno de devoción. Uno de esos "adeptos" a Schow fue Borges, que seleccionó su obra "Vidas Imaginarias" para su peculiar "Biblioteca personal". En el prólogo a la misma, Borges reconoce su "deuda" con él. Marcel Schowb (1867-1905) pertenece a esa pequeña cofradí­a de escritores que detestan la fama, escriben sin un afán deliberado de encontrar notoriedad e inicialmente sólo son leí­dos, conocidos y apreciados por un pequeño cenáculo de lectores, que crean en torno a su obra una especie de "culto" secreto y lleno de devoción. Uno de esos "adeptos" a Schow fue Borges, que seleccionó su obra "Vidas Imaginarias" para su peculiar "Biblioteca personal". En el prólogo a la misma, Borges reconoce su "deuda" con él.
“Como aquel español que por virtud de unos libros llegó a ser “don Quijote” –dice Borges–, Schowb, antes de envejecer y enriquecer la literatura, fue un maravillado lector. Le tocó en suerte Francia, el más literario de los países. Le tocó en suerte el siglo XIX, que no desmerecía del anterior. De estirpe de rabinos, heredó una tradición oriental que agregó a las occidentales. Siempre fue suyo el ámbito de las profundas bibliotecas. Estudió el griego y tradujo a Luciano de Samosata. Como tantos franceses, profesó el amor a la literatura de Inglaterra. Tradujo a Stevenson y a Meredith, obra delicada y difícil. Admiró imparcialmente a Whitman y a Poe. Le interesó el argot medieval, que había manejado François Villon. Descubrió y tradujo la novela “Moll Flanders”, que bien pudo haberle enseñado el arte de la invención circunstancial.

 
Sus “Vidas Imaginarias” datan de 1896. Para su escritura inventó un método curioso. Los protagonistas son reales; los hechos pueden ser fabulosos y no pocas veces fantásticos. El sabor peculiar de este volumen está en ese vaivén.

En todas partes del mundo hay devotos de Marcel Schowb que constituyen pequeñas sociedades secretas. No buscó la fama; escribió deliberadamente para los “happy few”, para los menos. Frecuentó los cenáculos simbolistas; fue amigo de Rémy de Gourmont y de Paul Claudel.

 
Hacia 1935 escribí un libro candoroso que se llamaba “Historia universal de la infamia”. Una de sus muchas fuentas, no señalada aún por la crítica, fue este libro de Schow.

Las fechas de 1867 y de 1905 abarcan su vida.”
 
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