El Observatorio

Circo mediático

La prensa rotula cada mañana sus portadas con una mirí­ada de "escándalos" para tapar, desvergonzadamente, el verdadero escándalo: el que protagonizan la banca y el gobierno ante la crisis

0
0 votos
11-03-2009
Publicidad
Desde hace unos meses (o más exactamente, desde que la crisis mostró su perfil más agudo y dramático, con una media cercana a los 200.000 nuevos parados cada mes y una cascada imparable de quiebras y cierres de empresas, a las que la banca ha cerrado el grifo del crédito mientras ella recibe constantes ayudas del Estado), la prensa española, o con más precisión, las principales cabeceras de la prensa española, desde El Paí­s al ABC, desde El Mundo a Público (es decir, sin diferencias de color polí­tico) vienen montando un descarado "circo mediático" de escándalos de medio pelo, tan ruidosos como insustanciales, con un objetivo común: minimizar, ocultar y desviar la atención del verdadero escándalo nacional: la actuación de la banca y del gobierno ante la crisis. Desde hace unos meses (o más exactamente, desde que la crisis mostró su perfil más agudo y dramático, con una media cercana a los 200.000 nuevos parados cada mes y una cascada imparable de quiebras y cierres de empresas, a las que la banca ha cerrado el grifo del crédito mientras ella recibe constantes ayudas del Estado), la prensa española, o con más precisión, las principales cabeceras de la prensa española, desde El Paí­s al ABC, desde El Mundo a Público (es decir, sin diferencias de color polí­tico) vienen montando un descarado "circo mediático" de escándalos de medio pelo, tan ruidosos como insustanciales, con un objetivo común: minimizar, ocultar y desviar la atención del verdadero escándalo nacional: la actuación de la banca y del gobierno ante la crisis.
Cuando uno acude cada mañana al kiosko a por la prensa, a sabiendas de que el planeta entero está inmerso en la mayor crisis económica desde 1929 y que, dentro del planeta, España es uno de los países donde la sacudida sísmica está siendo –en algunos aspectos, como el empleo– más destructiva que en el resto, espera encontrarse las portadas de los diarios volcadas sobre ese tema, crucial ahora mismo para la vida de los españoles.
 
 
Pero no. Lo que se encuentra son, un día sí y otro también, titulares de grueso calibre –es decir, los que se suelen reservar para dar los grandes sucesos– con una caterva insustancial de noticias y escándalos, de polémicas y denuncias, típicas del juego sucio y trapacero de la política burguesa, que se airean a todo trapo como si en ellas nos fuera la vida a todos.
 
 
Por citar sólo algunas de las “grandes noticias” que han copado las portadas de los diarios en los últimos meses podríamos citar las siguientes: si en la Comunidad de Madrid los partidarios de Esperanza Aguirre han estado espiando a los de Gallardón, o viceversa; si todos los asistentes a la boda de Agag y la hija de Aznar eran unos “chorizos” involucrados en una trama de corrupción ligada más o menos al PP; las cacerías de los fines de semana de un ministro sin licencia y un magistrado al que se le olvidó que había cobrado 200.000 euros en unas conferencias en Nueva York; el sastre del presidente de la Generalitat valenciana y quién paga sus facturas; el colchón de un alcalde corrupto de un pueblo de Málaga y lo que había dentro; si los muebles del despacho de Touriño eran o no de diseño... Y estos últimos días, hemos visto incluso a Pedro J. resucitar los “agujeros negros” del 11-M, aquella intoxicación que vendió tantos periódicos durante años para luego acabar llevando la “investigación paralela” a un previamente decidido callejón sin salida.
 
 
Como se puede comprobar: Todo del máximo interés, Todo noticias vitales para la vida de los españoles.
 
 
Cuando explotó la crisis, tras reunirse previamente con la banca y adoptar el mayor plan de rescate de Europa occidental (250.000 millones de euros, para un país cuyo PIB es un tercio del de Alemania o diez veces inferior al de EEUU), Zapatero y De la Vega se reunieron con los máximos responsables de los principales medios de comunicación del país. Entonces, y con la mayor discrección –y el mayor descaro, por qué no decirlo–, el presidente y la vicepresidenta del gobierno “exigieron” a los medios que actuaran de una manera “responsable” y que informaran “sin alarmismo”, que no alentaran el “catastrofismo” ni se dedicaran a “fomentar el pesimismo”: es decir, que al igual que ellos habían hecho durante la campaña electoral, taparan la crisis, en la medida de lo posible, con un manto de silencio y otro de  distracción. A cambio, se comprometieron a estudiar posibles ayudas de Estado para un sector que ya comenzaba a sentir en sus propias carnes los embates de la crisis.
 
 
A no dudarlo que los medios han cumplido, y con creces, su parte del contrato. El “circo mediático” que nos asalta en los kioskos por la mañana es cada día más completo: equilibristas, tragasables, domadores, payasos... salen a escena un día sí y otro también para divertir, consolar y hacer reír o llorar al atribulado auditorio, que así olvida por unos momentos sus miserias cotidianas. Con lo que es de esperar que, muy pronto, y si queda algo en la caja, Zapatero cumpla con su parte del trato y anuncie un paquete de ayudas a los medios: ¡No va a ser un espectáculo gratuito!
¿Qué te ha parecido el artículo?
Publicidad